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Judíos en Rusia

Un decreto imperial del 4 de septiembre de 1904 definió en Rusia los derechos de residencia de los judíos, pues desde 1791 se había iniciado un proceso de imponer fronteras físicas a quienes profesaban el judaísmo.

La presencia judía durante el Imperio Ruso de los Zares constaba en el siglo XIX con cerca de 5 millones de almas, la mayoría de los cuales eran pequeños comerciantes y artesanos.

En sus vastos territorios los judíos fueron sujetos de discriminación y pogroms. En ese periodo la población judía de Rusia era la mayor del mundo, no obstante, en el Imperio la comunidad floreció y desarrolló muchas de las tradiciones teológicas y culturales más distintivas del judaísmo moderno. En este contexto, la ley prohibía a los judíos estudiar en las principales universidades del país y acceder a altos cargos de la administración, por lo que residían en regiones periféricas del Imperio.

La Zona de Asentamiento o de Residencia, que también puede traducirse como “empalizada de asentamiento”, derivado del concepto “cercado” como zona fronteriza, fue la región fronteriza occidental del Imperio ruso donde su localización estaba permitida, extendiéndose la jurisdicción de la zona a lo largo de la frontera con Europa Central. Cubriendo el 20 % del territorio de la Rusia europea, la Zona de Residencia corresponde a las fronteras históricas de la República de las Dos Naciones e incluye lo que hoy en día es Bielorrusia, Lituania, Moldavia, Polonia, Ucrania y la parte occidental de Rusia. Además, varias ciudades dentro de la Zona de Residencia estaban excluidas de la misma.

La Zona no representaba un gueto vigilado y los judíos convivían en estos territorios con otros pueblos. Sin embargo, no tenían derecho a asentarse en otros lugares salvo con la condición de siempre: abandonar su fe y abrazar el cristianismo. Únicamente tenían que elegir entre el cristianismo ortodoxo, el luteranismo y el catolicismo; pues la misma Catalina II antes de llegar a Rusia para casarse con el heredero al trono, Pedro III, era luterana. Así surgió el fenómeno de la Zona de Residencia, también llamada “Zona de Asentamiento” de los judíos rusos, un fenómeno que persistió hasta 1917.

Desde el principio la autonomía de las comunidades judías en su Zona de Residencia fue respetada por el Estado, por lo que pudieron mantener su tradicional red educativa. La ley de 1791 confirmó el derecho de residencia en los territorios anexados de Polonia y les permitió establecerse en las deshabitadas estepas de la costa del mar Negro, conquistadas a Turquía a fines del siglo XVIII.

Más tarde, se los autorizó a residir en el Cáucaso y en el centro de la Rusia asiática, territorios donde ya habitaban antes de que fueran incluidos en Rusia.

Sin embargo, las murallas de este “gueto” no se levantaron solo desde fuera, desde el Gobierno, sino también desde dentro. Los judíos se resistían a su asimilación para mantener su cultura y sobre todo su religión. Un ejemplo típico de la resistencia judía frente a los intentos de cambiar su modo de vida fue la historia del reclutamiento para un servicio militar, muy duro y largo de veinticinco años. La ley, que fue aprobada durante el reinado Nicolás I en 1827 fue percibida por las comunidades judías como un trágico capítulo de su historia, ya que el servicio militar, de 25 años, era extremadamente duro, pero era igual de duro para todos. Sin embargo, para los judíos estaban muy claro: se trataba de un intento de “convertirlos”, debido a que seguir practicando su fe en el Ejército era prácticamente imposible. No obstante, la ley tenía sus peculiaridades para las comunidades judías: ya que se reclutaban dos veces más de judíos en proporción a otras etnias del imperio. Las comunidades tenían el derecho a “suministrar” al Ejército adolescentes a partir de doce años.

Hay que destacar un asunto importante: la ley no obligaba a las comunidades judías a enviar al Ejército a menores. Se trataba de una decisión propia que tenía su lógica, ya que normalmente un joven judío de dieciocho años ya estaba casado y tenía hijos.

En los años cuarenta del siglo XIX el Ministerio de Educación impulsó una serie de reformas llamadas a asimilar a los judíos a la vida rusa. Las reformas se basaban en dos pilares: la abolición de la autogestión de las comunidades judías para someter a todos los judíos a la jurisdicción ordinaria, ya que las mismas mantenían herméticamente sus tradiciones y forma de vida; y la formación de una red de escuelas para judíos, donde todas las asignaturas se estudiaran en ruso, salvo la religión, que se estudiaría en “alemán”, que posiblemente así fuera definido el yidish, de base alemana, en la legislación rusa de entonces.

Con el desarrollo de los movimientos revolucionarios en Rusia a finales del siglo XIX e inicios del XX resurgieron las restricciones legales a los judíos. Tras el asesinato del zar Alejandro II, en 1881, una oleada de pogroms duró hasta 1883, en los cuales la Policía local no hizo nada para impedir una ola asesinatos y violaciones que azotó varias comunidades sureñas. El nuevo zar, Alejandro III, en 1887, dictó una ley que establecía una cuota de judíos en las universidades. Asimismo fue dictada la expulsión de pequeños comerciantes y artesanos judíos de Moscú en 1891.

Dicha situación conllevó una oleada de emigración de judíos, mayoritariamente a Estados Unidos, por una parte, y la incorporación de parte de la juventud hebrea a distintos movimientos revolucionarios y sionistas. Al mismo tiempo, empezó a decaer la influencia de la religión en gran parte de la juventud “ilustrada” judía. Sin embargo, en el censo de 1897 solo 67.000 judíos afirmaron que su idioma natal era el ruso, mientras que la aplastante mayoría de judíos indicó el yidish.

Los sucesos más graves, que sucedieron entre 1903 y 1906 tenían frecuencia como protagonistas a las tristemente famosas Centurias Negras. Hasta 1906 el antisemitismo, contando con el “silencioso” apoyo del Gobierno ruso, que solía castigar a muy pocos participantes de pogroms, tenía distintas formas: como la organización de pogroms y la falsificación y la publicación de libelos como Los protocolos de los sabios de Sion.

Un conocido caso de persecución religiosa fue el famoso proceso Beilis, de 1911, relacionado con un libelo de sangre, que fue el tema de la película El hombre de Kiev.

Décadas más tarde llegó la prohibición a los judíos de salir de la Unión Soviética, pero esto será tema de otra nota.

 

Dr. Mario Burman

Reproducción autorizada citando la fuente con el siguiente enlace Radio Jai

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