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Sobreviviente de la Shoá, consejera sobre buen sexo y amante de Israel

Será legítimo discutirlo como tema de fondo, pero difícil polemizarlo con ella misma, que siendo hija única, perdió a su familia en la Shoá, quedó huérfana a los 10 años, y fue enviada a un orfanato en Suiza del que recuerda la crueldad de la mujer encargada de los niños , aunque aclara que eso , por otra parte, reforzó el sentimiento de unidad con los demás niños que vivían la misma penuria.

La vemos sentada en un café en el centro comercial Malja de Jerusalem y nos acercamos , contándole que durante años tratamos de entrevistarla y nunca lo habíamos logrado. Nos responde con una amplia sonrisa, con su característico acento alemán (tanto cuando habla en hebreo como en inglés) y explica que su agenda está repleta, pero se interesa por nosotros y al oir sobre Uruguay, nos hace sentar para empezar la entrevista en ese instante.

“Es que mi mejor amiga en Estados Unidos es uruguaya, que llegó con sus padres de Alemania a los 3 años de edad”, cuenta , recalcando que esta mención no puede quedar fuera de la nota, a lo cual accedemos con gusto.

Dr. Ruth cuenta con entusiasmo sobre su apuesta por la vida, sobre el haberse hecho famosa gracias a su dedicación a un tema que siempre resulta interesante, en el que considera que ha sabido combinar sus conocimientos con su estilo muy peculiar. Menciona casi al pasar que podría haber muerto en la Shoá y que perdió a sus padres de niña . Detrás de ello están imágenes que no sería lógico que desaparezcan: haber visto a su abuela intentando “sobornar” con monedas a hombres de la SS para que no le hagan nada a su hijo, el padre de Ruth; haber visto a su padre subir al camión nazi sin saber si volvería y haberlo perdido a él y el resto de la familia más adelante en un campo de concentración. La Dra. Ruth, como todos la llaman hoy, que ríe mucho y habla de la alegría de vivir, pudo salir de la Alemania nazi en aquellos años en un tren de “kindertransport” para el que una de las condiciones era que al menos uno de los padres hubiese sido llevado ya por los nazis.

“Yo siempre digo que quienes, como yo, no murieron en la Shoá, tienen la obligación de hacer ´tikun olam´, o sea de corregir el mundo, de ayudar a resolver problemas. Lo que nunca había imaginado, sin embargo, era que lo haría dedicando gran parte de mi vida a hablar de sexo”, nos dice.

¿Es una decisión que hay que tomar todos los días, después de lo que usted vivió, de apostar a la vida con una actitud positiva?, preguntamos.

“Sí, todos los días hay que tomar esta decisión. Es cierto. Todos los días”, responde. Y a pesar de lo vivido de niña, no tiene problemas al respecto porque su resumen, asegura, le ha dado a ella la victoria. “Tengo dos hijos y cuatro nietos. Hay una obra de teatro sobre mi vida y al final, la actriz que me protagoniza, muestra una foto, en la que están mis nietos. Y dice lo que son mis palabras: Hitler murió y yo estoy viva. Y el “tikun olam”, el esfuerzo por arreglar el mundo, está simbolizado en la foto de mis nietos. Sin duda, tengo suerte. Estoy sana, en cuerpo y alma. Y al levantarme cada mañana, agradezco a Dios”.

El estar sana no es poca cosa, no sólo por su edad, sino porque justamente al cumplir 20 años, resultó gravemente herida por un mortero que los jordanos dispararon desde Nebi Samuel hacia Jerusalem y cuyas esquirlas le dañaron seriamente las dos piernas. También aquí introduce una sonrisa , al contar que un cirujano alemán la operó en el Hospital Hadassah y aclarando que “no es por eso que soy tan bajita, y además, por suerte, a pesar de aquella herida en las piernas , si tengo con quién, puedo bailar toda la noche”.

Se torna nuevamente un poco seria y agrega: “Cuando vengo de Tel Aviv a Jerusalem, y paso por Bab el Wad, o sea Shaar Hagai, nunca me duermo, porque siempre quiero rendir homenaje a los restos de blindados que están a un costado del camino.Es que si no hubieran subido a Jerusalem, quizás hoy yo no estaría con vida”.

Ruth llegó a Israel , a la entonces Palestina del Mandato Británico, apenas terminó la Segunda Guerra Mundial, con 17 años. Vivió dos años en un kibutz, creyó que esa sería su vida pero finalmente cambió de rumbo. Estudió para ser maestra jardinera, viajó a París con David, su primer esposo, que estudió allí medicina. Se separaron sin tener hijos y continúan siendo amigos hasta el día de hoy. Luego se casó con “un muchacho muy apuesto al que conocí en Francia, pero que me resultó aburrido por lo cual me separé después de tener una hija” y finalmente conoció a quien fue su esposo durante casi 40 años, Fred Westheimer, con quien tuvo un varón.

