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Aniversario del atentado a la Pizzería Sbarro en Jerusalem

El 9 de agosto de 2001 se produjo un atentado contra un restaurante pizzería, Sbarro, en el centro de Jerusalén, en las calles King George y Yaffo; que tomó la vida de 15 civiles, incluyendo 7 niños y una mujer embarazada.

El ataque fue llevado a cabo por un terrorista palestino del Movimiento de Resistencia Islámica (Hamás) que se autoinmoló acabando con la vida de 15 personas, incluidos siete niños. 140 personas debieron ser hospitalizadas con heridas de diferente consideración.

Ese día hubo gente que quiso comer una pizza o comprarle una porción a su hijo, pero que encontró la muerte, una muerte planificada por la organización terrorista. El suicida que llevó a cabo el atentado fue Izz Al-Din Al-Masri.

Siempre podrá haber algún distraído o justificador serial que hable de los pobres palestinos o quien diga que solo un loco se suicida. También estará quien diga que la Autoridad Palestina confronta con Hamas; entre otros argumentos.

Por es importante conocer algunas cosas, algunos datos que enorgullecen a los perpetradores.

Ahlam Tamimi fue quien se encargó de la logística, puso la bomba en un estuche de guitarra y se lo dio en mano a Izz Al-Din Al-Masri. Tamimi, que vive en el Reino de Jordania dio una entrevista donde dijo “No me arrepiento”.

Hasta irse a Jordania la A.P. le dio 51.836 dólares. Ocurre que la Autoridad Palestina paga 7.321 dólares por mes a los terroristas de Sbarro y sus familias, según publicó The Jerusalem Post. Así el fabricante de la bomba recibió 213.848 y se calcula que la familia de Al-Masri recibió un total de 53.689 dólares. Es decir casi $320 mil dólares, solo a posteriori del atentado. Si incluimos los gastos del armado del atentado podemos darnos una idea de lo que la organización terrorista gasta en hacer atentados.

Entre las víctimas estuvieron Greenbaum Hayman, de 31 años, única hija de sus padres; Mordejai (Moti) Raphaël Schijveschuurder, 43, y su esposa, terapeuta para niños sordos Tzira (Dura) Friedman Schijveschuurder, 41, de origen holandés y descendientes de sobrevivientes de Bergen Belsen y Theresienstadt.

Otra de las personas asesinadas en aquel nefasto día fue Malki Roth, una vivaz estudiante de 15 años.

En el último año de su vida, Malki, una talentosa música y flautista, había escrito la letra y melodía de una canción que pensaba presentar en una competencia musical de su escuela. A pesar de que había completado la canción y que la había interpretado ante sus amigos más cercanos, no la presentó a tiempo para la competencia.

Su familia se enteró de la existencia de la canción sólo cuando algunos visitantes la mencionaron durante la semana de shivá. Esa semana de duelo, los amigos de Malki recorrieron Israel enseñando la canción a cientos de niños y adolescentes en los campamentos de verano a lo largo del país.

Desde entonces, las palabras y la melodía de su canción continuaron difundiéndose mediante una red de amigos en Israel y en otros países. Shir lismoaj, ‘Una canción de alegría’, o Malki’s Song, ‘La canción de Malki’, es alegre y optimista. Su letra dice:

Todos y cada uno de nosotros tiene un lugar en el Mundo Venidero, Y esa es en sí misma una razón para estar feliz. Cada uno de nosotros tiene una chispa y un comienzo, Y esa es en sí misma una razón para estar feliz. Vives, respiras, te mueves, ¡Ese es un buen comienzo! Cada uno de nosotros tiene una forma de llegar, Y todos tenemos también una forma de volver. Cada uno de nosotros tiene esperanza y un futuro, Y un lugar en el Mundo Venidero.

Como tributo a Malki, sus padres, Arnold y Frimet Roth, establecieron la fundación Keren Malki para asistir a familias que tienen hijos con necesidades especiales. Malki se dedicaba a cuidar niños discapacitados, inspirada por su propia hermana con discapacidades.

Reproducción autorizada citando la fuente con el siguiente enlace Radio Jai

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