Documentos que lucen como hojas de otoño
Irán y Estados Unidos exclaman hoy en día que el Memorándum de Entendimiento es un documento muy serio y vigente. Quizás lo leímos mal o hay, como ya dijimos en esta columna, cláusulas no públicas que hacen que varios días de bombardeos mutuos incluyendo ataques de Irán a Bahrein y otros Estados árabes parezcan que están dentro de ese extraño MOU. La realidad es que Estados Unidos buscó resultados económicos inmediatos y que Irán ni se acuerda lo que firmó porque lo que le importa no está sobre papel, muy particularmente su recuperación militar y obtener armas nucleares rápidamente. Este triste y cada vez más peligroso fracaso del multilateralismo y del bilateralismo, que ni los propios signatarios son capaces de responder cómo piensan o creen que se va a implementar, no excluye que se siga intentando firmar documentos.
¿Pueden hacer algo ejecutivo y tangible las Naciones Unidas, la Unión Europea o la Liga Arabe para que Irán no sólo no agreda a los civiles de Kuwait o Bahrein argumentando que sus intereses han sido atacados y que se está defendiendo? Obviamente que no. Entonces la disputa se centra entre Estados Unidos e Irán, los firmantes del MOU. Y en estos días se sientan en Doha (siempre Catar, eso es infalible) para “discutir la implementación del MOU”. Y sí, ni el punto 1 del memorándum ha sido implementado porque como declaró esta semana el vocero de la Cancillería iraní Ismail Baghaei “…nosotros responderemos todas las agresiones y cada ataque contra los objetivos de Irán tendrá una contundente e inmediata respuesta”. Lo que no dice el vocero de los Ayatollas es que hasta ahora es al revés: Irán ataca tropas de Estados Unidos y Estados Unidos responde a las agresiones. Siendo así, es difícil adivinar cómo llegarán al punto 14 del MOU si no pueden ni aplicar la primera oración.
Sin embargo, a pesar del contexto, y como lo mencionamos hace instantes, hay otros documentos que se han firmado en estos días. El que es presuntamente más trascendente, refiere al acuerdo entre Israel y Líbano. No es un memorándum sino un compromiso entre gobiernos de dos Estados. Es muy auspicioso que después de ocho décadas se logre un entendimiento político y jurídico entre ambos países. Lástima que la implementación tiene escollos no menores que hoy parecen insalvables para cualquiera de las dos partes. Ni el gobierno del Líbano tiene la fuerza de quitarse de encima a Hezbollah ni Israel puede salir del sur del Líbano con la presencia y las armas de Hezbollah bombardeando diariamente sus ciudades del norte. Es cierto que el acuerdo apunta a debilitar la influencia de Irán en el Líbano a través de sus terroristas de Hezbollah, pero mientras allí esté el cómplice iraní, el Acuerdo es un documento de muy buenas intenciones y planes, pero de aplicación dudosa.
Israel y el Líbano rubricaron el compromiso de respetar ambas soberanías, implementar paz y seguridad entre ambas naciones, y afirmaron el derecho de cada uno de vivir en paz y fluidas relaciones como estados vecinos. El Líbano se compromete a que sus fuerzas armadas sean las únicas fuerzas militares en el país lo que permitirá que Israel se retire del sur. En esto no hay duda de la buena fe de los firmantes. Aunque el propio presidente libanés Joseph Aoun ha sido varias veces crítico y mucho más contra los derechos de Israel, ahora mantiene esta postura.
Todo esto no es papel picado como si Irán hubiese firmado algo. Pero parece irreal, al menos en el futuro inmediato. Horas después que se conoció el texto del Acuerdo entre Israel y el Líbano, Naim Qassem, jefe actual de Hezbollah fue muy claro: “Eso que llaman acuerdo es nulo y vacío; una rendición y entrega de la soberanía del Líbano; un llamado a la guerra civil; una humillación de las autoridades del Líbano que entregan el sur del país a la ocupación”. El vocero del parlamento libanés, un antiguo terrorista aliado de Hezbollah, y líder del grupo Amal,Nahib Berri también amenazó con la guerra civil. O sea, los firmantes libaneses no sólo sabían qué reacción tendría Hezbollah obviamente, sino que con su decisión sacaron a la luz a Berri, siempre amparando al terrorismo, aunque luciendo traje y corbata para estar en el parlamento libanés como su cuña política.
