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Adiós a Isaac Revah, el judío que sobrevivió al Holocausto gracias a su pasaporte español

Con habla pausada y en español fluido Isaac Revah se emocionaba al relatar la ambiciosa empresa llevada a cabo por quien él consideraba como su salvador: Sebastián De Romero Radigales, el diplomático español que libró del exterminio a centenares de judíos en la Salónica (Grecia) ocupada por los nazis.

En 1941, Isaac tenía 7 años y era uno de los 49.000 sefardíes, descendientes de los judíos expulsados de la península en 1492, que residían en la ciudad portuaria griega. De ellos más de medio millar ostentaba la nacionalidad española gracias en parte al decreto de Primo de Rivera de 1924, según el cual los descendientes de aquellos que una vez estuvieron registrados en España podían solicitar la ciudadanía.

Un marco normativo que utilizaron los responsables de varias legaciones diplomáticas españolas en el extranjero para brindar, en tiempos de la Segunda Guerra Mundial, protección consular a los entonces compatriotas. “Si pude sobrevivir no fue por ser especialmente resistente o ingenioso. Mi nacionalidad fue lo que me protegió”, solía decir Isaac.

Así ocurrió con la legación española en Atenas, comandada entonces por un cónsul recién llegado, Sebastián De Romero Radigales. Al poco de su desembarco en la Grecia de 1943, el diplomático se encontró de bruces con la barbarie nazi y el inicio de las deportaciones de judíos a campos de concentración como el de Auschwitz-Birkenau, en la Polonia ocupada por los alemanes. Viajes de la muerte que Radigales intentó evitar utilizando todos los recursos jurídicos y legales de los que disponía, aún cuando sus acciones contradijeron las órdenes dictadas por su gobierno, el de Francisco Franco.

El rechazo de Franco a la repatriación de los judíos españoles
Según recuerda el Centro Sefarad-Israel, los alemanes consintieron que no se deportara a los judíos poseedores de la ciudadanía italiana y española, con la condición de que regresasen a sus respectivos países. Pero mientras que los judíos italianos pudieron volver a Italia, aquellos que tenían la nacionalidad española se toparon con la reticencia inicial del régimen franquista.

Un rechazo que propició que en agosto de 1943 más de 300, incluidos el pequeño Isaac y su familia, fuesen deportados al campo de concentración de Bergen-Belsen, situado en el estado alemán de Baja Sajonia. Allí permanecieron seis meses de infierno, aunque en condiciones algo mejores que el resto de deportados gracias a la tutela española auspiciada por De Romero Radigales.

A pesar de las vacilaciones del régimen, que no terminaba de decidir si los aceptaba o no, Radigales continuó negociando su liberación tanto con las autoridades españolas como con las alemanas hasta que el devenir de los acontecimientos, con un giro favorable en la guerra hacia el bloque de los aliados, promovió que Franco cambiara su posición y terminase permitiendo la repatriación de ‘un grupo limitado de judíos’.

“Así fuimos liberados en febrero del 44 mandados de Bergen-Belsen a Portbou, en la frontera española con Francia”, relató Isaac. Hasta allí llegaron custodiados por las SS y cedidos en tránsito a las fuerzas de seguridad de España, que poco después les traslada a Barcelona, donde recibieron ropa y comida. De allí los Rehav viajarán a Casablanca, entonces bajo Protectorado español y posteriormente a Palestina, donde la familia no terminó de acomodarse. Finalmente terminaron emigrando a Francia, última etapa de su trágico periplo hacia la libertad.

Honrar la memoria de su salvador
Siete décadas después, en un soleado 30 de septiembre en Jerusalén, un ya anciano Isaac Rehav, que nunca olvidó “el rol determinante de Radigales en su liberación”, pudo ver cumplido un sueño: el reconocimiento de su salvador con la mayor distinción civil que pueda otorgar el gobierno de Israel a un extranjero, el título de Justo entre las Naciones, reservado para aquellos salvadores de judíos en la Segunda Guerra Mundial.

Un galardón que en las últimas décadas también han recibido otras 25.000 personas de distintas procedencias, entre ellas, el austriaco Oskar Schindler, inmortalizado por el director norteamericano Steven Spielberg en su célebre La Lista de Schindler. Sus restos descansan hoy en un cementerio cristiano de Jerusalén y la lápida que cubre su tumba siempre está llena de pequeñas piedras, la tradición con la que los judíos acostumbran a mostrar aprecio y respeto a sus seres queridos.

“Radigales fue, como tantos otros, un hombre excepcionalmente humano y valiente”, afirmó Isaac Revah durante una entrevista con Mediaset el día de la ceremonia de entrega del Certificado Honorífico al diplomático que fue recogido por su nieta, Elena Colitto Castelli, ante la presencia de representantes institucionales israelíes y españoles.

En el acto, celebrado en el Jardín de los Justos entre las Naciones del Museo del Holocausto (Yad Vashem) de Jerusalén, la italiana y el sefardí, a quienes unió una estrecha amistad desde que Rehav hiciera del reconocimiento de su salvador su principal cometido en los años de jubilación, destaparon el nombre grabado de Radigales, que desde aquel verano de 2014 figura en el Muro del Honor junto a los nombres de otros miles de Justos.

Isaac cumplía así con la tarea a la que encomendó los últimos años de su vida, y que también le llevó a honrar la sepultura del diplomático español en el cementerio de San Isidro en Madrid, donde yacen sus restos, o a viajar, recordando su memoria, hasta Salónica, Roma, París, Cracovia o Budapest.

La luz del siempre afable Isaac se apagó, como tantas otras, en los últimos días de un sombrío 2020. Pero el sefardí, que tuvo una vida longeva y plena, pudo cumplir su objetivo antes de marcharse: recordar con su testimonio no solo a los que perecieron en los campos de exterminio nazi, sino también a aquellos que lucharon incansablemente por liberarles.

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