La mecha yemení
En la columna de hoy, abordaré tres escenarios posibles que se pueden dar en el corto y mediano plazo en Oriente Medio, que tienen como denominador común, a un país que hace décadas vive un conflicto interno, y que últimamente, es un actor de significativo no sólo en lo regional, sino también a nivel global, Yemen.
Este país, se halla ubicado al sur de la península Arábiga, compartiendo esa región con el Emirato de Omán, aunque abarca las tres cuartas partes de la misma, y viene sufriendo tres conflictos, encapsulados como si fueran unas “mamuschkas”, el primero, es que se plantea por el control del país, el segundo, está dado por el histórico enfrentamiento entre Arabia Saudita y la República Islámica de Irán, y el tercero, es el regional que involucra al Estado de Israel, Gaza, Líbano y las rutas marítimas comerciales que importan al Mar Rojo.
Veamos, Yemen ya estaba dividido entre una región que se extiende desde el Golfo de Adén en el suroeste, hacia el este, frontera con el Emirato de Omán y con Arabia Saudita, la otra es, la que se encuentra a lo largo de la costa del Mar Rojo, desde el Estrecho de Bab al Mandeb hasta la frontera con el reino saudita, sirva como imagen, Yemen sería una “L” acostada, y en 1990, se dio la “unificación”, pero persistieron las divisiones, y en este escenario, llega a la presidencia, Ali Abdullah Saleh, quién gobernó durante años de manera autoritaria, manteniendo un delicado equilibrio entre los sectores tribales, religiosos, políticos y militares, y donde en la segunda de las regiones antes mencionadas, que está poblada por los Hutíes, que son zadíes, una rama del Islam Chiita yemení, que se sentían marginados por el gobierno de Saleh, con una gran influencia saudita, razón por la cual, entre el 2004 y el 2010, se enfrentaron contra el gobierno central, el que un año más tarde, en el 2011 sufre la consecuencias de la mal llamada “Primavera Árabe”, que le costó el poder al presidente Saleh, y en su lugar, asume el vice-presidente Abd Robbuh Mansur al Hadi, quién no pudo llevar a cabo una transición democrática, en un Yemen con su economía en crisis y con una parte del ejército que se mantenía leal a Abdullah Saleh.
Fue así, como los Hutíes se aliaron al ex presidente Saleh, su antiguo enemigo, y esto posibilitó que avanzaran hacia el sureste y tomar en septiembre del 2014 la capital Saná, consolidando su control en el 2015, lo que provocó que Mansur al Hadi huyera al reino saudita, y esta situación llevó a los saudíes a intervenir en el conflicto yemení, ante la posibilidad que Irán, a través de su proxi los Hutíes, controlaran el país, y por esta razón conformó una coalición de Estados árabes, con el objetivo de reponer al gobierno yemení, y es así, que la guerra civil en el Yemen, se convirtió en el escenario del enfrentamiento entre Arabia Saudita e Irán.
Ahora bien, más allá de todo el apoyo político, logístico y militar de Irán, los Hutíes también tienen sus propios intereses, tengamos en cuenta, que los Hutíes enfrentan a un bloque árabe que no está realmente unido, por un lado, el reino saudita apoya al gobierno yemení reconocido internacionalmente, por su parte, E.A.U., apoya a los secesionistas que quieren un Yemen del Sur independiente, el Consejo de Transición del Sur, los que son atacados por los saudíes, y esta división, le facilitó a los Hutíes ocupar y controlar Saná y las regiones del norte y oeste de Yemen.
Tras tres años de guerra, ninguno de los bandos en pugna lograron imponerse por completo, en el caso de los Hutíes, no consiguieron conquistar la totalidad del país, y por su lado el reino saudita no logró derrotar a los Hutíes, lo que llevó a una tregua o “alto al fuego de facto” en el 2022, bajo el paragua de la ONU , lo que dio lugar a una “guerra congelada”, hasta octubre del 2023, cuando Yemen se convirtió, ya no en un problema geopolítico local, ni regional, sino en un problema con alcance global, con efectos también geoeconómicos, por las consecuencias del accionar de los Hutíes en el estrecho de Bab el Mandeb, sobre comercio entre Asia y Europa, principalmente.
Pero, retomemos cuando en el 2022 la ONU logró establecer la tregua entre los actores de la guerra civil en Yemen, y dio lugar a lo que denominé “guerra congelada”, caracterizada por un delicado equilibrio, donde los Hutíes han mantenido y controlado Saná y la región noroeste, en las costas orientales del estratégico estrecho de Bab el Mandeb, mientras que el gobierno yemení reconocido internacionalmente, conserva la región sur y oriental, es decir, la costa del golfo de Adén, y en ese escenario, más allá de algunos enfrentamientos, pareció que podría llegarse a un status quo relativamente crítico pero no conflictivo, en particular para Arabia Saudita, que aspiraba a una frontera sur menos afectada por aquella guerra, en la que recordemos había participado desde el 2015, pero que le ocasionó un costo económico y un costo político interno, pues el conflicto se había tornado cada vez menos popular, e incluso ese sentimiento estaba extendido entre los cuadros inferiores del ejército saudita.
Es así, que los Hutíes armados y apoyados por Teherán y aprovechando la situación, sus objetivos giraron hacia el oeste, puntualmente al litoral del Mar Rojo, y sobre el importante activo que representa el tráfico marítimo para el comercio global y en particular para Occidente, y como una de las piezas del llamado “eje de resistencia” dirigido por Irán, con el inicio del conflicto en Gaza, tras el atroz ataque de la organización político-terrorista palestina Hamas, el 7 de octubre del 2023, iniciaron los lanzamientos de misiles hacia territorio israelí, y a la vez, atacaron a los buques mercantes que navegaban el Mar Rojo, y esto ocasionó que las compañías navieras eludieran esta tradicional ruta, y debieron adoptar una mucho más larga, rodeando África, que aumentó los costes de los seguros y el traslado de esos costes a los bienes y productos que transportaban.
