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Zeev Jabotinsky y la idea de la ‘nación absoluta’

Mañana, 4 de agosto, se cumplirán 80 años de la muerte de Zeev Jabotinsky, una de las personalidades más multifacéticas que generó el sionismo. Descolló en todo lo que hizo, fue un combativo líder sionista, un talentoso periodista, un orador vibrante, un dotado escritor, traductor de varios idiomas, un político teórico y práctico, un militar, y un esteta de refinado gusto.

Fue el fundador y principal ideólogo de la corriente sionista revisionista. Había nacido en Odesa, Ucrania, en la Rusia imperial en 1880, en el seno de una familia judía de clase alta; recibió una educación liberal con escasa formación judaica. Desde su adolescencia hizo notar sus dotes de líder y de crítico, sus primeros escritos fueron publicaron en periódicos de Odesa cuando tenía 16 años. Al finalizar sus estudios medios fue enviado como corresponsal de la prensa rusa a Berna, Suiza, y más tarde a Italia. Firmaba sus artículos bajo el seudónimo ‘Altalena’. Comenzó sus estudios de derecho en la Universidad de Roma y a su regreso a Rusia se diplomó como abogado.

En Italia se deslumbró con la obra de Giuseppe Garibaldi, el orden y la unidad italiana lo sedujeron, incorporó el concepto de nacionalismo como valor supremo. En su artículo “Raza”, 1913, delinea el tipo ideal de una ‘nación absoluta’, que se expresa a una raza con tinte propio en un territorio sin ninguna otra minoría nacional que debilite la unidad de ese pueblo.
Después del pogromo de Kishinev de 1903, Jabotinsky se unió al movimiento sionista, donde pronto se hizo conocido como un enérgico orador y un líder influyente. Como respuesta a los pogromos, Jabotinsky creó la Organización Judía de Autodefensa, un grupo de combatientes judíos para salvaguardar a las comunidades judías rusas, esta postura combativa generó una gran controversia dentro de la misma comunidad judía ajena a tipo de respuestas. En ese tiempo se impuso la obligación de aprender el hebreo moderno y tomó el nombre de ‘Zeev’ (Lobo) en lugar de ‘Vladimir’.

En 1903 fue elegido como delegado de Odesa para el 6 º Congreso Sionista en Basilea, Jabotinsky quedó fascinado por el liderazgo sionista de Theodor Herzl, y aunque votó en contra del ‘Plan de Uganda’ su fervor sionista iba en aumento. Durante este período, defendió la difusión de la cultura y la lengua hebrea en toda Rusia.

Su actividad sionista fue diversa y febril, durante la Primera Guerra Mundial, cuando miles de deportados judíos de Palestina, expulsados por los turcos, se concentraban en Alejandría, Egipto, allí acude Jabotinsky a reunirse con Iosef Trumpeldor. Juntos elaboran la creación de un cuerpo militar para colaborar con los británicos en la expulsión de los otomanos de la Tierra de Israel. Crean el ‘Cuerpo de Mulas de Sion’, o ‘Gdud Movilei Hapardot’ (hebreo), un destacamento judío para el transporte sobre mulas a lo largo del frente turco, en el que Jabotinsky iba a servir como teniente.

Durante el pogromo de Jerusalén, en Pesaj, la Pascua judía, de 1920, Jabotinsky encabezó la defensa de la ciudad contra los disturbios árabes con un grupo paramilitar por él creado llamado ‘Haganá’. Por su acción en defensa de los judíos fue condenado por el gobierno británico a 15 años de prisión en la cárcel de Acre, pero luego fue amnistiado y liberado.

