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El conflicto Ucrania – Rusia, puede ser un punto de inflexión en la Historia Europea y en la estrategia global de los EE.UU

Profesor Luis Fuensalida

Por el Prof. Luis Fuensalida

En mi columna del miércoles pasado hice alusión a la frase “…quién este libre de pecado, que arroje la primera piedra…”, y quizás recordarán otra de mis columnas, la del 1° de diciembre, “ Rusia y Occidente, entre la confrontación y la comprensión…”, pues bien, tomando ambas frases, trataré de demostrar que Rusia no es precisamente el único villano, y me ayudará a plantear una salida no sólo al conflicto ucraniano, sino ir un poco más allá, superar la confrontación y construir una convivencia pacífica entre Rusia y Occidente.

Para este ejercicio intelectual recurriré a la Historia, e iniciaré este camino allá por el Siglo XV, cuando Iván III organizó el Estado ruso ampliando el Gran Ducado de Moscú, desprendiéndose del Imperio Mongol, incorporándose a Europa, estableciendo un poder autocrático que  dio solidez a esa primera estructura política y administrativa, y  expandiendo la naciente Rusia, anexó el Principado de Yaroslavl, la República de Novgorod y unificó la Rusia septentrional, rompió en forma definitiva con el vasallaje de la Horda de Oro, e incorporó a Kazán, Crimea, Sarai, Lituania y el oriente de la actual Ucrania, para consagrarse en 1494 como Soberano de toda Rusia.

En el Siglo XVI, Iván IV, “El Terrible”, realizó una revolución autoritaria y modernista, posibilitó en una fase de Capitalismo inicial la conformación de una burguesía favorecida por el desarrollo del comercio a través de una ruta que unía el Báltico con Constantinopla y posibilitó a través del río Volga la instalación de mercados desde Moscú a Persia, y por supuesto, también  expandió el Estado ruso, hacia el oriente llegando a las fronteras persas, aunque no tuvo tanto éxito hacia el occidente ante la resistencia del bloque sueco-polaco, y en 1547 fue coronado Zar por el patriarca Macario. Tras su muerte, sobrevino un período de convulsiones internas, la Época de las Perturbaciones, se dieron violentos sucesos en la lucha por el poder, desde 1598 hasta que a principios del Siglo XVII cuando llega al poder la familia Romanov, coronándose a Miguel Federovich Romanov como zar e inició el proceso de pacificación y unidad de toda Rusia.

Si bien el imperio ruso se consolidó hacia el Este hasta Siberia y Alaska , prácticamente queda relegado de los acontecimientos que se dan en Europa, hasta la llegada de Pedro I El Grande, derrotó a Suecia en la Gran Guerra del Norte e integró al imperio ruso los territorios en el Báltico de Estonia y Letonia, y afirmó su poder en esa región, levantó en 1703 San Petersburgo, ciudad imperial, que le proveyó el acceso al mar y al comercio hacia el litoral marítimo occidental europeo, e introdujo reformas que posibilitó la influencia cultural europea en Rusia, con Pedro I se consolidó el Imperio ruso y lo posicionó como potencia euroasiática.

Con Catalina II, la emperatriz continuó las políticas de Pedro I y Rusia, comenzó a principios del Siglo XVIII a tener protagonismo en la geopolítica europea, es así, que tomó parte en la Guerra de Sucesión de Polonia y en la Guerra de los Siete Años, además consolidó sus fronteras hasta el Mar Negro, su proyección hacia los Balcanes en regiones con población eslava cristiana ortodoxa para protegerlas de las acciones del Imperio Turco, haciendo lo mismo con el Reino de Georgia y la emperatriz aprovechó la importación de mano de obra especializada y educadores, en el marco del Despotismo Ilustrado que ayudaron a la modernización de distintos sectores de la cultura y la economía.

Ya en el Siglo XIX, sufrió en 1812 la invasión napoleónica, pero finalmente aliada a la coalición liderada por Gran Bretaña terminan por derrotar a Napoleón, sin embargo, la interacción en la guerras napoleónicas introdujeron las ideas del Liberalismo lo que dio lugar a la rebelión de Diciembre de 1825, que entre sus objetivos estaba limitar la autocracia zarista, pero fracasó y las medidas tomadas por Nicolás I frenaron el desarrollo del Imperio, no obstante se expandió con el Zarato de Polonia, anexó Besarabia y Finlandia, pero fue derrotado en la Guerra de Crimea, finalmente en 1861 Alejandro II abolió la Servidumbre y a diferencia de su antecesor, llevó a cabo reformas que reactivaron el desarrollo e incrementaron el capitalismo con el crecimiento industrial. No obstante, algunas de las reformas fracasaron con efectos negativos, en particular en el sector agrario, pero creció la intelectualidad liberal y revolucionaria.

