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Suecia: la violencia es “extremadamente grave”

Las cosas en Suecia se han deteriorado tanto que el pasado 29 de agosto la Policía emitió un comunicado, titulado “La tendencia en materia de violencia es extremadamente grave”, en el que se leía:

Últimamente se han registrado graves incidentes y episodios de violencia ligados a redes criminales, en los cuales varias personas fueron asesinadas y otras resultaron gravemente heridas (…)

En Estocolmo, dos personas fueron asesinadas la semana pasada, y en Gotemburgo grupos criminales han tratado de hacer exhibición de su poderío controlando los vehículos que accedían a determinados distritos. A principios de agosto, una inocente niña de 12 años fue asesinada (…) [durante un enfrentamiento entre bandas], y también en otras partes del país hay enfrentamientos entre redes criminales y otros criminales despiadados. En la noche del viernes hubo disturbios en Malmö, en los cuales resultaron heridos varios policías (…)

El jefe de la Policía Nacional sueca, Anders Thornberg, hizo una suerte de petición de ayuda al resto de la sociedad. “La Policía sueca está en una situación operativa difícil. La sociedad ha de unir fuerzas con la Policía”, dijo.

Seguiremos combatiendo al crimen organizado con todos los instrumentos disponibles. Otras fuerzas benéficas presentes en la comunidad, desde los funcionarios municipales y la sociedad civil a las agencias de seguridad y, no menos importante, el público en general, han de centrarse igualmente en afrontar el actual estado de cosas. La Policía debe asegurarse de que los criminales son detenidos para que puedan ser juzgados. Los criminales han de desaparecer de nuestras calles y plazas para que no haya más crímenes despiadados.

En estos momentos, lo que enfrentan a diario muchos policías cuando van a trabajar es preocupante y agotador. Trabajamos intensamente, 24 horas al día, los 365 días del año. No nos rendimos ni retrocedemos, pero la situación es muy estresante.

El comunicado policial no mencionaba que dos chicos fueron violados, torturados y semienterrados vivos en un cementerio próximo a Estocolmo. Se trata de una nueva atrocidad en el creciente número de delitos humillantes, en los que la víctima no sólo es robada sino violentamente humillada, en un despliegue de poderío por parte del agresor. Otro ejemplo de esta clase de crímenes se produjo en octubre de 2019 en Gotemburgo, cuando una banda forzó a su víctima a besar los pies del cabecilla mientras lo grababan. Después la golpearon en la cara hasta que perdió la conciencia.

“Suecia está perdiendo el control de su propio territorio”, declaró recientemente el columnista Ivar Arpi al diario danés Berlingske Tidende.

Estos delitos y humillaciones odiosos están vinculados a la cultura de gueto (…) A los periodistas no les gusta escribir sobre esto, los políticos no quieren hablar de esto y los investigadores no quieren acercarse a ello siquiera. Hay una ignorancia sistemática.

En los disturbios de Malmö del 28 de agosto, unas 300 personas quemaron coches, dispararon bengalas y arrojaron piedras contra la Policía. El escenario fue Rosengård, una zona tenida por “vulnerable” y habitada mayoritariamente por inmigrantes. En un vídeo subido a las redes sociales se veía a los vándalos gritar “Alahu Akbar” y “Judíos, recordad Jaybar: el Ejército de Mahoma está de vuelta”, en alusión a la masacre de los judíos de Jaybar, en la actual Arabia Saudí, perpetrada por el profeta del islam y sus seguidores en el año 628. El Consejo de las Comunidades Judías Suecas emitió un comunicado que decía:

Desafortunadamente, no es la primera vez que una multitud corea en Malmö amenazas de este tipo contra los judíos. El Consejo de las Comunidades Judías Suecas se toma este incidente extremadamente en serio y llama a la Policía y a otras autoridades responsables a perseguir a quienes han incurrido en incitación contra un grupo étnico.

Según los medios suecos, los disturbios fueron una reacción al pateo y quema de un Corán, ese mismo día, en una plaza céntrica de Malmö por parte de seguidores del pequeño partido antiislámico danés Stram Kurs, cuyo líder, Rasmus Paludan, había recorrido previamente la vecina Dinamarca con sus protestas antiislámicas.

Las manifestaciones de Paludan suelen tener un momento Corán, en el que arroja, quema o pone cerdo sobre un Corán. Dan Park, artista callejero sueco condenado por incitar al odio contra un grupo étnico, invitó a Paludan a Malmö para que participara en una concentración. La Policía sueca detuvo a Paludan en la frontera, le negó la entrada y le informó de que se le había prohibido el ingreso al país por espacio de dos años.

