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Dos judíos frente a una enfermedad epidémica

La palabra “pandemia” ha sido incorporada a nuestro léxico cotidiano, todos sabemos que estamos atravesando una, pero probablemente además de padecer los inconvenientes que genera, muchos no conozcan su definición.

Según el diccionario de la Real Academia Española, una pandemia es una “enfermedad epidémica que se extiende a muchos países o que ataca a casi todos los individuos de una localidad o región”.

Esto nos obliga a buscar la palabra epidemia que, de acuerdo a la misma fuente es una “enfermedad que se propaga durante algún tiempo por un país, acometiendo simultáneamente a gran número de personas”.

También existen las enfermedades endémicas que, siempre de acuerdo a la RAE “reina habitualmente, o en épocas fijas, en un país o comarca.

Dicho esto, veamos qué es la poliomielitis.
Es una enfermedad muy contagiosa causada por el poliovirus, que se transmite de persona a persona, invade el sistema nervioso y puede causar parálisis en cuestión de horas. Sus víctimas son sobre todo menores de cinco años y no tiene cura. 

Una de cada 200 infecciones produce una parálisis irreversible (generalmente de las piernas) y de un 5% a un 10% de estos casos fallece por parálisis de los músculos respiratorios.

En la República Argentina hubo en 1956 una epidemia de poliomielitis que azotó a 6496 personas, en su gran mayoría niños.

La temible enfermedad mataba, paralizaba y atrofiaba a sus víctimas.
El Estado importó y reparó pulmotores; el personal de los hospitales realizó una ímproba tarea asistiendo las 24 horas del día y la gente trató de hacer algo para combatirla: los vecinos blanqueaban con cal las calles, las veredas y los árboles; las madres colocaban bolsitas con alcanfor en la ropa interior de sus hijos; todo lo cual ot gehelft azoy vi a toitn banques.(dicho popular en idisch que significa “ayudó como a un muerto ventosas”
Todo cambió gracias a dos judíos.

A principios de 1953 Jonas Salk, un investigador de la universidad de Pittsburgh, presentó al Comité de Inmunización de la Fundación Nacional para la Parálisis Infantil los primeros resultados de sus investigaciones con un virus muerto.

Algunos de los miembros del comité dudaban de la seguridad de una vacuna preparada con un virulento poliovirus, más allá del método de inactivación utilizado. Pero la epidemia que vivía en ese momento Estados Unidos demandaba una gran urgencia y en 1954 comenzó el estudio clínico, uno de los mayores realizados en la historia. Con el compromiso de la industria farmacéutica de producir las dosis necesarias, participaron casi 2.000.000 de niños estadounidenses de entre 6 y 9 años. De ellos, 623.972 fueron inoculados con la vacuna o con placebo y el resto observados como grupo de control.

El 12 de abril de 1955, Thomas Francis, director del estudio, anunció sus resultados: la vacuna era segura, potente y efectiva para prevenir la poliomielitis en el 90% de los casos.

La vacuna de Sabin.

Paralelamente su colega polaco, Albert Sabin trabajaba en otra vacuna a partir de un virus vivo, pues consideraba la misma aseguraría la inmunidad por un período más prolongado.

Dado que ya se estaba utilizando con éxito la vacuna de Salk, le fue imposible realizar un estudio clínico masivo, por lo cual hizo las primeras pruebas con él mismo, con sus familiares, con los del equipo de investigadores y con los detenidos en una cárcel cercana.

Luego, en 1957, logró que lo llevara adelante el Ministerio de Salud de la Unión Soviética. Cuatro años después, tras el éxito de las investigaciones, el Servicio de Salud Pública estadounidense aprobó la vacuna diseñada por Sabin y la Organización Mundial de la Salud (OMS) empezó a utilizar la antipoliomielítica oral, la misma que se utiliza hoy y es una de las vacunas más seguras.

La vacunación cambió radicalmente el panorama. De las tres cepas de poliovirus salvaje (tipos 1, 2 y 3), el tipo 2 fue erradicado en 1999 y no se dieron casos del 3 desde el último notificado por Nigeria en noviembre de 2012.

En la actualidad, continúa siendo endémica en tres países: Afganistán, Nigeria y Pakistán.

Albert Sabin, (nacido Saperstein) nació en un hogar judío en Byalistok (Polonia) el 26 de agosto de 1906, el antisemitismo lo obligó en 1921 a emigrar con su familia a Estados Unidos. Nueve años después obtuvo la nacionalidad estadounidense y en 1931 se licenció en Medicina por la Universidad de Nueva York. Ya en sus años universitarios comenzó a investigar sobre la polio.

Entre 1935 y 1937 trabajó como profesor asociado en el Instituto Rockefeller y en 1939 asumió la cátedra de pediatría en la Universidad de Cincinnati. Sus investigaciones tomaron como punto de partida el trabajo desarrollado por Jonas Salk.

Sabin echó abajo la teoría que sostenía que el virus infecta el cuerpo humano por medio de las fosas nasales al demostrar que lo hace a través del sistema gastrointestinal para después extenderse por la sangre.

Por este motivo desarrolló una vacuna oral con virus vivos debilitados, que otorgaba la inmunidad durante mayor un período de tiempo y resultó ser más eficaz que la vacuna inyectable de virus muertos de Salk, a la que sustituyó en 1963, que había comenzado a emplearse en 1955, si bien su difusión en el mercado estadounidense no llegó hasta 1961.

Si bien pudo haberse enriquecido, renunció a sus derechos de patente con el fin de facilitar la difusión mundial de su descubrimiento lo antes posible.

En 1971 fue nombrado profesor emérito de la Universidad de Cincinnati

Fue Miembro de: la Academia de Ciencias de Hungría, la Academia Estadounidense de las Artes y las Ciencias, la Academia Nacional de Ciencias de los Estados Unidos y la Academia de las Artes y de las Ciencias de Serbia.

Falleció en Washington D. C., el 3 de marzo de 1993

Por MB/RJ
Reproducción autorizada por Radio Jai citando la fuente.

Reproducción autorizada citando la fuente con el siguiente enlace Radio Jai

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