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¿Es posible y probable un conflicto armado entre miembros de la OTAN? Analizando la grave crisis greco turca

En la columna de hoy, y como lo adelanté el miércoles ppdo., realizaré un análisis desde la Polemología de la crisis originada por Turquía, que podría derivar en un conflicto armado entre miembros de la Alianza Atlántica, la OTAN.

Tal como lo abordé en columnas anteriores, a partir de la llegada al poder en el año 2002, el presidente turco Recep Tayyip Erdogan, en forma progresiva fue instrumentando su política exterior de acuerdo a esa visión geopolítica conocida como Neo Otomanismo, que significa reconquistar la presencia y la influencia del otrora Imperio Otomano.

En esa línea de acción, hoy Turquía está presente en los tres conflictos activos que se dan en el mundo árabe, en Siria, en Yemen y en Libia, sea en forma directa con presencia de tropas turcas o como lo señalé el pasado miércoles, a través de la tercerización con grupos yihadistas radicales sunnitas, importando combatientes a teatros de operaciones, como ser elementos de ISIS o de la Hermandad Musulmana llevados a Libia para apoyar a las fuerzas de Ankara y su aliado en Gobierno del Acuerdo Nacional con sede en Trípoli.

Y es justamente con este gobierno libio, es que a principios del año en curso, Turquía firmó un Acuerdo para la exploración y explotación de RR.NN., en particular hidrocarburos, en la cuenca oriental del Mar Mediterráneo, lo que ha provocado una crisis que involucra a Turquía por un lado y a Grecia y al gobierno de Chipre progriego, ambas entidades estatales miembros de la U.E.

Pero la cuestión de los yacimientos submarinos de hidrocarburos también involucra a otros actores, que forman parte del Foro de Gas Natural del Mediterráneo, me refiero a Italia, Israel y Jordania y a los ya mencionados Grecia y Chipre, y que no tienen intensiones de admitir a Turquía en el foro, sin olvidar el serio incidente ocurrido el pasado 20 de agosto, entre dos fragatas misilísticas, una turca y la otra griega, que incluyó también a un navío de la armada francesa.

Esta estrategia instrumentada por Turquía, evidentemente produce un choque de intereses y objetivos de algunos países miembros de la U.E., en particular de la cuenca del Mediterráneo, Grecia, Chipre, Italia y Francia, que también forman parte de la OTAN.

Recordemos que esta Alianza de Seguridad Colectiva, que se origina el 4 de Abril de 1949 con la firma del Tratado del Atlántico Norte, cuyos miembros fundadores son, EE.UU., Reino Unido, Francia, Italia, Canadá, y al que adhirieron luego, Bélgica, Holanda, Alemania y una veintena más de Estados europeos, y entre los que se encuentra Turquía que ingresó en 1952, y que la creación de esta organización tuvo como objetivo enfrentar el poder del bloque soviético abroquelado en una alianza análoga conocida como Pacto de Varsovia, esto en el marco de la Guerra Fría.

Finalizada la confrontación entre los bloques Occidental y Oriental, con la caída del Imperio Soviético, la diplomacia de Washington, en particular durante las administraciones demócratas, fueron relajando su influencia y presencia militar en la región del Mediterráneo, y se centraron en lo que hace al escenario europeo, a expandir la OTAN hacia el oriente, admitiendo el ingreso de países que anteriormente eran parte del finiquitado Pacto de Varsovia, como ser Hungría, República Checa, Bulgaria, Eslovaquia, Eslovenia, Rumania, Croacia, Estonia, Lituania, Letonia, Albania, Polonia, Montenegro y Macedonia, e incluso están otros Estados aspirantes a integrarla, como ser Georgia, Bosnia y Herzegovina, Suecia, Finlandia y recientemente en el 2017 Ucrania, con lo cual desde la visión de la Federación Rusa, constituye una amenaza a sus intereses estratégicos.

En este sentido, Moscú ha aumentado su presencia y actividad en Oriente Medio, y establecido alianzas estratégicas con Siria y la República Islámica de Irán, pero también, tras alguna que otra crisis, a consolidado sus relaciones con Turquía, en particular en la venta del sistema de misiles S 400 y el libre tránsito de la fuerza naval rusa del Mar Negro, a través de los Estrechos y que hoy tiene su apostadero en el puerto sirio de Tartús, con lo cual origina una fuerte presencia permanente de su flota en el Mediterráneo.

