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“Decidí que caminaría”. Entrevista a Noam Gershony, expiloto de las FDI

Vida, mucha vida; pasión, mucha pasión; es lo que proyecta este apuesto hombre de 35 años cuyo cuerpo fue roto al caer de un helicóptero en 2006, durante la segunda guerra de Líbano.

No podía moverse, no podía comer. Dos años y medio sin caminar. Cuando le dieron su silla de ruedas, fue imparable. Su amor por la vida lo llevó desde el esqui en el Monte Hermón hasta Londres 2012, donde prometió: “No vuelvo sin medalla de oro”. Cuando escuchó sonar el himno nacional de su país, sollozó. Era el resultado de las largas jornadas de rehabilitación, los picos de desesperación, las mejoras y los retrocesos de su tratamiento en Beit Halojem, el centro de rehabilitación para los soldados heridos que hoy cuenta con filial en México.

Gracias a los cuidados de Beit Halojem, que está a la vanguardia de la tecnología israelí, el discapacitado que yo iba a entrevistar entró …caminando, con la ayuda de un dispositivo que se fija a la cadera.

Estaba un poco deprimida al llegar. Me propuso tomar un café antes de la entrevista. Nos reímos mucho.

Salí llena de esperanza. La energía de este héroe es contagiosa. La vida no es para tristear. La vida es para luchar con todo lo que se tiene y para conquistarla.

El día de la presentación de Beit Halojem México, cuando le tocó hablar, Noam Gershony aventó sus muletas al suelo. Se quedó erguido, porque erguido es una postura ante la vida, ante el destino. Porque es una decisión.

Porque erguido está Israel, nación judía entre las naciones.

EN VOZ DE NOAM GERSHONY

EL ACCIDENTE Y LA REHABILITACIÓN EN BEIT HALOJEM

Tengo 35 años, nací en Israel. Fui herido en combate hace doce años durante la Segunda Guerra del Líbano. El helicóptero que volaba se estrelló y tuve mucha suerte de que lograron salvarme la vida. Estuve hospitalizado durante mucho tiempo.

Chocamos contra otro helicóptero. Perdimos el control a casi 2 kilómetros de altura y nos estrellamos. Mi compañero murió en el accidente, pero los médicos lograron salvarme. No recuerdo nada de esa noche. Desperté en el hospital después de una semana y me contaron lo que había sucedido. Mi vida cambió desde entonces.

En un principio no lo entendí, pero desperté en el hospital sin poderme mover. No podía hablar. Estuve hospitalizado en cama durante 6 meses y luego fui sometido a un año de terapia, porque me rompí varias partes del cuerpo. Me rompí los brazos, las piernas, la espalda y la mandíbula. Necesitaba rehabilitación.

Al principio no podía caminar porque tengo una pierna paralizada. Así que tuve que volver aprender a caminar y tomó mucho tiempo, tomó 2 años y medio. Estuve en silla de ruedas durante 2 años y medio. Tomó mucho tiempo.

Hubo un gran cambio de ser un piloto en las FDI volando helicópteros a una persona discapacitada en silla de ruedas. Es un gran cambio en la vida diaria por supuesto, pero también… al principio pierdes tu autoestima, y crees que no puedes hacer nada porque estás en una silla de ruedas cuando anteriormente hacías grandes cosas. Pero debes cambiar tu perspectiva, tomar decisiones y trabajar duro.

En primer lugar, recibí un gran apoyo de mi familia y amigos. Estuvieron a mi lado día con día en el hospital y aún están ahí para mi. Tuve el apoyo del ejército y del gobierno. Y tú sabes, me lesioné protegiendo a Israel, luchando en una guerra. Así que no me arrepiento de nada.

No me arrepiento de haber ingresado a la escuela de pilotos o de haber sido piloto. No me arrepiento de estas decisiones. Creo que estando en el hospital, todo esto me ayudó a pensar en mis decisiones. Yo tomé mis decisiones. Esto me ayudó a superarme y entender el nuevo estatus en mi vida.

Pero tuve suerte. Estoy vivo y sé que no debería estarlo porque sobrevivir a una colisión de dos helicópteros a casi dos metros de altura es …

Dicen que es un milagro, otros dicen que es Dios, la intervención divina, fe, no sé. Muchos en el hospital me dijeron grandes cosas como esas. Me decían que soy un milagro viviente. Pero yo sólo siento que tuve suerte. Así que en el hospital decidí que no viviré deprimido. Que independientemente de cómo salga de ahí, ya sea caminando, corriendo o en silla de ruedas, disfrutaré de la vida. Tendré una buena vida.

Creo que tiene que ver con la perspectiva. Veo a muchas personas que tiene problemas, que pasan por crisis, que tienen muchas cosas malas en su vida pero eligen vivir así. Creo que es una decisión.

CAMPEÓN OLÍMPICO DE TENIS LONDRES 2012

Cuando estaba en el centro de rehabilitación nos llevaron a Beit Halojem en Tel Aviv, un centro para soldados heridos. Ahí ves todo lo que puedes hacer con tu discapacidad. Vi las canchas de tenis, vi que se puede jugar en silla de ruedas. Vi la cancha de basquetbol, la alberca, muchas cosas que puedes hacer con tu discapacidad y quería probar de todo.