Luego, tras el in pace del año pasado, la guerra entre la coalición estadounidense-israelí e Irán, en marzo pasado, los Hutíes reiniciaron los ataques contra Israel, y en junio, hicieron público que el estrecho de Bab el Mandeb estaría vedado para el tránsito de embarcaciones con bandera de países relacionados con Israel.
Mientras se da este escenario, directamente relacionado con el conflicto mencionado, la situación en Yemen parecía seguir viviendo esa “guerra congelada”, pero esto se acabó, cuando semanas pasadas un avión de transporte de la Fuerza Aérea de Irán aterrizó en el aeropuerto internacional de Saná, algo que no se daba en más de una década, y esto provocó la reacción del gobierno yemení reconocido, pero también de la monarquía saudita, que advirtió, que si se repetía el evento, respondería militarmente, sin embargo, el pasado 13 de julio, se volvió a repetir la situación con otro vuelo iraní, pero esta vez, el aeropuerto internacional de Saná fue alcanzado por proyectiles disparados desde el territorio bajo control del gobierno yemení, incluso su ministro de RR.EE. Shaya Mohsen al Zindani, reconoció que las FF.AA. yemenitas habían atacado el aeropuerto de Saná, para impedir que aterrizara la aeronave iraní, como respuesta a una nueva violación a la soberanía del espacio aéreo, aunque los Hutíes acusaron directamente al reino saudita, que apoya política y militarmente al gobierno de Yemen, a lo que Riad negó que aviones saudíes hayan llevado a cabo el ataque.
No obstante, con el aeropuerto de Saná atacado, el avión iraní se dirigió al aeropuerto de Al Hudayda, ubicado en las costas del Mar Rojo, controlado por los Hutíes, donde aterrizó, y en respuesta, atacaron con misiles y drones el aeropuerto de Abha, en la provincia de Asir, en el suroeste de Arabia Saudita, cercano a la base aérea Rey Khalid, desde donde se llevaron acciones defensivas, pero lo más relevante de este evento, es que constituye el primer incidente bélico reivindicado por los Hutíes desde el Alto al Fuego del 2022, y para poner en contexto la gravedad del incidente, el portavoz militar de los Hutíes, Yahya Sarea declaró, “ que la etapa de desescalada había llegado a su fin, y que las aerolíneas debían evitar a partir de ahora, el espacio aéreo saudita”, y esto se da mientras los EE.UU. ha vuelto a los ataques sobre Irán, e Irán ataca a las bases y objetivos estadounidenses, no sólo en la región del Golfo Pérsico, sino también los extiende hacia el oeste, como ha ocurrido el pasado domingo, contra la base militar de los EE.UU de Muwaffaq Salti, en Jordania, causando la muerte de tres militares estadounidenses.
Finalizando la columna de hoy, mis reflexiones son los siguientes: los recientes incidentes entre los Hutíes y el Reino de Arabia Saudita, está posibilitando la reanudación de la “guerra civil congelada”, con lo que esto significa en esa región estratégica, y plantea los siguientes escenarios: el primero, que por presiones internacionales se retorne al status quo anterior, es decir, un tenso y delicado equilibrio, bajo el paragua de la ONU y como negociador el Emirato de Omán, donde negocie la cuestión del puente aéreo entre Teherán y Saná, y donde Yemen continúe dividido y sin resolución a la guerra civil yemení; el segundo, es una guerra limitada, donde el Reino Saudita ataque objetivos Hutíes, con ayuda de Washington, tal como se lo solicitó el Príncipe heredero Mohamed bin Salman, y esto, tendría como respuesta el ataque de los Hutíes a aeropuertos, centros petroleros y ciudades del sur saudita, como así también, ataques selectivos a buques en el Mar Rojo, pero sin ofensivas terrestres, que significarían cruzar una línea roja que lleva a una guerra total, que obviamente, afectaría al comercio global con serios efectos inflacionarios y negativos en el crecimiento económico, y el tercer escenario, el más peligroso, que una escalada del segundo escenario, se constituya en un catalizador de una guerra regional, donde una ofensiva ampliada de los Hutíes, incluido el ámbito terrestre, y que implique el cierre del estrecho de Bab al Mandeb y un ataque masivo sobre Arabia Saudita, que llevaría a una respuesta de los EE.UU. y de Israel, lo que a su vez llevaría a Irán a un mayor apoyo a los Hutíes y reactivar a sus demás proxis, e incluso aumentar sus operaciones militares en toda la región, y en este escenario, en lo que hace a Yemen, quedaría dividido entre tres facciones, por un lado los Hutíes, por otro el gobierno yemení reconocido internacionalmente y tercero, por los separatistas del Consejo de Transición, tal como ocurrió en el 2018, y sin olvidar, la presencia del grupo yihadista Ansar al Sharía, franquicia de Al Qaeda, por supuesto en este tercer escenario posible, las consecuencias geopolíticas y geoeconómicas sería muy graves, pues afectaría los dos pasos marítimos, el Estrecho de Ormuz y el Estrecho de Bab al Mandeb, y de los tres escenarios, los más probables, son los dos primeros, no obstante, Yemen se puede convertir en mecha más peligrosa que encienda una guerra regional, por eso la frase para terminar es de Henry Kissinger, que dijo: “Los hechos rara vez se explican por sí mismos, su importancia, análisis e interpretación, al menos en el mundo de la política exterior, dependen del contexto y la relevancia.”.-
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