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El chavismo, Israel y el antisemitismo

Desde hace muchos meses la crisis humanitaria, política y económica de Venezuela ha ocupado las principales páginas de los periódicos internacionales. En particular, durante la semana última, Venezuela nuevamente ha sido uno de los objetos centrales de los medios de comunicación, esta vez por un supuesto atentado realizado en contra de Maduro. El mandatario ha acusado a Colombia, incluyendo al ex presidente Santos, así como a Estados Unidos, de este ataque, que más pareciera tener las características de un autoatentado que de una conspiración internacional para derrocarlo.

Aunque en esta ocasión particular Israel no ha sido aludido ni acusado, al menos públicamente, son múltiples las oportunidades en que, antes Chávez, ahora Maduro, han dirigido su diatriba en contra de Israel, del sionismo y de los judíos. La postura fuertemente antisemita y antisionista del chavismo tiene un hito importante en las relaciones estratégicas que el entonces presidente Chávez estableció con el régimen islámico de Irán. Estas relaciones entre Caracas y Teherán se fortalecieron aún más desde 2006 cuando asumió el presidente iraní Mahmud Ahmadineyad, quien defendió un “mundo sin sionismo”, llamando a “borrar a Israel del mapa”.

En 2007 se inauguró un misterioso vuelo aéreo entre Caracas, Damasco y Teherán, tres capitales de gobiernos que son abiertamente antisemitas y antiestadounidenses. Es misterioso porque se trata de un vuelo más político que económico, puesto que resultaba altamente costoso, con la sospecha de que se transportaría uranio a Irán. El mismo año, Chávez defendió el programa de energía nuclear iraní, acusado por la Agencia Internacional de Energía Atómica y por Israel de buscar el enriquecimiento de uranio con fines bélicos. En enero de 2009, en el contexto de la guerra en Gaza, el gobierno de Chávez, siguiendo la misma medida tomada por Bolivia, decidió romper relaciones con Israel. Sin embargo, esta decisión no fue aislada, puesto que coincidió con una serie de incidentes antisemitas. Siempre en el contexto de la guerra en Gaza, se produjo un ataque a la sinagoga Tiferet Israel y se arrojó una bomba a la sinagoga ortodoxa Beit Shmuel, ambas en Caracas. Aunque no existen antecedentes suficientes para involucrar directamente al régimen de Chávez en estos incidentes, ha existido una atmósfera general de hostilidad hacia Israel y los judíos por parte del chavismo. De hecho, en 2007 la policía secreta realizó una redada en el Centro Hebraica, el que fue denunciado por la Confederación de Asociaciones Israelitas de Venezuela (CAIV).

El gobierno de Maduro ha seguido en la misma línea. Desde las propias elecciones presidenciales de 2013, en que participó Henrique Capriles, de origen judío, Maduro acusó a este de representar al “capitalismo sionista” y defender al lobby judío. Desde el 2013 ha seguido un hostigamiento a la comunidad judía, la quema de banderas de Israel y el cierre de centros comunitarios y sinagogas. En junio de 2018 un informe del Departamento de Estado de Estados Unidos señaló que los judíos venezolanos eran objeto de constantes mensajes antisemitas por dirigentes gubernamentales y los medios de comunicación controlados por el régimen. El informe agrega que desde el oficialismo se ha negado o trivializado el Holocausto. Al mismo tiempo se señala el caso del ex alcalde del municipio El Hatillo, David Smolansky, miembro de la comunidad judía venezolana y opositor político, quien debió huir del país en septiembre de 2017. La CAIV acusó que el antisemitismo fue determinante en la persecución del régimen contra Smolansky, quien era considerado por los medios de comunicación chavistas como un “agente sionista”.

El informe del Departamento de Estado es concluyente al señalar que los medios de comunicación chavistas están plagados de mensajes antisemitas. Gran parte de estos mensajes han aparecido en dos sitios de internet: Aporrea.org y La Iguana, donde se han publicado noticias minimizando el Holocausto, acusando al “sionismo internacional” de controlar la Casa Blanca, comparando a Israel con la Alemania nazi. Todo esto, sumado a la fuerte crisis económica, ha llevado a gran parte de la comunidad judía venezolana a emigrar hacia otros destinos, especialmente Panamá y Miami, estimándose que de los 25.000 judíos que existían en la década de 1990, ahora quedan alrededor de 9.000.

El antisemitismo y antisionismo del chavismo es compartido por otros gobiernos “bolivarianos”, como Evo Morales de Bolivia y Daniel Ortega de Nicaragua. Estamos en presencia de un fuerte populismo de extrema izquierda, que manifiesta cuatro dimensiones del antisemitismo político actual: primero mantiene lazos con la tradición negacionista de la Shoá, segundo propende frases antisemitas en perspectiva cristiana (asociaciones del judaísmo con los grandes banqueros y la corrupción), tercero manifiesta a través de vías diplomáticas una hostilidad hacia el estado de Israel (favorecida por su relación con Irán) y, finalmente asocia a centros de estudios hebraicos con agentes de la Mossad (Fregosi, 2009).

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