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Pesaj y le contarás a tu hijo

En pocos días el mundo judío estará celebrando la festividad de Pesaj, y como cada año, surgen preguntas sobre las mitzvot (preceptos) y costumbres en torno a ella. Para “repasarlas” y conocer algo más sobre esta fiesta, hablamos con el rabino Carlos Tapiero, Director Educativo de Macabi Mundial, quien nos dejó un cálido mensaje de esperanza.

El rabino Tapiero comenzó explicando que la festividad tiene varios nombres: El primero, es Pesaj, que es la salvación del pueblo judío, a través de la acción Divina que castiga los hogares de los opresores egipcios, por la esclavitud impuesta al pueblo judío, y que “salta” de la palabra hebrea poseaj, los hogares del pueblo hebreo evitando dañarlos. El segundo, jag hajerut, “la fiesta de la libertad”, la libertad concreta de un pueblo que fue esclavizado por 230 años en Egipto de los 430 que estuvo en esa tierra. El tercero, es Jag ha Aviv, “la fiesta de la primavera”, que simboliza el renacimiento de la vida natural; y el cuarto nombre, Jag hamatzot, “la fiesta del pan ácimo”, que nos recuerda ese pan que no pudo leudar y que, con ello, simbolizó el éxodo de Egipto.

Sobre cuáles son los preceptos a observar en Pesaj, el rabino señaló que básicamente son tres: El primero, parte de la orden Divina vehigadeta lebinjá, “le contarás a tu hijo”, porque, tal como lo ordena la Torá: “Y será que, cuando te preguntare tu hijo ¿qué es esto? le dirás: “Con mano fuerte D’ios nos sacó de Egipto de la casa de la esclavitud” y que es la base de la hagadá (relato) de Pesaj; y que el midrash luego va a enfatizar, sobre la responsabilidad colectiva histórica, y que nos indica, que el deber de transmitir es ineludible, para volver relevante aquello que se ha vuelto irrelevante para muchos judíos, especialmente entre los jóvenes.

El segundo de los preceptos es el de la prohibición de consumo y posesión de jametz: los productos derivados de trigo, avena, cebada, centeno y espelta; y para los azkenazies, también la de algunas legumbres llamadas kitniot. Alegóricamente se trata de extraer de nuestras vidas, todos los malos sentimientos que pueden fermentar en nuestro corazón, representados en el jametz. La tecera mitzvá es el consumo de la matzá.

Este año, la festividad comenzará ni bien finalice el shabat, es algo poco común, indica Tapiero, ya que esto ocurre doce veces en cien años. Y señala que, como para Pesaj la casa debe estar limpia y libre de jametz, este año el proceso habitual para hacerlo, va a sufrir algunas modificaciones. Como existe la orden de comer jalá el viernes a la noche, y el sábado, después de las oraciones matutinas (pero en este caso, con la casa limpia y ya libre de jametz), hay indicaciones específicas para seguir. Para ello hay que reservar dos panes (pueden ser pita) con poca miga y ubicarlo fuera de la mesa de shabat, sobre un papel, hacer la bendición correspondiente, comer algo más y luego recitar Birkat Hamazón (la bendición después de las comidas), envolver en el papel el sobrante de pan, y descartarlo en un lugar público, de modo que nadie pueda confundirse; lo mismo el sábado antes del mediodía.