En 1905 estalló una revolución como consecuencia de factores, externo e internos, en el primer caso la derrota rusa en la guerra contra el Imperio del Japón y en el segundo, por una autocracia caracterizada por la políticas represivas sin garantías jurídicas, la inexistencia de la libertad de prensa,  docentes universitarios nombrados por el gobierno, el antisemitismo que continuaba con sus progroms, la rusificación forzada de provincias alógenas, y una clase campesina que resultaba la más afectada, todo lo cual fue debilitando a Nicolás II, quién no tuvo peor decisión que intervenir en la 1ª. Guerra Mundial en contra de los Imperios Centrales, Alemania, Austria-Hungría y Turquía, todo lo cual llevó al final de la dinastía de los Romanov y del régimen zarista con la Revolución de 1917, lo que sobrevino, fue una encarnizada guerra civil entre 1918 y 1921, que enfrentó a Mencheviques, apoyados por potencias occidentales y Bolcheviques, una escisión del Partido Obrero Socialdemócrata Ruso que dará origen al PC de la Unión Soviética,  y que se dirimió con el triunfo de los segundos.

Mientras se desarrollaba la guerra civil, se dio otra guerra, con Polonia, que finalizó con la firma del Tratado de Riga, en 1921, por el cual se repartieron polacos y soviéticos las regiones en disputa en Bielorrusia y Ucrania. En 1922, se llevó a cabo la Conferencia de las Repúblicas Socialistas Federativas de Rusia, Bielorrusia, Ucrania y Transcaucásica, donde se aprobó la creación de la URSS, con el liderazgo de Vladimir Illich Ulianov, Lenin, y tras su muerte en 1924, dio lugar a la lucha por el poder, en la que surge consolidada la figura del georgiano Joseph Stalin, que debió enfrentar a León Troski, tanto en el plano político como en la interpretación ideológica del marxismo, quien tuvo que exiliarse en Méjico donde fue asesinado por orden de Stalin.

Para 1924, la URSS es reconocida internacionalmente y con Stalin en el poder hasta su fallecimiento en marzo de 1953, la URSS se consolidará como potencia mundial, derrotando a la Alemania nazi y construyendo una esfera de influencia en Europa Oriental, en aquellos países que fue liberando en su camino hacia Berlín, y construyó, lo que Winston Churchill denominó la Cortina de Hierro, que incluía a Alemania Oriental, Polonia, Hungría, Checoslovaquia, Rumania, Bulgaria, Albania y una Yugoslavia que bajo el liderazgo de Tito se fue alejando de la órbita de Moscú para crear junto a la India, Egipto y Ghana, el Movimiento de No Alineados, en 1961, es decir en plena Guerra Fría, como una forma de mantenerse equidistante del enfrentamiento indirecto entre el bloque liderado por los EE.UU. y el  liderado por la URSS.

Esos estados europeos satélites y la URSS, conformaron una alianza de Seguridad Colectiva conocida como el Pacto de Varsovia, en mayo de 1955 y constituyó una verdadera alianza militar para enfrentar a su igual OTAN o NATO, fundada en abril de 1949 en Washington y cuyos miembros fundadores son, EE.UU., Reino Unido, Francia, Dinamarca, Noruega, Países Bajos, Portugal, Italia, Islandia, Bélgica, Luxemburgo y Canadá, pero tras la implosión de la URSS en 1991, comenzó a recibir en su seno a países que antes estaban bajo la órbita de Moscú, como ser, Bulgaria, República Checa, Croacia, Estonia, Lituania, Letonia, Eslovaquia, Eslovenia, Hungría, Montenegro, Polonia, Rumania y obviamente tras la unificación, la ex Alemania Oriental, sin olvidar la República de Turquía, y dos aspirantes a la membresía, Georgia y Ucrania, dos ex repúblicas de la otrora URSS., que en relación a la primera, se dio un conflicto en el 2008 por la separación de dos regiones de población pro-rusa, Osetia del Sur y Abjasia, donde los rebeldes fueron apoyados por Moscú con fuerzas irregulares rusas, algo muy parecido a lo que sucede hoy en la región del Donbas en Ucrania, conflicto separatista que estalló en el 2014, tras la anexión rusa de Crimea.

Como vemos, de la misma manera que desde aquel Gran Ducado de Moscú, el estado ruso se fue expandiendo y consolidando, primero como Imperio Zarista, luego como Imperio Soviético con sus repúblicas socialistas, y tras la 2da. Guerra Mundial construir una alianza militar con estados de Europa Central y Oriental, al finalizar la Guerra Fría, en 1991, la Alianza Atlántica inició su expansión hacia el Este, y Occidente tuvo dos alternativas, a) adoptar una actitud similar a la que adoptaron los aliados al final de la 1ª Guerra Mundial en el Tratado de Versalles, es decir, la imposición de severas condiciones geopolíticas a Moscú, o 2) la integración de Rusia a Europa, una Rusia que sufría convulsiones radicales por incorporar el liberalismo político y una economía de mercado, una integración que iba más con el pensamiento guallista, que pensaba una Europa del Atlántico a los Urales, un Charles De Gaulle que era receloso de la hegemonía de Washington, que abogaba por la disolución de la OTAN en beneficio de una Seguridad Colectiva euro-atlántica administrada por la OSCE (Organización de Seguridad y Cooperación Europea),  y que preveía la integración de los países de Europa del Este, incluida Rusia.