Vivió casi toda su vida en Estados Unidos, donde ha hecho su carrera, habiéndose dedicado primero al tema de la planificación de la familia, en investigación. “Hice muchos seminarios sobre el tema, y me di cuenta que había una necesidad de desarrollar la educación sexual. Ya tenía doctorado en investigación familiar y pasé a ser terapeuta en sexología, para problemas sexuales”, recuerda. Enseñó en Yale y Princeton y hoy sigue haciéndolo en el Seminario de Maestros de Columbia.

” Hoy en día, el hecho es que hasta en los taxis me hacen preguntas sobre el tema. También ahora me pasó, en Jerusalem, y cuando el taxista me comenzó a contar sobre sus problemas, le recomendé que vaya a un urólogo antes de consultar con un terapeuta sexual”.

La apertura con que habla de sexo , puede chocar a gente religiosa, aunque ella misma, de niña, vivía en un hogar ortodoxo y recuerda que acompañaba a su padre a la sinagoga. “Hoy en Estados Unidos voy a dos sinagogas, una conservadora a la que va mi hija y una reformista al lado de mi casa. Y es excelente tener dos, porque así, cuando no estoy en una, creen que estoy en la otra”, bromea. En tono un poco más serio, asegura que “no puedo estar en Jerusalem sin ir al Kotel y cumplir con la tradición de poner un papel entre sus piedras, pidiendo siempre alegría de vivir, con salud”.

A pesar de los cambios que ha habido y del hecho que hoy no es tabú hablar de sexo, en general la gente lo ve como un tema demasiado íntimo y personal como para tratarlo públicamente ¿no es así?

Sin duda. Me parece que eso no cambiará nunca. Creo que es importante no tener verguenza de plantear preguntas sobre sexo .Yo soy muy didáctica para responder, pero si no sé la respuesta, digo enseguida que no puedo ayudar. Hay que enseñar a enfermeras, asistentes sociales, médicos, a plantear las preguntas correctas, de modo que la persona pueda explicar qué problema tiene o pueda decir “gracias, está todo bien”. Si no se sabe preguntar, es muy difícil hablar sobre el tema.

¿Es especialmente difícil hablar del tema con gente religiosa, por pudor, por temor a que se tome como falta de modestia?

A veces sí, por supuesto. Te diré que conozco bien la temática de “teharat hamishpaja”, las reglas de pureza que se mantienen en la relación matrimonial. No las voy a sugerir a nadie que no sea religioso, pero a las familias que sí lo respetan, les digo que tienen mucha suerte. Durante doce días no pueden mantener relaciones sexuales, los días de la menstruación y otros más para garantizar la “limpieza”. Y les digo que después de doce días, si tienen buen vínculo, al volver a tener sexo, será excelente. Pero si la relación no es buena, nada ayudará, tampoco terapia sexual. La base es que la relación sea buena.

¿O sea que aunque pueda haber buen sexo sin amor, usted considera que el sentimiento es clave para garantizarlo?

Yo soy muy tradicionalista en este punto. Creo que para que la vida sexual sea muy buena, tiene que haber un vínculo , es importante que a uno le importe del otro. Así ella aprenderá cómo satisfacerlo a él y él aprenderá cómo satisfacerla a ella.

Mucho depende por cierto del tema cultural, de la idiosincracia. ¿Pero hay algún consejo que usted le puede dar a cualquier mujer o cualquier hombre, independientemente de su trasfondo?

Si estamos aquí sentadas y ves pasar un hombre que te parece muy apuesto y te atrae, puedes guardarte eso en tu cabeza, pero en silencio. Y de noche, cuando estés con tu esposo, puedes pensar en ese hombre, pero sin decirle en qué estás pensando.Esto sirve, claro, también para el otro lado, para los dos sexos.

O sea que la imaginación es importante…

Por supuesto. Usar bien la imaginación es un buen consejo, pero sin hacer comentarios. Y otra cosa que diría a cualquiera, es que es bueno ser activos en sexo también en edad avanzada, siempre que se pueda. La base de la satisfacción sexual es estar seguros de que se sabe cómo puede funcionar bien, porque si una mujer tiene que fingir que queda satisfecha, es terrible.

Mientras estamos sentadas, son varias las mujeres que reconocen a Dr. Ruth de haberla visto en televisión, se acercan a saludarla, le piden tomarse una foto con ella. Algunas, con un guiño, le agradecen los consejos. Una señora que pasea con su nieto en el cochecito de bebé, le larga una mirada pícara y comenta: “¿Vio qué hermoso. Se ve que habrá habido aquí buen sexo ¿verdad?”.

Dr. Ruth se ríe a carcajadas. Y resume: “Siempre que vengo a Israel disfruto de ver a la gente, de lo que se ha hecho. Aquí pasan judíos muy variados, veo a los de origen etíope, veo también a las mujeres árabes con la cabeza cubierta, todos aquí con mucho dinamismo. Y disfruto más que nada de ver tantos bebés, tantos niños. A pesar de todas las quejas y las dudas que la gente tiene preguntándose qué pasará, la vida es fuerte aquí. Se sigue adelante. Y eso es lo principal”.

Fuente: Semanario Hebreo JAI

Reproducción autorizada citando la fuente con el siguiente enlace Radio Jai

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