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Donald Trump, Xi Jinping y la Guerra del Peloponeso

En la columna de hoy, la Historia, va ser un instrumento formidable para entender el escenario internacional actual y su evolución, y comenzaré por recordar una frase, “el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra”, y hace referencia a la tendencia humana a repetir errores, aún sabiendo sus consecuencias adversas, aunque como añadió el filosofo español José Ortega y Gasset, con visión superadora, “también somos los únicos capaces de levantarnos infinitamente”.-

Dicho esto, me voy a valer de la Historia, abordando brevemente la “Guerra del Peloponeso”, un conflicto que se dio entre los años 431 y 404 a.e.c., en la Grecia antigua, y que tuvo como actores, por un lado a Atenas, liderando la Liga de Delos, que enfrentó a una Esparta, que era la cabeza de la Liga del Peloponeso, el motivo de la guerra fue, el crecimiento de Atenas, y la victoria de Esparta, provocó la caída de Atenas,  y un mundo griego devastado, que causó el debilitamiento de las Polis griegas, una extendida crisis económica y el principio del fin del mundo clásico.

Ahora bien, ahondando las causas de aquel conflicto, y con eso me voy proyectando al presente, fueron las siguientes, Esparta era la potencia dominante en aquella época, y percibió a Atenas como una amenaza por su expansión naval, tras constituirse en la gran protagonista de la victoria en las Guerras Médicas, convirtiéndose entonces en la potencia emergente, y si bien, como lo señalé precedentemente Esparta salió triunfante, esto abonó el terreno para lo que vino, el dominio macedónico de la mano de Alejandro Magno de toda Grecia.

Hasta acá, por ahora me he valido del bastón de la Historia, vayamos entonces a la actualidad, la semana ppda., se produjo el encuentro entre el presidente estadounidense Donald Trump y su igual chino, Xi Jinping, una reunión de innegable importancia y relevancia, tanto geopolítica como geoeconómica, pues son quienes dirigen las dos más grandes potencias globales.

La reunión entre ambos presidentes ha dejado, que en asuntos económicos y comerciales, se logró una estabilidad consensuada, que en cierta forma, ratifica la tregua comercial acordada en octubre del año pasado, en el encuentro en la ciudad de Busan, en Corea del Sur, y también hubo un acuerdo en la necesidad de reforzar, no sólo las comunicaciones, sino también, lograr coordinar en cuestiones regionales e internacionales, por el caso, coincidieron en que la República Islámica de Irán no debe acceder a un arma nuclear, como asimismo, el desbloqueo del Estrecho de Ormuz.

Veamos, en el marco de las relaciones económicas, Beijing ha manifestado su interés en la compra del petróleo y la soja estadounidenses, sin descartar otros productos agrícolas, y esto es en parte, una muestra del acercamiento de posiciones, pues recordemos, que China había suspendido la compra del crudo estadounidense tras la imposición de aranceles por parte de Donald Trump, y redujo la compra de soja, recurriendo entonces a la de Brasil.

Siguiendo en el marco económico, se puede deducir, pese a que no se ha especificado lo acordado entre ambos mandatarios, que las tensiones comerciales han bajado, y la ampliación de la cooperación económica, responde por un lado, a la importación de petróleo por parte del gigante asiático, y por otro, a las preocupaciones de Washington por esa dependencia china del crudo de Medio Oriente, en el contexto del conflicto con Irán, en síntesis, se bajaron las tensiones comerciales y tecnológicas, y además de la firma de posibles acuerdos  en el sector energético, se acordaron inversiones bilaterales.

Otro ítem abordado, y de significativa importancia, ha sido el de las Tierras Raras y los Minerales Críticos, con los cuales son esenciales en la fabricación de chips, destinados tanto al sector automotriz, como a los sistemas de defensa de última generación.

Al respecto, recordemos, que previo a esta última reunión, ambas partes habían chocado, por el lado de los EE.UU., en lo que hizo al refuerzo de los controles en las exportaciones, mientras que China, implementó restricciones al procesamiento de las Tierras Raras, y recordemos que alberga las mayores reservas, cerca del 49% global y ejerce el dominio sobre la cadena de suministro mundial, y del 70% al 90% del refinamiento, pero también las restricciones se extendieron a la exportación de algunos minerales estratégicos, como ser el Germanio y el Galio, el primero se utiliza en óptica infrarroja, en fibra óptica y en la electrónica especializada en alta velocidad, como ser en semiconductores, el segundo, también se lo utiliza en dispositivos de alta velocidad, en las tecnologías de las comunicaciones y de las energías renovables.

