Homenaje a Florín Manoliu: el diplomático que salvó judíos y fue reconocido como Justo entre las Naciones – Raúl Woscoff
Este domingo se realizará un homenaje en el Cementerio Británico de Buenos Aires a Florín Manoliu, un diplomático rumano reconocido como Justo entre las Naciones por su papel en el rescate de judíos durante la Shoá. Aunque Argentina no cuenta con ciudadanos distinguidos con ese título por Yad Vashem, sí alberga los restos de quien arriesgó su vida para salvar a miles de personas y dar a conocer al mundo la existencia de los campos de exterminio nazis.
En diálogo con Radio JAI, el abogado e investigador Raúl Woscoff repasó la historia de Manoliu, quien durante la Segunda Guerra Mundial integró una red humanitaria de diplomáticos en Budapest junto a figuras como Raoul Wallenberg, Carl Lutz y Giorgio Perlasca. Allí colaboró en la distribución de miles de salvoconductos y transportó información crucial sobre el funcionamiento de los campos de exterminio.
Woscoff explicó que “Manoliu no solo colaboró en el salvataje de numerosos judíos mediante los salvoconductos, sino que también llevó la primera información sobre los campos de exterminio que llegó a conocimiento de Estados Unidos e Inglaterra”.
Tras la guerra, el régimen comunista confiscó sus bienes en Rumania y Manoliu emigró junto a su familia a la Argentina. Se radicó en Bahía Blanca, donde fue profesor de Economía en la Universidad Nacional del Sur. Durante años, su historia permaneció prácticamente desconocida.
El dirigente recordó que un grupo de investigadores y miembros del Centro Raoul Wallenberg de Bahía Blanca impulsó la difusión de su legado hace más de dos décadas. “Sentíamos que teníamos una cuenta pendiente con Manoliu y que era necesario darle el reconocimiento que merecía”, afirmó.
El homenaje de este domingo buscará precisamente saldar esa deuda histórica mediante la colocación de un monolito en su memoria.
Woscoff también reflexionó sobre el significado de quienes fueron reconocidos como Justos entre las Naciones: “Muchos de ellos, cuando les preguntaban por qué habían hecho lo que hicieron, respondían simplemente: ‘Era lo que había que hacer'”.
Finalmente, destacó el valor moral de estos diplomáticos que arriesgaron su vida para salvar a otros. “Esa es la diplomacia de la dignidad, la que enaltece al ser humano y nos permite mantener todavía cierta esperanza en la humanidad”, concluyó.
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