Reflexiones de coyuntura

A raíz de la visita del periodista Henrique Cymerman en Montevideo, en el marco de un encuentro con los principales líderes comunitarios judíos de Montevideo, me surgen algunas reflexiones.
Como producto de una larga y exitosa carrera, habiendo accedido a conversar con los principales protagonistas de la historia reciente (desde el Papa Francisco a Ariel Sharon, entre tantos otros), Henrique es de las pocas personas cuyas conclusiones, una vez que decide compartirlas, no son especulativas sino fundadas.
Su lectura de los hechos (muchos de los cuales sólo él conocía) y su aproximación a la coyuntura actual mostró dos virtudes: no entró en temas de política israelí y no habló desde una ideología. Su campo de visión a futuro no excedió los cinco años. Su optimismo fue cauto.
En la medida que me comprenden las generales de la ley por ser un judío que ha elegido vivir en la diáspora (fuera de Israel) pero que al mismo tiempo mantiene un vínculo muy estrecho y emotivo con aquella tierra y país, suelo hacerme seguido la misma pregunta: ¿qué queremos escuchar? ¿Qué nos convoca cuando vamos a escuchar a un experto como Cymerman?
No me cabe duda que en primer lugar queremos optimismo. El trauma sufrido por los israelíes después del 7 de octubre no es comparable con el trauma del mundo judío: en un caso fue invasión, asesinato, destrucción, y abducción, y la posterior guerra que no termina; en el caso de la diáspora fue una ola antisemita de proporciones, para la mayoría, inesperadas. Pero en ambos casos, #Oct7 es trauma. Ante el trauma, desesperadamente buscamos optimismo.
El visitante abrió su ponencia resaltando el triunfo de Israel, en año y medio, en siete frentes. Desde el punto más bajo de su desempeño aquel 7 de octubre y el shock del día siguiente, a esta realidad posicionados en la cima del Monte Hermón en las alturas del Golán. La imagen no podía ser más gráfica.
El debilitamiento de Irán y sus proxis no está en discusión. En forma casi simultánea a su charla, Israel destruía el aeropuerto Sanaa en Yemen e infligía más daño en puertos e infraestructura, al tiempo que el presidente Trump anunciaba una suerte de rendición de los hutíes… es de esperar que los misiles que todavía alcanzaban Israel cesen de una vez por todas.
A futuro la expectativa es auspiciosa. El periodista avizora un tiempo de oportunidades históricas, una ‘ventana de oportunidad’, en el marco de lo que él denominó una ‘segunda guerra de liberación’ (la primera fue en 1948). Los Acuerdos de Abraham no han muerto; en todo caso se retrasaron.
Esta visión es auspiciosa. Nadie niega los altos costos que se habrán pagado cuando esa posible nueva realidad se concrete: los rehenes, el trauma pos-Oct7, la interna política y civil. Está claro que todos necesitamos aferrarnos a cierta ilusión de tiempos mejores. Eso es más sencillo desde la diáspora. La resiliencia demostrada en estos casi veinte meses por parte de los israelíes no facilita su optimismo.
La pregunta que me surge, y que dejo planteada, es acerca del costo que habrá supuesto para Israel este largo período que se abrió en #Oct7. Para que la ventana de oportunidad se concrete uno de los principales protagonistas, Israel, debe también asumir el desafío; como lo asumió Ben-Gurión y su ‘gabinete’ en 1948.
¿Quién, o quiénes, serán los líderes de esta segunda liberación? ¿Cómo incidirá la diferencia entre una población homogénea de 650mil judíos entonces y una de 7millones de judíos hoy? Desde la diáspora nos gusta ver Israel como una unidad, esa unidad que indefectiblemente surge en tiempos de crisis; pero también conocemos las profundas divisiones que nos atraviesan. A la hora de pensar el futuro, la pregunta es cuál será el fiel de la balanza que prevalecerá.
Escuchar a expertos informados, serios, comprometidos, prudentes, capaces de dejar de lado sus ideologías, siempre es bueno. Mejor aún es cuando son capaces de mostrarnos las ganancias por sobre las pérdidas. Mejor todavía es cuando su cauto optimismo marca su propio límite antes de convertirse en especulación y lo que en inglés llamamos ‘wishful thinking’ (ilusiones).
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