“Creemos que sus acciones y la libertad de ingreso representarían una amenaza para intereses sociales clave”, declaró Mattias Sigfridsson, de la Policía de Malmö. Preguntado por si esa decisión no atentaba contra la libertad de expresión, respondió:

Pensamos todo lo contrario. Hacemos lo posible para proteger los valores democráticos vigentes. La concentración a la que se ha denegado el permiso hoy habría supuesto un peligro para la seguridad y el orden.

“Yo creo que los que representan una amenaza son los que reaccionan ante lo que hago”, afirmó Paludan a la prensa. La decisión de prohibir la manifestación de Paludan fue ratificada por la Corte Administrativa sueca, que sostuvo que, si bien los de reunión y manifestación son derechos constitucionalmente protegidos y hay poco margen para denegar un permiso para manifestarse, la amenaza era de tal gravedad que justificaba la prohibición. La quema del Corán se produjo pese a la decisión de la Policía y en contravención de la prohibición. Tres personas fueron detenidas y acusadas de incitación por patear un Corán en el centro de Malmö.

En Angered, un suburbio de Gotemburgo, una banda criminal puso barricadas con hombres armados que chequeaban la identidad de quienes entraban o salían en coche. Según el Berlingske Tidende, los que las montaron eran de la familia Alí Jan, implicada en fraudes financieros y otras actividades delictivas. Ese clan ha sido denunciado ante la Policía más de 200 veces, pero ésta ha tenido que cerrar casi todos los casos porque los Alí Jan amenazan a las víctimas y los testigos callan.

También en Gotemburgo, un profesor de la escuela Lövgärdes se percató de la presencia de dos hombres armados en las inmediaciones del recinto y dio cuenta a la Policía, pero para cuando esta hizo acto de presencia aquellos habían desaparecido. Ese mismo día, cuando el profesor se dirigía a su domicilio, fue secuestrado y golpeado.

El líder del principal partido de la oposición sueca, Moderaterna (Partido Moderado), Ulf Kristersson, dice ahora que quiere convertir en delito la pertenencia a una banda.

“Sólo en este año, varios muchachos han muerto en apuñalamientos y tiroteos”, escribió en Facebook.

Esta semana, dos chicos fueron objeto de atrocidades terribles en un cementerio de Solna durante toda una noche. El martes, un profesor de Gotemburgo fue secuestrado y agredido por contactar con la Policía.

Lo que estamos viviendo prácticamente a diario no es normal, ni en Suecia ni en Europa. Casi todos los que vivimos aquí lo sabemos. Este estado de cosas está destruyendo la confianza y la cohesión suecas, la violencia está amenazando al sistema. Bandas criminales aterrorizan zonas residenciales enteras y matan a muchachos y adultos que se cruzan en su camino. Ponen sus propias barricadas y controlan la vida cotidiana de la gente. Son como terroristas domésticos, y han de ser combatidos con toda la fuerza de nuestra democracia. Hay que tomar medidas que verdaderamente produzcan un cambio, no sólo ajustes marginales.

Suecia debería empezar por convertir en delito el ser parte de una banda criminal, de la misma forma que debería ser un delito pertenecer a una organización terrorista. Ello daría a la Policía nuevas oportunidades para actuar contra lo que hemos visto en Gotemburgo en los últimos días, como el establecimiento de barricadas o la celebración de reuniones de bandas criminales

En otro orden de cosas, la iglesia Västra Skrävlinge de Malmö fue recientemente vandalizada durante siete noches consecutivas. Rompieron las ventanas y destrozaron las estatuas, incluida una de Jesucristo que quedó hecha añicos. Se desconoce quiénes lo hicieron, pero el Partido de los Demócratas Suecos de la ciudad ha demandado a la Iglesia de Suecia que profundice en el asunto; y añadió en una declaración:

Teniendo en cuenta el vandalismo de que ha sido objeto la iglesia Västra Skrävlinge y el que asola nuestros cementerios, la Iglesia de Suecia ha de trabajar en ello. Lamentablemente, hay resentimiento hacia la cultura cristiana entre ciertos grupos, y la Iglesia de Suecia en Malmö no puede permanecer pasiva mientras la herencia cultural cristiana es vandalizada.

Judith Bergman, columnista, abogada y analista política, es Distinguished Senior Fellow del Instituto Gatestone.

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