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Kristallnacht: el preludio de la destrucción

El 10 de noviembre de 1938 se produjo la “noche de los cristales rotos”

Este acontecimiento es para ciertos historiadores, el comienzo de la erradicación sistemática del pueblo judío y un siniestro anuncio de Shoa por venir.

La Shoa se produce por una compleja combinación de factores, entre los que podemos mencionar, el arraigado prejuicio antisemita en la cultura europea desde la Edad Media, su transformación y reciclaje en diversas cepas de un virulento antisemitismo moderno; la crisis de determinados ideales de la Ilustración y la Contra Ilustración; las crisis socioeconómicas desde el fin de la Primera Guerra mundial y el crack de Wall Street de 1929;la conformación de regímenes totalitarios en Rusia, Italia y Alemania a partir de la década de 1920; ciertos mecanismos de producción industrial y difuminación de la responsabilidad en estructuras burocráticas, típicos de la sociedad moderna; y las oportunidades que se produjeron para llevar a cabo actos de barbarie masiva,al amparo de los horrores de una guerra total como fue la Segunda Guerra mundial.

La experiencia de la Shoa supone una radical ruptura con el ideal ético ilustrado y, al mismo tiempo, con la concepción del sujeto moderno.

El producto de esta situación es que “los huesos y las cenizas” de los campos de exterminio nazi, las pirámides de cráneos de Camboya, o las inmundas fosas descubiertas en Bosnia o Kosovo son los auténticos emblemas e íconos de la historia reciente.

En los años de la posguerra el filósofo Theodor Adorno planteó la relación inextricable entre la Shoa y los imperativos de la educación en su famosa ponencia sobre la “Educación después de Auschwitz”
“La exigencia de que Auschwitz no se repita es la primera de todas las que hay que plantear a la educación. Precede tan absolutamente a cualquier otra que no creo deber ni tener que fundamentarla…Cualquier posible debate sobre ideales educativos resulta vano e indiferente en comparación con esto: que Auschwitz no se repita. Fue la barbarie, contra la que la educación entera procede…Hay que sacar a la luz los mecanismos que hacen a los seres humanos capaces de tales atrocidades; hay que mostrárselos a ellos mismos y hay que impedir que vuelvan a ser de este modo, a la vez que se despierta una conciencia general sobre tales mecanismos…”

La experiencia de la Shoa nos demanda un nuevo imperativo categórico:

el de preservar la memoria del horror y el desarrollar una ética de la memoria que es la contraparte a la impunidad el olvido y la indiferencia.

“El pasado existe porque podemos narrar, porque podemos evocar y hacer presente lo ya ocurrido, lo ya acontecido, y porque podemos establecer una relación de receptividad y de escucha con quien tiene el poder de transmitirnos una experiencia memorable, destinada a ser guardada en la memoria.
Sin la ayuda pedagógica de la memoria, y sin la capacidad que, a través de ella podemos hacer de reelaborar el sentido, el pasado, entendido como un simple hecho, como mero dato, de nada nos sirve…”

Una memoria que, siguiendo a Tzvetan Todorov en una de sus obras ,- no debe ser ni sacralizada ni banalizada.

*Daniel Fainstein es decano y profesor de Estudios Judaicos de la Universidad Hebraica de México. Completó con honores su formación académica en las universidades de Buenos Aires, en la Universidad Hebrea de Jerusalén y en la Universidad Nacional Autónoma de México, donde se doctoró en Ciencias Políticas y Sociales.

Reproducción autorizada citando la fuente con el siguiente enlace Radio Jai

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