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Los riesgos que involucra la escalada en la Crisis entre Grecia y Turquía

La crisis entre Grecia y Turquía va escalando de manera peligrosa, que podría desembocar en un conflicto armado limitado, pero que puede involucrar a otros actores y complejizar la situación en Oriente Medio y el Mediterráneo, pero antes de iniciar el análisis, y como es mi costumbre, esbozaré brevemente el marco histórico que han delineado las relaciones entre estos dos países.

Para finales del Siglo XV, el Imperio Otomano se había hecho con la ocupación de casi todo el territorio griego en los Balcanes y de la mayoría de las islas en el Mar Egeo, a excepción de Chipre y Creta, que estuvieron bajo control del Gran Ducado de Venecia hasta 1571 y 1670 respectivamente, hasta que recién en 1864 fueron unificadas a Grecia, previo pasar por manos francesas y británicas sucesivamente.

Si bien la población de origen griego que habitaba tanto en Constantinopla, hoy Estambul, como en la islas vivieron con prosperidad, no fue lo mismo para la población que habitaba en las regiones de Tracia, Macedonia y el resto del territorio continental griego actual, pues si bien el Sultanato reconocía al Gran Patriarca de la Iglesia Cristiana Ortodoxa Griega, y no buscó islamizar a la población helena, si estaba sujeta a la discriminación como súbditos de segunda clase y al pago de fuertes impuestos.

Con la llegada del Siglo XIX, más precisamente a partir del 1820 y hasta 1848, se dieron tres oleadas de revoluciones que sacudieron a Europa y también a una parte del Imperio Otomano, algunas tuvieron objetivos políticos, como ser obtener una Carta o Constitución, y otras fueron motivadas por los sentimientos nacionales y entonces el fin era la independencia, tal como sucedió con los griegos, que tras una guerra contra el ya decadente Imperio Turco, y con el apoyo de potencia europeas, como Francia y el Imperio Británico, en 1830, firmado el Protocolo de Londres, es reconocida internacionalmente a Grecia como estado soberano e independiente.

Pero, los conflictos entre Grecia y el Imperio Otomano no se detuvieron ahí, pues ya a principios del Siglo XX, entre 1912 y 1913, estallaron dos conflictos armados, el primero una alianza conformada por Grecia, Serbia, Bulgaria y Montenegro derrotaron a los turcos recuperando la totalidad de los Balcanes y la península Helénica, a excepción del pequeño territorio europeo de los estrechos que aún hoy es parte de Turquía, y en el segundo, la alianza de Grecia, Serbia, Rumania y Montenegro contra la Gran Bulgaria, tras el cual quedaron conformadas las fronteras de los Estados involucrados, incluyendo al Imperio Turco, tal como existieron hasta el estallido de la 1ª. G.M..

En este conflicto mundial, Grecia ingresó recién en 1917 uniéndose a la alianza liderada por Gran Bretaña, Francia y los EE.UU., contra los Imperios Centrales, el Alemán, el Austrohúngaro y el Turco, y tras finalizar el mismo, Grecia intentó anexar territorios en Asia Menor donde había mayoría de población griega, lo que originó la guerra entre Turquía y Grecia entre 1919 y 1922, y en donde los griegos resultaron derrotados, y tras la firma del Acuerdo de Lausana, en 1923, se dio el intercambio y reubicación de poblaciones griegas y turcas en sus respectivos territorios, pero durante el conflicto ocurrió lo que se conoce como el “genocidio de los griegos pónticos”, en el que fueron asesinados casi medio millón de griegos a mano de los turcos.

Para tener una idea del decrecimiento de la población de origen griego en el otrora Imperio Otomano y la actual Turquía, en Estambul para el año 1900 vivían unos 300 mil helenos y según el censo del 2001, sólo 3.000 aún habitan en aquella ciudad.

Durante la 2da. G.M., Grecia fue ocupada por tropas italianas y alemanas, estas últimas procedieron a deportar a miles de judíos griegos a los campos de exterminio y a imponer una brutal represión contra el resto del pueblo heleno, mientras que Turquía mantuvo su neutralidad durante este conflicto.

Como se ha señalado, las relaciones entre Grecia y Turquía se han caracterizado por ser tensas, sólo se apaciguaron los recelos en ocasión del terremoto del año 1999, que afectó a ambos países, mejorando temporariamente las relaciones entre ambos, pero esto no ha bastado para superar ese pasado conflictivo.

Esto ha quedado evidenciado recientemente, el 20 de agosto ppdo., cuando se encontraron en aguas del Mar Mediterráneo, cerca de la costa oriental de Chipre, dos fragatas misilísticas, una griega y la otra, turca, de manera peligrosa, y acto seguido se desplazaron dos naves de guerra francesas a apoyar al navío griego, y seis días después Atenas anunció el inicio de maniobras conjuntas de su armada y las de Francia y Chipre en el Mediterráneo oriental, a lo que Ankara respondió con tareas similares con dos fragatas, acompañadas por un destructor de los EE.UU., pasando en limpio, tres socios de la OTAN se hallan enfrentados.

¿Pero cual es el motivo de esta crisis entre Grecia y Turquía?, la causa son los yacimientos de gas natural en el Mediterráneo oriental, un sector que se encuentra en ese espacio insular que perdió Turquía por el ya mencionado Acuerdo de Lausana de 1923, y que desde entonces Atenas y Ankara se disputan esa zona económica exclusiva entre las islas griegas y la costa turca.

