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Del autor de la plegaria “Unetane Tokef”

Uno de los rezos más emocionales de los servicios de Rosh HaShaná (Año Nuevo Judío) y Yom Kipúr (Día del Perdón) es el Unetané Tókef, que se recita antes de la Kedushá de la plegaria de Musáf. Escrita por el Rabino Amnon de la ciudad de Maguncia (conocida también como Mainz), en Alemania, hace aproximadamente mil años; el rezo describe los Yamím Noraím (literalmente se traduce como “Los Días del Temor”), los Diez Días Santos que transcurren entre la festividad de Rosh HaShaná y Yom Kipúr, como el tiempo del Juicio Divino, donde la gente simbólicamente pasa ante el Creador. El rezo describe una lista de los posibles destinos que pueden acontecer a los seres durante el nuevo año que está empezando, pero también incluye un especial énfasis en el Atributo del Perdón.
Aquí les presentamos la historia que hay detrás de este rezo conmovedor:
El Rabino Amnon era famoso por su santidad y gran sabiduría. El obispo de Maguncia oyó hablar del rabino y quiso encontrarse con él, y así fue.
En su encuentro, el Rabino y el obispo hablaron de religión. Profundamente impresionado por la piedad del rabino, el obispo determinó que un hombre tan bueno como éste debe ser su amigo y consejero. Por lo tanto, el obispo insistió que el Rabino debería dejar su religión judía y convertirse al cristianismo.
Al principio, el obispo discutió ““suavemente” con el Rabino Amnon, tratando de mostrarle como su fe era superior al Judaísmo. Cuando vio que sus palabras no tenían ningún efecto, trató de sobornar al Rabino Amnon con promesas de fama y dinero si sólo aceptara convertirse al catolicismo. Pero el Rabino Amnon permaneció firme. Nunca se convertiría.
Al rato, el obispo se sintió frustrado y comenzó a gritar: “¡Tú eres tan terco como el resto de tu pueblo! ¡Puedes estar seguro que rápidamente eliminaré tu terquedad y haré que hagas lo que deseo!”
Unos días después de esta reunión inicial, el obispo convocó al Rabino Amnon a su señorial palacio y le dijo directamente. “¡Acepta mi religión!”, le amenazó, “¡o morirás!”.
El Rabino Amnon, para eludir al obispo, contestó, “Dame tres días para pensar sobre el asunto – luego te daré mi respuesta”…
“¡Así sea!”, dijo el obispo.
El Rabino Amnon volvió a su casa. Se vistió con una ropa de harpillera y ceniza. Ayunó y rezó, afligido por haber dado la impresión que realmente consideraba traicionar al Creador. Después que pasaron los tres días, el Rabino Amnon no retornó al palacio. El obispo estaba furioso. Ordenó que sus guardias trajeran al Rabino Amnon a su morada.
Las guardias apresuradamente detuvieron al Rabino Amnon y le trajeron al palacio. El obispo se enfrentó al rabino y le dijo: “¡Judío! ¡¿Cómo te atreves a desobedecerme?! ¿Por qué quebraste la promesa de darme tu respuesta después de tres días?”.
El Rabino alzó la vista hacia el obispo y le contestó. “En un momento de debilidad fracasé y no dije la verdad. Hice una promesa falsa y desafié a mi fe. Pedí la cobarde gracia de tres días para dar mi respuesta. En cambio, yo debería haber dicho: ‘Shemá Israel, HaShem Elokéinu, HaShem Ejád’, (‘Escucha, Oh Israel, HaShem es nuestro Di-s, HaShem es Uno’). Por lo tanto, mi lengua que dijo mentira debe ser cortada”…
“Tu lengua ha dicho la verdad”, dijo el furioso obispo. “Por esto no será castigada… Pero tus pies… Tus pies que me desobedecieron al no venir al palacio, ellos serán castigados, ¡¡¡y rasgados de tu cuerpo!!!”.
El obispo colérico ordenó que los pies del Rabino Amnon fueran cortados, pedazo por pedazo. Lo mismo hicieron con sus manos. Después de cada amputación preguntaban al Rabi Amnon si se convertiría, y cada vez negó. Cuando el obispo vio que nada ayudaba, ordenó que sea llevado a su casa y tirado ahí, un hombre lisiado y mutilado, junto con sus órganos amputados. Unos días después, en Rosh HaShaná, el Rabino solicitó que lo lleven a la sinagoga.
Una vez allí, el dolorido y herido rabino pidió que lo acerquen al Arca Sagrada. Antes de que la congregación recitara la Kedushá, el Rabino Amnon pidió que se le permita santificar el Nombre del Creador en la sinagoga. tal como hizo en el palacio del obispo. Él recitó su plegaria – Unetané Tókef, e inmediatamente, cuando terminó de decir las últimas palabras de su rezo, murió.
Tres días más tarde, apareció el Rabino Amnon en un sueño del gran Rabino y erudito del Talmud y de la Kabalá, el Rabi Klonimusben Meshulam, y le enseñó el texto completo del rezo UnetanéTókef. Le pidió enviarlo a todo el pueblo judío para que sea recitado en el servicio de Musaf de Rosh HaShaná y Yom Kipúr, justo antes de la Kedushá. El deseo del Rabino Amnon fue realizado y el rezo se ha hecho una parte integrante de los servicios de Rosh HaShana y Yom Kipúr.
Traduciremos aquí una parte del poema:
“Como el pastor pastando su rebaño, haciendo que las ovejas pasen bajo su vara, así Tu harás pasar, contarás, calcularás y recordarás el alma de todos los vivientes, y decidirás la asignación para todos Tus creados y escribirás su veredicto” .
“En Rosh Hashaná serán inscriptos y en Iom Kipur serán sellados cuántos se irán y cuántos serán creados, quién vivirá y quién morirá, quién morirá en su tiempo y quién antes de su tiempo, quién mediante el agua y quién mediante el fuego, quién mediante la espada y quién mediante fieras salvajes, quién a causa del hambre y quién a causa de la sed, quién por un terremoto y quién por una plaga, quién por estrangulación y quién por apedreamiento, quién descansará y quién vagabundeará, quién vivirá en calma y quién será acosado, quién disfrutará de la tranquilidad y quién sufrirá, quién será empobrecido y quién será enriquecido, quién será rebajado y quién será elevado. Pero el arrepentimiento, el rezo y la caridad remueven lo malo del decreto!”.

Por DF/RJ.

Extraído del grupo de Facebook PERSONALIDADES JUDÍAS DE TODOS LOS TIEMPOS

Reproducción autorizada por Radio Jai citando la fuente.

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