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En memoria de Manuel Tenembaum

Por: Egon Friedler

En las primeras décadas del siglo pasado y hasta aproximadamente mediados de siglo, el idish fue el idioma de la mayoría de los judíos del Uruguay provenientes del Este de Europa. Hubo dos diarios en idish, audiciones radiales en ese idioma, vinieron con frecuencia de la Argentina y de otros países, cantantes y conjuntos de teatro en idish. También vinieron oradores de fuste de distintas tendencias y orientaciones. Entre muchos otros, recuerdo especialmente a Zerubabel, seudónimo de un fogoso líder del idishista movimiento Poalei Zion Smol que más tarde se fusionó con el partido obrero israelí MAPAM y a Itzjak Grinbaum, que fue diputado judío en el Seim polaco y más tarde llegó a ser el primer Ministro del Interior del flamante Estado de Israel. Pero si bien hubo artistas de teatro y cantantes en idish nacidos en el continente, no hubo grandes conferencistas y oradores en este idioma. La gran excepción fue Manuel Tenenbaum, hijo de padres inmigrantes judíos polacos. Sin embargo, debido a la gradual desaparición del idish de la vida pública judía, la mayor parte de su actividad intelectual e institucional se desarrolló en español.

Manuel Tenenbaum nació en Montevideo en 1934 y desde muy joven evidenció un talento singular para la oratoria, que desarrolló en el marco de su militancia en el movimiento sionista. Integró el movimiento juvenil Dror ligado al laborismo israelí y en su representación fue Presidente de la Federación Juvenil Sionista. Asimismo fue electo primer presidente del Consejo de la Juventud Judía Latinoamericana y en ese carácter viajó como delegado a un congreso sionista en Israel. Paralelamente a su actividad institucional estudió Profesorado de Historia en el Instituto de Profesores “Artigas” y realizó una fecunda labor docente durante muchos años. Entre 1972 y 1974 fue Presidente de la Benei Berith del Uruguay y entre 1976

En 1972 y 1974 fue presidente de la Benei Berith del Uruguay y entre 1976 y 1978 ocupó la presidencia del Comité Central Israelita. Con esta última investidura viajó en 1977 a una reunión internacional del Congreso Judío Mundial en la que su oratoria en idish deslumbró a los delegados y al recientemente electo nuevo Presidente del Congreso Judío Mundial, Philip Klutznick. Precisamente en ese momento, estaba por retirarse de la dirección del Congreso Judío Latinoamericano Marc Turkow y Philip Klutznick buscaba un sucesor. Después de oír a Manuel Tenenbaum no le quedaron dudas : Él era su hombre. La llegada de Manuel Tenenbaum a Buenos Aires para dirigir la oficina del Congreso Judío Latinoamericano fue una bendición para la comunidad judía argentina. Su antecesor, Marc Turkow, un reconocido periodista en idish, hizo mucho por la difusión de la cultura judía tanto en idish como en español, pero era un hombre de mucho carácter y sumamente conflictivo. Manuel Tenenbaum, en cambio, era “un extremista de la moderación”, y siempre fue la diplomacia en persona. Se convirtió no solo un moderador natural de disputas institucionales sino en un hombre de consulta imprescindible para el liderazgo judío argentino. Durante treinta años estuvo a cargo de la coordinación de las actividades del Congreso Judío Latinoamericano desde Buenos Aires lo que le permitió conocer de cerca los problemas de las distintas comunidades y a menudo entrevistar a los presidentes y mandatarios del continente. Al mismo tiempo, desarrolló una intensa actividad como conferencista. Pronto su prestigio trascendió los marcos de la comunidad y comenzó a ser invitado por facultades e institutos académicos de distinto carácter. En una ocasión, incluso tuvo una invitación de “alfombra roja” del gobierno de España para un foro al que se le dio una particular importancia política y cultural. En sus treinta años de desempeño al frente del Congreso Judío Latinoamericano recibió muchos reconocimientos, premios y honores de todo tipo tanto en Argentina como en Israel. Cuando se jubiló en 2007 fue objeto de un gran homenaje. Manuel Tenenbaum se casó con una joven estudiante de medicina brasileña en los años en que era profesor de Historia en colegios judíos en Montevideo. Vivieron unos años juntos y luego se separaron. En los primeros años de su actividad al frente de la oficina del Congreso Judío Latinoamericano, se produjo un feliz reencuentro con la ahora prestigiosa médica radicada en Río de Janeiro y según me contaba Manuel, solían reunirse ocasionalmente en Río y con mayor frecuencia en Buenos Aires. Asimismo viajaron juntos a Israel donde está radicada la mayor parte de la familia de ella, muy religiosa y aferrada a la ortodoxia. Manuel, en cambio, no tuvo familiares en la mayor parte de su vida. Sus padres y su única hermana fallecieron en el Uruguay y la familia de sus padres sucumbió íntegra en el Holocausto.En Buenos Aires dejó su cargo en el año 2007 pero igual era requerido por organismos comunitarios y para el Congreso siguió siendo un valioso hombre de consulta. Por lo tanto, pese a su retiro, no le faltaron actividades en Buenos Aires. Con ello, durante los últimos años, solía venir a Montevideo, una vez al mes quedándose por períodos variables. Nos reuníamos regularmente a tomar un café en el Oro del Rhin en el Shopping de Punta Carretas y discutíamos los problemas internacionales, la situación de Israel y el Medio Oriente y otros temas de la vida judía. Era un lector incansable y se concentraba en temas de historia y diplomacia, particularmente del siglo XX. Era inteligente y agudo, pero a veces también muy apasionado. Generalmente teníamos más acuerdos que discrepancias, pero aún discrepar con él era muy interesante. Uno de los temas no resueltos que deberemos seguir discutiendo en el más allá es : ¿ Hasta qué punto vale la pena seguir discutiendo con quienes por dogmatismo, intereses o miedo inconfesable e inconfesado eligen la posición de los enemigos de Israel?

Manuel Tenenbaum era de esos seres que dejan una profunda huella en el marco en que actuaron. Sus conferencias fueron formativas para más de una generación. Su desaparición física es motivo de un profundo dolor para quienes tuvimos el privilegio de ser sus amigos. Para nuestra comunidad y para el judaísmo de América Latina constituye una pérdida irreparable. Manuel era un ser insustituible.

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