En 1923, creó el movimiento juvenil “Betar” (Brith Joseph Trumpeldor), un movimiento de una nueva juventud destinado a educar a sus miembros en un espíritu militar y nacionalista. El líder definía que el movimiento juvenil debía: ‘ser ingenuo como la naturaleza, que se atreve a todo, que conozca las dificultades, que desee fervientemente un estado hebreo y un país que sea solo nuestro’.
Jabotinsky se oponía terminantemente a los postulados de los sionistas socialistas que dirigían el yshuv. En la política interna, después de una serie de desacuerdos con la dirección del gobierno sionista, funda en 1925 la ‘Unión del Sionismo Revisionista’. A diferencia del sionismo socialista, los revisionistas no consideraban correcto mezclar al sionismo con otras ideologías, sino, se debía concentrar los esfuerzos únicamente en la lucha por la independencia judía sin participar en la política internacional. Según Jabotinsky la primacía de la nación está sobre el individuo y se impone por medio de la disciplina.

La división se profundizó en 1935 cuando el Ejecutivo Sionista rechazó el programa político de Jabotinsky de buscar decididamente la inmediata creación de un Estado, sin negociaciones con los británicos. Jabotinsky renuncia al movimiento sionista oficial y funda la ‘Nueva Organización Sionista’ para llevar a cabo una actividad política independiente sobre la libre inmigración y el establecimiento de un Estado judío.

Durante el desarrollo de la sangrienta rebelión árabe entre 1936 y 1939, Jabotinsky crea en el año 1937, el ‘Irgún Tzvai Leumi’ (Etzel), un grupo paramilitar que se convirtió en el brazo armado del movimiento revisionista y él fue su comandante. El emblema era un mapa de ‘Eretz Israel Hashleimá’ (el Gran Israel a ambos márgenes del Jordán), un brazo armado con un fusil y la inscripción ‘Rak Caj’ (solo así).

Con la creación del Irgún, Jabotinsky completa la estructura del nacionalismo sionista: La Nueva Organización Sionista era el brazo político que mantenía contactos con los gobiernos y otros factores de poder; el movimiento juvenil Betar educaba a los jóvenes para la liberación y la construcción del futuro Estado, y el “Etzel” era el brazo militar armado que luchaba contra los enemigos de la empresa sionista.

Durante la década del 30’, Jabotinsky estaba profundamente preocupado por la situación de las comunidades judías del Este europeo producto del feroz antisemitismo. En 1936 preparó un ‘plan de evacuación’ de toda la población judía de Polonia, Hungría y Rumania, en un plazo de diez años. Discutió el plan con los gobernantes de dichos países, y contó con la aprobación del gobierno polaco, pero la mayoría judía se opuso al mismo. También el plan encontró fuerte oposición en el gobierno británico quien lo vetó, y el presidente de la Organización Sionista Mundial, Jaim Weizmann lo descartó. En 1938, Jabotinsky escribía que los judíos están ‘viviendo en el borde del volcán’, ‘o los judíos terminan con la diáspora o la diáspora terminará con los judíos’.

Respecto a la Tierra de Israel, Jabotinsky sostenía que la pretensión nacional de los árabes tenía el mismo peso que las demandas de los judíos, según él, ambos tienen legítimos derechos, que no hay lugar para los dos, por lo tanto el más fuerte vencerá. Consideraba que en un futuro estado judío, los árabes recibirán los derechos individuales que le correspondan, pero no hay que concederles derechos nacionales, sostenía que: como individuos les corresponde todo, como conglomerado, nada. Por lo tanto, debía ser inmediata la creación de un Estado judío, ya que el objetivo supremo no había que someterla a ninguna clase de negociaciones ni compromisos.

Además de la intensa actividad política que desarrollaba, Jabotinsky dejó un legado intelectual de miles de trabajos, documentos y correspondencia; continuó escribiendo poesía, novelas, cuentos y artículos sobre la política, problemas sociales y económicos.
Falleció durante un campamento de la organización juvenil Betar que se desarrollaba en las afueras de la ciudad de Nueva York, en su testamento pidió que fuera enterrado en el futuro Estado Judío por expresa orden del gobierno que rija en el país. Por la animadversión que existía entre David Ben Gurion y Zeev Jabotinsky recién sus restos fueron trasladados al Monte Herzl en Jerusalén, por orden del Primer Ministro israelí Levi Eshkol, en el año 1964.

Por el profesor Yehuda Krell

Reproducción autorizada por Radio Jai citando la fuente.

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