Entre las aquellas islas, no se puede dejar pasar en relación a los enfrentamientos entre estos dos actores, el conflicto en Chipre, donde para 1960 se inició un conflicto armado entre las poblaciones grecochipriotas y turcochipriotas, apoyadas por Grecia y Turquía respectivamente, y que dio lugar a la intervención de la ONU y a la partición de la isla tras ocupación turca de una parte de la misma en 1974, convirtiéndose en un “conflicto congelado”, pero latente y que sigue una dinámica paralela a la escalada de la actual crisis, con un ingrediente, en el 2004 el Estado grecoparlante chipriota se sumó a la U.E., lo que sin dudas ha afectado las relaciones entre Turquía y el bloque europeo, y otro caso que traigo a la memoria, fue en 1996, con la ocupación de una isla griega deshabitada en el Mar Egeo por fuerzas anfibias turcas que puso a ambos países al borde de la guerra.

Ya a principio del presente siglo, la U.E., ratificó las fronteras marítimas actuales que reivindica Grecia, pero al llegar al gobierno el partido AKP del actual presidente turco Recep Tayyip Erdogan, solicitó formalmente la revisión de los términos de los Acuerdos que fijan aquellas fronteras, a lo que Atenas ha respondido, que no sólo reconoce los actuales límites, sino que la posición asumida por Ankara es producto de su visión expansionista, propia del Neo-otomanismo.

Esta visión turca, también se ve reflejada en el Acuerdo firmado entre el gobierno de Libia reconocido por la ONU y Ankara, por el cual se otorga a Turquía los derechos de explotación de los RR.NN. en el Mediterráneo oriental, entre las islas de Creta y Rodas, ambas de soberanía griega, y esto motivó las protestas de Atenas y de Nicosia, a lo que la U.E. respaldó, pero este no es el único revés a las apetencias de Turquía, ya que en el 2019, los EE.UU. fijaron su posición, respaldando a Grecia, incluso envío parte de las naves de su 6ta. flota a los sectores en disputa, y levantó el embargo de armas que pesaba sobre Chipre, y hace pocos meses, los navíos de la flota estadounidense acompañaron al buque de perforación del grupo Exxon-Mobile, que provocó que la Oruc Reis, nave turca de análoga función a la de la empresa mencionada, se retirara.

Ahora veremos como esta crisis greco turca, se va haciendo más compleja e involucra a terceros países, en principio Egipto y Grecia firmaron en enero de este año un Acuerdo para la explotación de gas natural en el Mediterráneo oriental, que se contrapone con el ya señalado Acuerdo entre Libia y Turquía, pero acá no terminan los problemas, Grecia, Chipre, Israel, Italia y Jordania se han unido en el Foro del Gas para el Mediterráneo oriental o FGMO, que a su vez cuenta con el aval de los EE.UU., y del que ha quedado excluida Turquía, y como si esto no fuera poco, Emiratos Árabes Unidos se ha declarado a favor de Grecia y en contra de la política de Ankara respecto al apoyo que presta a grupos yihadistas radicales, y si recuerdan mi columna en relación al conflicto en Libia, tanto Egipto como E.A.U., apoyan a la facción rebelde representada por el Ejercito Nacional Libio, con sede en Bengasi, mientras que Turquía hace lo propio por el gobierno de Trípoli, y ni hablar de las tensas relaciones entre en Jerusalén y Ankara, una crisis diplomática israelí turca que ha ido creciendo ya desde aquel foro de Davos en el 2009, con la posición asumida por Erdogan respecto a la llamada causa palestina, en definitiva, la visión y el intento de poner en práctica su estrategia neo-otomana, parece poner a Ankara entre la espada y la pared, más allá de las declaraciones del mandatario turco de llevar la cuestión del Mediterráneo Oriental al Tribunal Internacional de La Haya.

En la situación actual, la U.E. como mediador en la crisis descripta no la tiene nada fácil, pues por un lado se encuentra amenazada, por no decir extorsionada por Turquía, si Ankara renuncia al Acuerdo sobre Refugiados y abre sus puertas a una migración masiva hacia el espacio europeo, pero por otro lado, Bruselas no puede dar la espalda a Grecia y a Chipre que son miembros del bloque comunitario.

Es así, que se abren las posibilidades que la presente crisis, puedan desembocar, en un conflicto armado limitado entre Grecia y Turquía, con tres teatros de operaciones, el primero en la región de Tracia, en el límite norte de Grecia con el territorio turco en Europa, primordialmente en choques terrestres de ambos bandos, el segundo casi exclusivamente naval en el Mar Egeo y el tercero en Chipre y el ámbito marítimo circundante.

La otra posibilidad, descartado el conflicto armado, sería que los miembros del FGMO aceptaran el ingreso a Turquía al foro, aunque esta solución sería de corto plazo, pero más positivo y duradero estaría en la conformación de un foro internacional de negociaciones sobre los derechos marítimos en aquel sector del Mediterráneo Oriental, mientras tanto, se ha programado dentro del ámbito de la U.E., una reunión para el 24 y 25 de septiembre del Consejo Europeo, en donde Francia, a través de su ministro de RR.EE., Jean Yves Le Drian, ha declarado la posibilidad de sancionar a Turquía, una posición dura que por el momento no ha tenido demasiado seguidores entre el resto de los miembros de la comunidad europea, pese a que el responsable de la política exterior del eurobloque, Joseph Borrell se inclina por la postura gala.

Lo concreto por ahora, y finalizando mi columna de hoy, la crisis sigue escalando, agregando un factor de fricción más en una región que navega entre esperanzadores procesos de paz y el accionar terrorista y visiones hegemónicas.

Por el profesor Luis Fuensalida.

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