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11 de septiembre: Un soldado estadounidense contó cómo fue la operación para matar a Osama Bin Laden

En una extensa entrevista para un diario israelí, el soldado que mató al terrorista pakistaní contó cómo fue la misión que llevaron a cabo.
Se trata del estadounidense Robert O’Neill, quien hasta agosto del 2012 pertenecía a la fuerza de operaciones especiales de la Armada de los Estados Unidos. Nunca pensó que diez años después del atentado a las Torres Gemelas, él mismo mataría al líder pakistaní que fue responsable de planificar el hecho.
El 2 de mayo del 2011, O´Neill junto a una unidad de combatientes de la Navy SEAL se dirigieron directamente al tercer piso del edificio fortificado en el que se encontraba el comandante de Al-Qaeda. Mientras se movían lentamente, escuchaban gritos y olores extraños. El miedo más grande para los soldados, era que el edificio exploté con ellos adentro. En un momento, un compañero de O´Neill detecta movimientos cercanos con su visión nocturna. Suponen que por allí había atacantes suicidas. Cuando subieron al piso donde debía estar el objetivo, se encontraron con dos mujeres, a las que rápidamente el estadounidense se les tiró encima por si tenían explosivos. Cuando avanzó hacia otra habitación, se topó con el responsable de cientos de vidas de aquel 11 de septiembre de 2001: Osama Bin Laden. “Estaba parado allí, en su dormitorio, a unos tres metros de mí”, cuenta.
Relata que en ese momento lo recordó por su nariz. Lo había estudiado muy bien, y no tenía dudas de que era él. Estaba parado detrás de una se sus esposas, Amal. Tenían la orden de capturarlo con vida, pero si era considerado una amenaza, debían matarlo en el acto. “No entendí exactamente lo que estaba haciendo, pero no se rindió. Intentó moverse y debí actuar como si fuera un atacante suicida con un artefacto explosivo. Tuve que neutralizarlo. Entonces le disparé tres balas en la cara.”, expresó el ex Navy SEAL.
Segundos después del hecho, no podía creer lo que acababa de hacer: eliminar al terrorista más peligroso y más buscado por los Estados Unidos.
Tres semanas antes de concretar la misión con éxito, explicó que fueron llamados a una reunión secreta en la habitación de una instalación militar en Virginia Beach. Lo único que les habían dicho era que tenían que ir a buscar un objetivo, en algún país, pero nada más.
Cuando llegaron, lo primero que les dijeron fue que la razón por la que estaban allí era porque estaban muy cerca de capturar a Bin Laden. “Fue un momento muy intenso y fue un gran honor que nos pidieran que lleváramos a cabo esta misión.”, señaló.
Estudiar, localizar y capturar al líder pakistaní desde ya que no era nada fácil. Pero todo esto fue posible gracias al servicio de inteligencia de los Estados Unidos. Una analista de la CIA (Central Intelligence Agency) les explicó durante cuatro horas por qué Bin Laden estaría en el tercer piso de ese edificio. “Fue muy precisa y brindó muchos detalles. Dedicó toda su vida a encontrarlo. Su confianza nos convenció.”, dijo O´Neill.
El lugar en el que se encontraba el objetivo, tampoco era nada sencillo: era una casa fortificada que estaba localizada a unos cuatro kilómetros del centro de Abottabad, unos 50 kilómetros al norte de la capital paquistaní, Islamabad. Tenia unos 280 metros cuadrados, estaba rodeado por muros muy altos y en el tercer piso tenía un balcón rodeado también por un muro de unos dos metros. Sin embargo no era nada seguro que a quien estaban buscando, este allí. El norteamericano comenta: “Comenzamos a entrenar durante tres semanas para la operación, no para nosotros, sino principalmente para demostrar a las personas que nos enviaban a la misión que éramos capaces de llevarla a cabo. Incluso el propio presidente Obama dijo que nunca estuvo totalmente convencido de que Bin Laden estuviera allí, pero sí estaba convencido de que debíamos ir y averiguar qué ocurría allí.”
Cualquier persona sentiría temor por estar allí y por llevar a cabo una de las misiones más importantes de la historia de los Estados Unidos. Y el soldado O´Neill no era una excepción. “Tenía miedo, pero no a la muerte. Nunca le he temido a la muerte en sí, pero está bien tener miedo. Pero había algo aquí que nos ayudó a superar el temor: no queríamos capturar a Bin Laden para obtener la gloria. Lo hicimos por esa madre soltera que llevó a su hijo al jardín de infantes el martes por la mañana, y 45 minutos después saltó a su muerte desde un rascacielos en llamas. Entonces yo tampoco tenía miedo de morir; acepté la muerte.”, afirmó.