Esto se complementa con la actividad conjunta de fuerzas armadas turcas y rusas en el norte de Siria y la creciente política agresiva de Ankara en la cuenca mediterránea, en particular en el sector oriental, donde en el presente hay una puja en la denominada Zona Económica Exclusiva, de la que está excluida Turquía, que ha derivado por un lado, a la ya señalada presencia de buques de guerra y de exploración turcos, y a pedir la revisión del Tratado de Lausana sobre los límites marítimos e insulares entre Grecia y Turquía.

La posición de Grecia, que ratifica los términos de Lausana, como las denuncias de Atenas sobre las peligrosas y amenazantes acciones de Ankara en el Mediterráneo Oriental, son apoyadas por Alemania, Francia e Italia, y desde Bruselas, no sólo asiento del gobierno de la U.E., sino también sede de la OTAN, con lo cual ha causado una crisis sin precedentes dentro de este sistema de seguridad colectiva, que de seguir escalando abre el posible y probable conflicto armado entre al menos dos de sus miembros, Turquía y Grecia.

En mi columna del 9 de este mes, desarrollé el análisis polemológico de producirse un conflicto armado entre Atenas y Ankara, el que será limitado por presión e intervención de otros actores estatales europeos, y por la misma ONU, EE.UU. e incluso Rusia, también señalé los diferentes teatros de operaciones, tanto en los ámbitos, terrestres, insular, naval y aéreo, que abarca desde Tracia a Chipre, y de un prácticamente equilibrio de fuerzas, pero que añadiría más inestabilidad a la región del MONA ( Medio Oriente y Norte de África).

Por su parte, la U.E., se halla presionada, por no utilizar la palabra “extorsionada”, por Ankara, en abandonar el Acuerdo que se firmó en Marzo del 2016, vinculado a la problemática de las migraciones y refugiados, abriendo la frontera turca europea y posibilitar un aluvión de inmigrantes hacia el espacio de la U.E., hablamos de decenas de miles, sin olvidar que esas corrientes migratorias también posibilitan el ingreso encubierto de elementos terroristas islamistas radicales, que perfectamente se adecua a la táctica de tercerización que está esgrimiendo Turquía.

Además la U.E. no ha instrumentado acciones que pudieran desalentar la retórica nacionalista del presidente Erdogan, por el contrario, Bruselas no ha cumplido con ciertos términos del Acuerdo del 2016, como ser, liberalización de visados, reformas a la unión aduanera y el envío en cuenta gotas de los 6.000 millones de Euros prometidos a Turquía, y si a esto, sumamos hoy el crítico panorama creado por la pandemia del COVID19, avivan el discurso populista de culpar de la delicada situación económica y financiera que aqueja a Turquía, a terceros actores, y donde la actual crisis con Grecia viene como anillo al dedo.

En este cuadro de situación, es primordial el rol de los EE.UU., por un lado para ubicarse nuevamente como actor principal de estabilización de la región y disuadir cualquier iniciativa beligerante, por otro lado, controlar la presencia e influencia de Rusia en el MONA, y definitivamente cuidar y asegurar sus intereses estratégicos, un ejemplo de ese cambio de actitud se ha dado recientemente con el levantamiento del embargo de armas a Chipre con lo que se manifiesta la cooperación estratégica entre Washington y Nicosia, pero esto estará condicionado al resultado de las elecciones presidenciales el próximo noviembre.

Finalizando la columna de hoy, reitero lo señalado en columnas anteriores, la posibilidad y la probabilidad de un conflicto armado entre Grecia y Turquía, sin descartar la participación de terceros actores, es cierta, y esta guerra dentro de la OTAN, podría propiciar un reordenamiento estratégico y geopolítico, y poco harían por la estabilidad y el desarrollo económico en el Mediterráneo Oriental, Oriente Medio y la propia U.E., sin olvidar que constituiría algo sin precedentes en la Alianza Atlántica.

Por el profesor Luis Fuensalida.

Reproducción autorizada por Radio Jai citando la fuente.

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