Para mi el tenis fue lo mejor. Antes del accidente me dedicaba al deporte – futbol, basquetbol, voleibol, tenis. Quería probar de todo y el tenis en silla de ruedas fue lo que más me gustó. Comencé a entrenarme ahí todos los días y fui mejorando. Empecé a competir en Israel y después de unos torneos, Beit Halojem decidió enviarme al extranjero. Le gané a uno de los mejores jugadores y de ahí en adelante seguí participando en otros eventos.

El Comité Deportivo de Beit Halojem creyó en mi. Me dijeron: “Financiamos tus viajes, a tu entrenador, tu equipo, lo que necesites. Creemos que tienes potencial”.

Después de unos años logré calificar para la selección nacional y en 2012 tuve la suerte de representar a Israel y a Beit Halojem en los Juegos Paralímpicos de Londres. La verdad no pensé que ganaría.

Cualquier atleta sueña con llegar a las olimpiadas porque es un evento que ocurre una vez en 4 años. Cada año hay torneos pero las olimpiadas son una sola vez. Calificar para las olimpiadas es un sueño vuelto realidad. Pero una vez que estás ahí quieres llevarte una medalla, porque una medalla olímpica es un logro de toda la vida. Es algo increíble. Cada vez que juego pienso que hay una probabilidad de ganar.

El tenis es un juego psicológico. Hay muchos altibajos y tienes que saber manejar el estrés, especialmente en las olimpiadas porque si pierdes el torneo, el próximo será en otros cuatro años y puede ser que ni siquiera logres calificar.

Estaba muy presionado pero mis adversarios también lo estaban. Así que tuve suerte de llegar a la final y competir contra un americano, lo cual es bueno. Es bueno ganarle a un americano. No, es broma. El último partido fue difícil pero escuché los gritos de mi familia y amigos desde las gradas. A pesar de que había una multitud de unas 5000 personas y yo tenía unos 25 amigos y familiares… Tú sabes que nosotros los israelíes estamos locos. Somos ruidosos. Así que escuché cómo me animaban. Yo miraba a mi adversario y él no creía que podía ganar. Y debes tener esperanza. Tienes que creer en ti si quieres lograr. Yo lo miraba a los ojos y él miraba hacia abajo. Esa no es una buena señal. Eso me impulsó aún más. Creo que yo estaba más relajado que él.

Y en la ceremonia… para mí escuchar el Hatikva es siempre muy emotivo. Creo que para los israelíes el himno es algo muy especial. Nuestro himno es muy emotivo. Cuando me lesioné, no pensé que poder representar a Israel otra vez.

De pronto llego a las olimpiadas, veo la bandera de Israel, escucho el Hatikva y sé que mi familia y mis mejores amigos están ahí. Ellos estuvieron a mi lado en el hospital y de pronto 6 años después estamos en las olimpiadas y observamos cómo se eleva la bandera de Israel.

Y siempre recuerdo a mis amigos que murieron en la misma guerra donde fui lesionado. Perdí a varios amigos ahí y cada vez que escucho el Hatikva pienso en ellos también. Es un momento maravilloso pero siempre es una mezcla de emociones también.

TENGO UNA BUENA VIDA

Camino con un dispositivo en la pierna que me sujeta la rodilla y el tobillo para poder apoyarme en mi pierna paralizada. Camino con bastones parecidos a las muletas. Es una tecnología alemana-israelí pero me ayuda a caminar distancias cortas. Aún uso mi silla de ruedas para distancias largas, aeropuertos o viajes, pero puedo caminar distancias cortas. No me quejo. Tengo una buena vida.

Hoy en día dejé de jugar tenis. Juego en mi tiempo libre. Todavía entreno con el equipo nacional. Juego un torneo al año en la Copa Mundial por Equipos, similar a la Copa Davis, sólo una semana al año. De hecho, Israel será el país anfitrión el próximo año. Todas las selecciones de todo el mundo vendrán a competir en el Centro de Ramat Hasharon en Tel Aviv, muy cerca de Beit Halojem.

Hoy me dedico a disfrutar de la vida. Me invitan a distintos lugares para contar mi historia. Hablo de mi servicio militar, de mi lesión, del proceso de rehabilitación. Hablo mucho del hospital y de los momentos difíciles en el hospital porque la rehabilitación no es lo que la gente piensa. El proceso de rehabilitación está lleno de altibajos y no necesariamente vuelves a lo que eras antes. Yo no lo entendí en un principio pero lo aprendí.

Creo que todos pueden recuperarse y ver lo bueno que tienen en la vida, incluso cuando las cosas se ven mal, y parece que no hay esperanza. Cuando todo se ve negro. Porque yo estuve ahí durante mi estancia en el hospital. Sé lo que es el cambio, algo que no planeas, como una gran sorpresa. Pero no una buena sorpresa.

Hablo de esto y también de las cosas buenas de la vida. Todo es cuestión de perspectiva y de como cambiar tu perspectiva para mirar el lado bueno de las cosas.

Cuando servía en el ejército me faltaban 5 o 6 años para terminar mi servicio y pensaba que sabía lo que me esperaba. Tenía planes para los próximos 6 años. Lo sabía todo. De pronto, todo cambió en una sola noche. Luego llegué al hospital. Después de unos años empecé a jugar tenis y a participar en campeonatos alrededor del mundo. Hoy cuento mi historia. Así que dejé de planear. No sé qué pasará, pero serán cosas buenas.

Reproducción autorizada citando la fuente con el siguiente enlace Radio Jai

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