De la picardía del Rebe a la caída de Adorni
Es conocida la saga de la fotografía que este servidor tomó y difundió de la visita del presidente Milei y su comitiva hace 107 días al Ohel. Fue esa imagen del jefe de Gabinete y vocero presidencial, Manuel Adorni, con su esposa, la que dio origen a la peor crisis política del gobierno de Javier Milei.
El periodista Emiliano Russo, de Clarín, uno de los pocos que conocía el rostro de la esposa del jefe de Gabinete, investigó cómo había viajado: en el avión presidencial. Una situación que contradecía una resolución que el propio funcionario había firmado días antes sobre las delegaciones oficiales.
Lo que vino después es la muestra cabal de la soberbia, la torpeza, la corrupción y la disfuncionalidad del sistema.
Desgraciadamente, el gobierno, en lugar de aprovechar esta crisis y otras anteriores para corregir anomalías históricas, las evadió y desperdició.
Los Adorni, Spagnuolo y el “3%” nos llevan directo al nudo del financiamiento de la política y de los políticos. Fue Néstor Kirchner quien explicitó que para hacer política se necesita “caja”. Y claro: en el mundo de lo irregular, esa caja se alimenta de todo tipo de ilícitos. De paso, cuando la corrupción es la regla, algunas “cajitas”, más chicas o no tanto, quedan también para los gestores políticos.
En la ficción y la hipocresía de que un ministro o funcionario jerárquico cobre una retribución menor a la que el rol exige, se abre la puerta a robar para la corona y para las coronitas. Es una forma de habilitar culturalmente los negociados del Estado, los favores y los sobresueldos.
Un funcionario por cuyas manos pasan decisiones de miles de millones debe percibir honorarios acordes, al menos similares a los de un par del sector privado.
Reformar el Estado y luchar contra la casta no es solo despedir a miles de empleados “ñoquis”. Es reformar y honestizar el Estado mismo.
Porque la corrupción, como el instinto del mal, es inherente a la condición humana. Por eso la Torá prescribe leyes que controlen y castiguen esos impulsos. Ya Deuteronomio 17:18-20 ordena al rey: “Tendrá consigo una copia de esta Torá… para que aprenda a temer a Hashem… a fin de que no se ensoberbezca sobre sus hermanos, ni se aparte del mandamiento ni a derecha ni a izquierda”. Es decir: administrar con verdad y justicia.
La Torá no busca santos. Conoce al ser humano. Por eso las mitzvot son vinculantes: marcan con claridad lo que se debe y no se debe hacer. Y existe incluso el concepto de siag, una “valla” o frontera que se pone antes de la transgresión para evitar caer en ella. Ese principio debe aplicarse en todos los ámbitos de la vida, y con mayor razón cuando se administran fondos públicos.
El gobierno de Milei llegó al poder con ese mandato. Traicionarlo le ha costado un severo castigo en la opinión pública. Y en la medida en que no vaya al fondo del problema, seguirán apareciendo los “Adornis” de turno, y terminará transformándose en la casta que tanto criticó.
Ojalá el Presidente escuche las enseñanzas del Rebe. La Torá marca un camino claro para administrar un Estado a partir de la verdad y la justicia.
Miguel Steuermann, director general
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