Con respecto a sus seres queridos, admitió que les escribió una carta a todos por si no volvía de la misión. Se las dejó a un hombre de inteligencia, que luego se las devolvió, y finalmente las rompió.
A su familia no les contó absolutamente nada de lo que iba a hacer en Pakistán. “No pude decirles nada. Ni una palabra. Llevé a mi pequeña hija a un sitio de juegos para niños. Ella todavía era pequeña y lo único que le importaba era jugar. Allí jugó con otra niña y yo me senté a observar y dialogué con la abuela de la pequeña. Recuerdo que miré a esta señora que acababa de conocer y pensé: ´No tiene idea de lo que voy a hacer mañana.´”
Al día siguiente despegaron hacia la base estadounidense en tierras pakistaníes. O’Neill y otros 23 combatientes abordaron los dos helicópteros Black Hawk que los esperaban allí y partieron.
Durante el vuelo contó de uno a mil y viceversa para tener la mente ocupada. Sin embargo, la tranquilidad prevalecía dentro del helicóptero militar. “Estábamos casi en paz, sentimos que no teníamos nada que perder y que lo hacíamos por las razones correctas. Teníamos claro que los paquistaníes podrían derribarnos, pero el temor de que un misil pudiera alcanzarte no evitaría que lo hiciera, por lo que era un desperdicio de energía, y sabíamos que simplemente no debía preocuparnos.”, contó.
Cuando los pies de O´Neill pisaron tierras extranjeras, el mismo expresó que desde allí comenzaba “la guerra”. Estaban parados en frente del complejo de Bin Laden. Volaron con explosivos la puerta principal y se chocaron con otra pared de ladrillos. Automáticamente confirmaron que el terrorista estaba allí. Y ahí comenzó la misión para la que se habían preparado varias semanas. Iban piso por piso, asegurando el edificio para no toparse con ningún explosivo. Habían sido advertidos por la analista de la CIA que les dijo que se chocarían con una escalera y que allí se encontraría con Khalid Bin Laden (el hijo de Osama y hermano de Hamza, el heredero de su padre, que no estaba presente en el edificio), y que seguramente estaría armado. Cuenta que “ella tenía toda la razón”. Neutralizaron la amenaza y continuaron su camino, pasando por encima del cuerpo. Más arriba creían que había más soldados suicidas, por lo que decidieron seguir para eliminarlos.
Cuando llegaron al tercer piso, efectivamente había dos mujeres que comenzaron a gritar y detrás de una de ellas vieron al terrorista pakistaní. Luego de unos segundos y después de haberle disparado tres balas en la cara, Osama Bin Laden yacía muerto en los pies del norteamericano. “Todavía puedo verlo cada vez que cierro los ojos: estaba parado sobre él, sin poder creer que estaba viendo a Bin Laden.”, relata. Minutos después, se dedicaron a recopilar información e inteligencia que había en el domicilio. También sacaron fotografías para que quede evidencia. “La cabeza de Bin Laden quedó partida en su parte de atrás, como un melón en el suelo, así que me incliné y ejercí presión para unir las partes y que uno de los chicos tomara una foto.”, señaló.
Después de todo, O´Neill no podía creer lo que había hecho, cómo había llegado tan lejos. Solo era un niño que no sabía nadar y con el pasar de los años se convirtió en un Navy SEAL. Entonces dijo: “Con los años me di cuenta de que cualquiera puede hacer lo que quiere con su vida.”
Luego de más de 400 misiones y 12 años en el ejército, en agosto del 2012, Robert O´Neill se retiró de los Navy SEAL. El hecho de haber asesinado al terrorista más buscado, fue un punto clave para tomar la decisión de su retiro. “De repente maté a Bin Laden y las cosas cambiaron”, explicó. Además agregó: “Sentí que era el momento. Quería ver cómo mis hijos se casaban. Perdí muchos amigos. Ya no me entusiasmaban las armas y disparar a gente. Y cuando eso sucede es el momento de retirarse”.
En 2014 apareció públicamente en televisión por primera vez, contando que él había sido quien mató a Bin Laden. Así, se convirtió en un comentarista codiciado de Fox News y en un referente de la derecha estadounidense. Hoy es un escritor con mucho éxito y un conferencista muy solicitado.
Confirmó que fue amenazado por haberle quitado la vida al comandante de Al-Qaeda, pero que no teme para nada ya que cuenta con armas, perros y cámaras.
Y por último se refirió a si el actual presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, lo hubiese mandado a esa misión. “El presidente Obama nos envió, era demócrata y creo que estaba tratando de hacer lo correcto para todo el mundo. Estoy seguro de que Trump hubiera hecho lo mismo y también Bush. Todos en este caso habrían dicho que sí.”, cerró.

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