Amal posee infraestructura bélica, y terroristas armados con capacidad operativa, y lo hace en coordinación con Hezbollah. La alianza entre Amal y Hezbollah no se limita al ámbito militar, sino que también se extiende al plano político-institucional, donde ambas organizaciones operan como un bloque unificado para preservar su poder e influencia en el Líbano, y si el acuerdo entre Líbano e Israel pretende avanzar, Berri y su grupo Amal deben tener el mismo destino que Hezbollah, o sea, no estar más en el escenario libanés.
Con la confrontación entre chiitas y sunníes, la persecución a los cristianos, cada vez más minoría y más perseguida, Líbano enfrenta una encrucijada desde hace mucho tiempo, y que ahora puede volver a estallar como sucedió en la guerra civil de fines del siglo pasado, la cual hoy muchos terroristas anuncian y predicen sabiendo que el escenario es factible, porque a la larga, ellos están actuando para que así suceda.
Leyendo y analizando prensa libanesa presuntamente profesional, nos encontramos con conclusiones tajantes sobre el contexto del Acuerdo que no sólo firmaron Israel y el Líbano, sino también Estados Unidos, garante y control de los 14 puntos.
El sheij Hassan Ezzedine, miembro del Parlamento libanés, representante público de Hezbollah hace décadas, ha declarado que ninguno de los objetivos mencionados en el acuerdo “humillante” llegará a materializarse, ya que dicho pacto “fue impuesto por Estados Unidos al gobierno libanés en beneficio del régimen de Tel Aviv”. Ezzedine ha afirmado que el Líbano sigue siendo una prioridad estratégica para Irán. “La ecuación que Teherán ha establecido sigue vigente. Si el gobierno libanés insiste en este camino equivocado, deberá asumir plena responsabilidad por todas las posibles consecuencias”. El sheij subrayó que el gobierno de Beirut ha violado la Constitución libanesa mediante el denominado “acuerdo de rendición” con Israel. Los que apoyan a Hezbollah sostienen que el gobierno no puede negociar con países con quienes no hay relaciones diplomáticas, y que, si lo hace, viola el artículo 52 de la Constitución y debe asumir responsabilidades penales.
Hezbollah declaró que “el movimiento de resistencia constituye la única fuerza de disuasión frente a Israel y es el garante de la independencia y la soberanía del Líbano”. Dice el sheij Ezzedine que el agradecimiento del primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu al gobierno de Beirut “basta para condecorar a las autoridades libanesas con la medalla de la humillación y la vergüenza que les ha otorgado el enemigo”.
En paralelo, el primer ministro israelí consideró el acuerdo como “un gran logro para Israel, y un golpe para Irán, que está tratando de forzar nuestra retirada del sur del Líbano”. El gobierno de Israel ratificó esta semana que el ejército permanecerá en la “zona de seguridad” y no permitirá el regreso de los residentes hasta que Hezbollah “sea desarmado”.
El gobierno del Líbano quiere gobernar y en paz. Pero no puede sacarse de encima ni a Irán, ni a Hezbollah y sus socios. Ahora firmó el Acuerdo. Lo siguiente deberá ser cuidar que no los asesinen.
El gobierno de Israel sigue combatiendo los ataques de Hezbollah, y eso parece ser el futuro escenario de plazo corto, al menos.
Estados Unidos señala que va a tomar medidas para que el Acuerdo funcione y que hará lo que sea necesario para terminar con Hezbollah. Claro que en paralelo Estados Unidos está negociando con Irán, que no acepta que sus esbirros terroristas no sigan en el Líbano con el poder que ya tienen, y con el cual siguen viendo cómo aplican al menos el primer párrafo del MOU.
Nada mejor que un Acuerdo de paz y reconocimiento mutuo. Y también un alto al fuego o creer que un MOU con extremistas es un documento aplicable. Pero la realidad dice que Hamas se ha rearmado y gobierna Gaza con más violencia que nunca; que Hezbollah no es un grupito que entregue armas y poder político; que Irán desafía incluso lo que firma con una mano y borra con la otra. En ese contexto no hay nadie que no sepa lo que tiene que hacer Israel para mantener su supervivencia.
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