Acerca del porqué de recordar luego de tanto tiempo “que fuimos esclavos”, Tapiero respondió que es una estrategia pedagógica de nuestros sabios, que elaboraron una narrativa integral de nuestra historia como pueblo, al evocar nuestra pasada esclavitud, la de aquellos líderes que tuvieron que levantarse de la opresión, de la discriminación, para ser las extraordinarias personas que fueron. Es precisamente ese pasado de dolor y de oprobio el que agiganta el tamaño de cada una de sus conquistas, de cada concreción. Ellos fueron guías de nuestro pueblo, a pesar de los abusos, a pesar de las injusticias y de los sufrimientos. Y que, al vincularlos con el dolor y las injusticias, nuestros sabios crearon una verdadera narrativa que comienza en la Hagadá de Pesaj, y que habla de una superación nacional, familiar e individual que ha hecho de nosotros el pequeño gran pueblo que somos. “Sí somos hijos de esclavos”, remarcó. Y dijo que, desde ese lugar, logramos brindarle al mundo sus máximas morales elementales, pudiendo reconstruir en el siglo XX nuestra historia nacional que va, de la persecución y el exilio, a la construcción del Estado de Israel, desde las cenizas mismas de la Shoá. “Nuestros sabios nos enseñaron a valorar nuestro presente en función de su perspectiva histórica”, subrayó.

El valor de Pesaj es sin duda el de la libertad, destaca el rabino; pero explica que se trata de una libertad fundada en el amor de D’ios por Su pueblo, y que, en el shabat de Pesaj, leemos Shir Hashirim, “ El Cantar de los Cantares”, que es el libro de amor por antonomasia del pueblo judío,el que narra de manera vívida, poética y conmovedora, la relación de amor, de pasión entre un hombre y una mujer, con imágenes impactantes de ese amor. Tal es así, que quien no supiese que el Cantar de los Cantares es parte de la Biblia santificada por los sabios de Israel, pensaría que se trata de una obra antigua secular de amor supremo y hasta erótico; pero que fueron esos sabios los que decidieron incluir el Cantar de los Cantares como parte del libro rector de todo Occidente, la Biblia Hebrea, cuyos personajes amorosos, según la interpretación, son D’ios mismo, el novio, y el pueblo de Israel, su novia, haciendo del relato de Shir Hashirim, una alegoría en su totalidad, la del pueblo que es la del vínculo profundo, amoroso y significativo y eterno entre el Creador y la novia que eligió para Sí.

Al ser incluida en la Biblia, el pueblo judío vio satisfecha su necesidad de sumar el tema del amor humano en su libro rector, porque entendió que no se puede explicar la totalidad de la experiencia humana, sin incluir en forma orgánica el tema del amor. El amor es la base de la creación Divina, el de la inspiración humana de las artes, es una parte fundamental en la realización de cada uno de nosotros, una fuerza positiva, que es indispensable para el funcionamiento de una sociedad, y “tenía que ser parte de Pesaj, el amor de D’ios por su pueblo”, sostuvo.

Ante la pregunta sobre porqué D’ios todopoderoso necesito diez plagas, (y con ella la de la muerte de los primogénitos), y la travesía por el Desierto, el rabino Tapiero expresó que si D’ios hubiese sacado directamente de Egipto al pueblo y puesto en la tierra de Israel, hubiese sido un gran fracaso nacional, porque no hubiese sido parte de la conquista, no hubiesen sentido como pueblo, que había ocurrido una transformación; se trataba de un pueblo que había sido esclavo, emocionalmente afectado, y por ello, tenían que pasar cuarenta años. Y sobre el porqué del castigo a Egipto, esto se debió a que “el pueblo egipcio vio el dolor del pueblo judío una y otra vez y no hizo nada”, ese mismo pueblo que le dio la riqueza en tiempos de Iosef, y que hizo de Egipto la potencia que fue.

Para finalizar, el rabino expresó que “en este año que, por causa de la pandemia, se nos privó del abrazo amoroso, a causa de los encierros forzados, sufrimos más que nunca la ausencia de ese amor que tanto sana”. Y añadió que Pesaj nos recuerda que su valor central, que es la libertad de un pueblo, se dio en el marco del amor entre D’ios y ese pueblo liberado desde el amor Divino. Es el mensaje del Cantar de los Cantares, el que tanto necesitamos hoy, el del reencuentro con quienes amamos, el del abrazo solidario, cálido y profundo.

Por CL/RJ

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