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La mata hari judía: La increíble historia de la espía Shulamith Cohen Arazi

La mujer argentina-israelí que ayudó a cientos de personas en el Líbano a emigrar al naciente estado judío. Shulamit Cohen es conocida como la “Mata Hari judía”, fue una figura clave en la prehistoria del Mossad. Detenida, torturada y condenada a muerte, logró volver a Israel, donde falleció a los 100 años.

Nació en Buenos Aires pero su mudó a Jerusalén a los 7 años junto a su familia. A esta mujer en Israel la consideran como la personificación de los primeros años de la inteligencia israelí y del Mossad, la pionera de las mujeres espías. En cambio, en los países árabes, la muestran como una verdadera Mata Hari, o peor aún, una inescrupulosa madama que no temía traficar favores sexuales a cambio de información. Shula se casó con un comerciante libanés y se instaló en Beirut, donde entabló relaciones con funcionarios del gobierno y el establishment del Líbano.

Ella escribió una de las mejores, más controvertidas y heroicas páginas de los albores del espionaje israelí. Y, como la mayoría de los personajes en las historias que componen el relato del ya largo conflicto entre árabes e israelíes, Shula es pintada con muy distintos colores en los retratos de uno y otro lado. Su historia es la de una mujer que a los 16 años se casó con un comerciante libanés, se fue a vivir a Beirut, crió siete hijos, trabajó con la comunidad hebrea en la ciudad, desde allí trabó amistad con altos funcionarios civiles y militares, y en algún momento decidió aprovechar la situación para ayudar en las operaciones de emigración judía hacia lo que luego sería Israel. Después de muchos años fue descubierta, interrogada, torturada y condenada a muerte, su castigo fue cambiado a una pena de prisión, pasó tiempo en la cárcel y, tras la Guerra de los Seis Días de 1967, pudo volver a Israel como parte de un intercambio de prisioneros.

Shulamit Cohen
Shulamit Cohen, o simplemente Shula, como se la nombra en Israel, vivía en una modesta casa para ancianos en Jerusalén cuando falleció, el 21 de mayo del 2017, a los cien años de edad.

Eso ya alcanzaría para alimentar la escritura de una novela. Pero la vida de Shulamit tuvo, por si hiciera falta, todavía más condimentos. Shula conseguía información sobre ataques que planificaban militares del Líbano y Siria contra poblaciones judías en Palestina y comenzó a pasarla a los primigenios servicios de inteligencia sionistas. La futura espía habia nacido muy lejos de Jerusalén, en la Argentina. De todas maneras, fue poco el tiempo que pasó en Buenos Aires. La pequeña Shulamit Cohen Arazi, que había nacido en 1917, se mudó con su familia al entonces Mandato Británico de Palestina cuando tenía apenas siete años. “Ella era muy chica” cuando partió desde Buenos Aires hacia Jerusalén, por lo que “no tenía muchos recuerdos” de aquellos tiempos, contó uno de sus hijos, Itzjak Levanon. A pesar de esos pocos recuerdos, Shulamit “siempre mencionaba a la Argentina con mucho amor”. Además, “cada tanto nos contaba las peripecias de su viaje desde Argentina junto a su padre, de las dos semanas en alta mar, las tormentas y el miedo” por las olas que sacudían al vapor en el que cruzó el Atlántico.

¿Qué más hizo de Shulamit Cohen una espía extraordinaria? Por lo pronto, fue una de las muy pocas espías israelíes de religión judía que pasaron tiempo encarceladas en prisiones de países árabes. Una vez creado el Estados Israel, Shula ayudó a miles de judíos en el Líbano a emigrar hacia allí. “Por eso Shula fue tan celebrada, fue muy valiente, no hay duda de que los agentes del contraespionaje libanés torturaban a sus prisioneros”, explicó el investigador Yossi Melman, especialista en asuntos militares y de inteligencia. “No habrá sido muy placentero ser una mujer espía en una cárcel libanesa en aquellos tiempos”, añadió Melman. “Hay que ponerla en una perspectiva histórica: ella fue el producto de los primeros tiempos de la inteligencia israelí”.

Shulamit cohen
“La Espía de Beirut”, del 2017, reconstruye el paso de Shula por Beirut a través de actuaciones y entrevistas.

La historia de Shulamit Cohen resultó tan fascinante que hasta la cadena televisiva árabe Al Jazeera, con base en Qatar, produjo un documental sobre su vida. Dirigido por Rania Rafei, “La Espía de Beirut”, del 2017, reconstruye el paso de Shula por Beirut a través de actuaciones y entrevistas. En la primera de estas conversaciones con expertos, un periodista palestino lanzó una sugestiva idea: “Todos los estados del mundo crean sus agencias de espionaje, pero en el caso de Israel es al revés: los servicios de inteligencia (judíos) crearon un estado”, afirmó Nasser Laham. En el caso de Shulamit, no podía ser menos cierto. Es que la espía nacida en Argentina tuvo como principal tarea estimular y proteger la emigración de los judíos del Líbano y de Siria, primero al Mandato Británico Palestino y luego a Israel, trabajando bajo instrucciones de los servicios de inteligencia sionistas.