Sin embargo, dirigentes poscomunistas de Europa Centroriental, como también, el entonces canciller alemán Helmut Kohl, presionaron al presidente estadounidense Bill Clinton, que con el guiño de Henry Kissinger y Zbigniew Brzezinsky, dos grandes representantes de la Escuela Realista de las RR.II., en 1994 decidió ampliar la OTAN, acogiendo en su seno a ex países satélites soviéticos, y esto alteraba el espacio de influencia de Moscú y provocando la reacción de Rusia, a la que en mayo de 1997, en París, se la compensaba con la firma del Acuerdo Fundacional OTAN-Rusia, sin embargo, detrás había un dilema, si no se asistía adecuadamente a Rusia se corría el riesgo de alimentar un nacionalismo revanchista o si la reconstrucción del poderío económico ruso provocaría el renacimiento de una hegemonía regional de Moscú, en ambos casos, Europa volvería a la Bipolaridad Geopolítica.

El 30 de abril de 1998, en el Senado de los EE.UU., se votó favorablemente una resolución sobre la evolución de la OTAN y su nueva doctrina estratégica, cuyos puntos más relevantes son: 1) justifica la ampliación ante la posibilidad de resurgimiento de una potencia hegemónica que confronte con Europa e intente invadir Polonia, Hungría o República Checa, 2) las decisiones y la acción de la OTAN son independientes de cualquier otro foro internacional, ONU, OSCE, etc., 3) Rusia no tiene ningún derecho de veto sobre las decisiones de la OTAN, ni siquiera en el seno del Consejo Conjunto Permanente OTAN-Rusia, 4) la OTAN puede comprometerse en misiones más allá de su propio territorio con el consenso de sus miembros ante amenazas a sus intereses y 5) el liderazgo de los EE.UU. en la OTAN es reafirmado, incluida la presencia en los principales mandos de la misma, y esta doctrina es la que hoy se está aplicando en torno al conflicto entre Ucrania y Rusia.

A esta altura del análisis, surge nuevamente la frase, “quién este libre de pecado, que arroje la primera piedra…”, pero lo que interesa más aún es preguntarse como se desescala la actual confrontación, quizás una posibilidad sería el proceso que se conoce como “Finlandización”, ¿ de que se trata?, es aplicar el caso Finlandia durante la Guerra Fría, recordemos que este país nórdico alguna vez formó parte del Imperio Zarista, logrando su independencia en 1917 y reconocida internacionalmente en 1918, no obstante estuvo sujeta a la fuerza gravitatoria de Moscú, incluso durante la 2ª. Guerra Mundial sostuvo tres guerras con los soviéticos, desde 1939 a 1945, finalmente, en 1947 y 1948 se firmaron los acuerdos entre ambos países, donde si bien Finlandia perdió el 10% de su territorio, nunca fue ocupada por los soviéticos y edificó una constructiva neutralidad durante la Guerra Fría, esto gracias a no participar de iniciativas occidentales, su no incorporación a la OTAN, como tampoco al Pacto de Varsovia, pese a las presiones del Kremlin, y en la actualidad es una sólida democracia como república parlamentaria, con una economía altamente industrializada, con un excelente estado de bienestar y seguridad, con un PBI/capita de u$s. 52.000 que la ubica entre los 10 países con la más alta renta .

Ahora bien, si lo trasladamos al caso Ucrania, conservaría su sistema político democrático y economía de mercado, pero renunciando a ser miembro tanto de la U.E. como de la OTAN, preservando su independencia, aún resignando la región ruso parlante y prorrusa de Donbas. Esta idea, fue propuesta por los realistas antes citados, Kissinger y Brzezinski, en el 2014 cuando estalló el conflicto en Donbas y la anexión de Crimea, suscribiéndose geopolíticamente al caso Sui Generis de Finlandia. Así llegamos a lo abordado en mi segunda columna, “…compresión antes que confrontación…”, pues por un lado Europa, siendo más comprensiva con una Rusia, que siempre se debate en su identidad euroasiática, podría concluirse con la histórica desconfianza geopolítica de ambas partes, y para los EE.UU., sería no cometer un error estratégico de arrojar a Rusia a los brazos de su real competidor global, China, y contrarrestar su poderío.

Finalizando mi columna, EE.UU. debería frenar su expansión de la OTAN y aceptar la Finlandización de Ucrania, mientras que Rusia, aceptar la independencia de Ucrania, de esta forma, Occidente, EE.UU. y la misma Rusia estarán en mejor situación ante la puja a nivel global que China propone en el presente Siglo, y recordar una frase de Henry Kissinger, “…el desafío no es dar con la absoluta satisfacción de todas las partes, sino con una insatisfacción balanceada y tolerable…”.

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