Sin embargo, ambas partes son consientes que, de continuar esa situación, se fragmentaría la cadena de suministros tecnológicos a nivel global, y que daría lugar a la incompatibilidad de dos sistemas, que perjudicaría a las dos potencias, por eso, si bien no se puede hablar que hayan llegado a una solución definitiva, si que han acordado parar con una dinámica que desnudarían sus vulnerabilidades, un ejemplo de la interdependencia compleja.

En cuanto a cuestiones comerciales, se han anunciado las perspectivas que empresas estadounidenses de servicios financieros, establezcan vínculos con mercados minoristas e incluso instituciones chinas, y en contra partida, empresas chinas del sector de energías limpias, hagan lo propio en el mercado estadounidense, un punto en común, que han encontrado ambos presidentes, en función de alcanzar puntos positivos para sus respectivos países.

Hasta aquí, parecía que todo sería transitar por los acuerdos y el consenso, sin embargo, hubo un tema donde el presidente Xi Jinping trazó una línea roja, la Cuestión Taiwán, que sin duda ha sido el tema más difícil,  y el que generó más tensiones entre las partes.

Por el lado de Washington, algo que no es negociable, es que Beijing deje de enviar al régimen de Teherán las tecnologías y componentes de uso doble, que es utilizado en el programa armamentístico iraní, pero también, no es negociable, con un mensaje fuerte y claro de Beijing, que no se podría tolerar indefinidamente la transferencia de armas a Taiwán, y en este sentido, más allá de las expresiones del Secretario de Estado, Marco Rubio, en cuanto a que una acción militar china contra la isla, sería un error catastrófico, el presidente Donald Trump, no asumió ningún compromiso a dejar de vender armamento al gobierno de Taipei, ni hizo referencia al derecho a la autodefensa de los taiwaneses, aunque es de destacar, que mandatario estadounidense le advirtió a Taiwán, que está en contra que el régimen taiwanés declare formalmente su Independencia, y que no se comprometía en ningún sentido respecto a la autonomía de la isla,  pero lo relevante ha sido, que el presidente Xi Jinping le recordó a su homólogo estadounidense, un concepto histórico y occidental, la “Trampa de Tucidides”, un concepto geopolítico, que tiene su origen en la obra del general ateniense homónimo, en su obra, “Una crónica de la Guerra del Peloponeso”, conflicto que tal como señalé, se dio en el Siglo V a.e.c., en el que su autor describió con pragmatismo, como era inevitable la guerra entre Esparta y Atenas.

Para entender el porqué el presidente chino hizo alusión a la “Trampa de Tucidides”, es necesario ampliar sobre ese concepto geopolítico, para lo cual nada mejor que acudir a los estudios del politólogo estadounidense y ex Secretario Adjunto de Defensa, Graham Allison, quién argumenta que es factible  la guerra, cuando una potencia emergente, en este caso China, amenaza desplazar a una potencia hegemónica, los EE.UU., y al respecto, en su libro “Destinados para la Guerra”, Allison estudió 16 transiciones de Poder similares, ocurridos en los últimos cinco siglos, y en donde 12 de las 16, terminaron en conflictos bélicos.

Ahora bien, si trasladamos esto a la actual situación entre los EE.UU. y China, es indudable que existe una competencia por el liderazgo global en campos como, la tecnología e I.A., en el comercio mundial, en lo espacial y en lo militar, y donde la desconfianza mutua es el común denominador, lo que hace de la Diplomacia, el instrumento idóneo para evitar la confrontación armada, tal como sucedió en los 4 casos restantes, estudiados por Allison, que no terminaron en conflictos bélicos, pero que requirieron que las partes enfrentadas,  en aceptar concesiones mutuas, es decir, la fórmula de negociación “win-win”, que es un instrumento estratégico, donde ambas partes obtienen beneficios mutuos, descartando el buscar la victoria a costo del otro, evitando así la solución “suma cero”, que es cuando esa victoria de una de las partes, equivale a la derrota del otro.

Finalizando la columna de hoy, mi reflexión es la siguiente: sin quitar lo histórico e importante de esta última Cumbre en China entre ambos líderes mundiales, Donald Trump y Xi Jinping, a mi criterio, la reunión sólo ha logrado una “pausa táctica” en el marco de una confrontación estratégica de largo plazo, por lo que hay que esperar el próximo encuentro, a llevarse a cabo en los EE.UU., en septiembre próximo, y por todo lo analizado, y en la actual coyuntura internacional, la frase para terminar es de Henry Kissinger, que dijo: “En su ensayo, el filósofo alemán Immanuel Kant, argumentó que la “paz perpetua” vendría al mundo de una de las dos maneras, por medio de perspicacia humana o por conflictos de una magnitud tal, que no dejarán a la Humanidad otra opción.”.- 

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