Después de la partición de Palestina decidida en 1947 por las Naciones Unidas, y más todavía cuando estalló la guerra tras la creación del estado de Israel en 1948, la ola de violencia contra los judíos en los países árabes impulsó dramáticamente la emigración ilegal, una ola que necesitaba de la ayuda de gente como Shulamit. Ella era además una mujer sofisticada con una intensa vida social. Su acceso a las altas esferas la convirtieron en un “activo” invaluable para el espionaje judío. Según cuenta la propia Shulamit, su primer coqueteo con el espionaje se produjo durante una fiesta en la casa presidencial, adonde escuchó a dos militares, uno sirio y otro libanés, hablar sobre un posible ataque a las poblaciones judía en Palestina.

Decidida a avisarle de alguna manera a los jefes de la Haganá, las fuerzas militares judías en los territorios bajo el mandato británico, Shulamit se acordó de sus tiempos en el movimiento scout y de cuando había aprendido con ellos a escribir con tinta invisible. “No es algo que se pueda comprar en un negocio, sino que se prepara en casa”, recordó en la entrevista, realizada en la casa de ancianos en la que vívía, en Jerusalén. “Tomé un papel y escribí en inglés, porque no me atrevía a hacerlo en hebreo, ya que si me atrapaban, me esperaba la horca”, siguió.

La carta estaba dirigida a una de sus hermanas y la envió a través de un empleado de uno de los clientes árabes del negocio de su marido. En la misiva hablaba sobre la supuesta enfermedad de otra de sus hermanas, pero en la parte “invisible” advertía sobre el inminente ataque desde el norte.
Según Shulamit, poco después le llegó otra carta, de la Haganá, con la confirmación de que su advertencia había permitido desbaratar la acción sirio-libanesa.

Aquello fue el inicio de la carrera de una espía que actuaría bajo el nombre en código de “La Perla” hasta 1961, cuando alguien la traicionó y fue arrestada por las autoridades libanesas.

Los agentes de contraespionaje “me preguntaron todas las preguntas que se le pueden hacer a un espía, dónde estaba el transmisor, cuál era el código para descifrar los textos, dónde estaban esos documentos”, contó Shula en una biografía publicada en 1980 por el periodista Aviezer Golan. “Yo solamente los miré a los ojos y les dije que no sabía siquiera qué es un espía, que ellos estaban acosando a una simple ama de casa”, recordó en el libro.

Según la reconstrucción de aquellos episodios, Shulamit fue torturada durante los interrogatorios pero no confesó. Luego, al celebrarse un juicio militar, fue colgada boca abajo, desnuda, con un médico al lado que controlaba su pulso y la reanimaba cuando se desmayaba. Heridos en el orgullo nacional, los medios libaneses y de la mayoría de los países árabes reclamaban sangre, con titulares como “Muerte a la Mata Hari Judía” y con artículos de primera plana en las que aseguraban que concedía favores sexuales o entregaba mujeres a oficiales de Beirut para conseguir datos.

Ella era “una mujer que mecía una cuna con una mano y con la otra alborotaba el mundo”, llegó a decir un periódico árabe. En un primer momento fue condenada a muerte y temió que le ocurriese lo mismo que a otro famoso espía israelí, Eli Cohen, quien fue sentenciado a muerte en Siria y permaneció colgando en la horca por tres días. “Si Eli Cohen estuvo colgando tres días, tú estarás una semana”, recordó Shula que le dijo un carcelero. Sugestivamente, cuando se apeló la sentencia, la condena de Shula se redujo a siete años en la cárcel. Cuando ya le quedaba poco tiempo, fue intercambiada por 500 prisioneros libaneses tomados durante la Guerra de los Seis Días y regresó a su país como una heroína. Allí recibió homenajes, se escribieron incontables artículos y algunos libros.

Cuando falleció, los medios árabes que se acordaron de ella lo hicieron retomando las acusaciones en su contra. “Para mi -dijo por su lado Levanon, uno de sus hijos- ella fue una heroína, en especial si se toma en cuenta los años en que ella estuvo activa, el ambiente social en el que se movía y el hecho de que nunca dejó de ser una buena madre para nosotros”. “Y lo hizo todo -concluyó Levanon- por amor a Israel y al pueblo judío”.

Shulamit Cohen, o simplemente Shula, como se la nombra en Israel, vivía en una modesta casa para ancianos en Jerusalén cuando falleció, el 21 de mayo del 2017, a los cien años de edad.

 

Fuente: Infobae

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