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La crisis en Bielorrusia, un análisis y una visión prospectiva y el destino de los opositores al régimen de Putin

En mis columnas anteriores al analizar la geopolítica de Rusia, señalé que al abordar  desde esta disciplina al gigante euroasiático, es prácticamente igual que leer su historia para entender y comprender sus políticas a través del tiempo, desde su nacimiento y conformación como Estado, allá por la segunda mitad del Siglo XV, pasando por el auge y caída tanto del imperio zarista como el soviético, hasta la actualidad, la Rusia de Vladimir Putin, y lo que he encontrado es, la constante en el pueblo ruso de aceptar la grandeza de su país de la mano de gobiernos autócratas.

 

También señalé en la columna del miércoles ppdo., que la visión de Moscú respecto al Medio Oriente, era la de consolidarse como “Arbitro Regional”, y asegurar sus intereses y aquellas regiones que considera estratégicamente como dentro de su esfera de influencia, haciendo una analogía con lo que es para los EE.UU. la doctrina Monroe.

 

Pero, esa visión estratégica rusa se proyecta también hacia el occidente europeo, en cierta forma es una especie de “neo-sovietísmo”, algo parecido con el Neo-otomanismo que intenta esgrimir Ankara, también en lo que considera su esfera de influencia.

 

Aquellos tiempos en que se barajaba la posibilidad que Rusia podría adherir con algún status especial a la OTAN, quedaron sepultados definitivamente, primero con el conflicto georgiano, que amenazaba a Moscú con una cabeza de playa de la OTAN en el Cáucaso,  y más tarde con la crisis ucraniana y la toma de la estratégica península de Crimea, complementado con una demostración de fuerza a través de maniobras militares y movilización de tropas en los límites con países integrantes de la Alianza Atlántica.

 

De igual manera quedó en el olvido todo proyecto de integrar a Rusia a la U.E., por un lado se dieron las sanciones económicas impuestas tanto por Washington como por Bruselas, y por el lado ruso, su fogoneo a los partidos políticos y grupos euroescépticos, xenófobos y ultranacionalistas, buscando  provocar un cisma en el seno de la U.E., en ese sentido, valga una frase de Putin, hecha en noviembre del año ppdo., “…no descarto que, más pronto que tarde, otros países europeos sigan el ejemplo del Reino Unido con el Brexit…”, y también recordándoles lo necesario que es el suministro energético ruso para el desarrollo económico europeo occidental, y utilizando su veto en el Consejo de Seguridad de la ONU, cuando alguna resolución contraría su geopolítica.

 

El profesor y catedrático Paul Kennedy, describió la situación rusa tras la caída del imperio soviético cuando dijo, “…el denominado estado continuador de la URSS, la Federación Rusa, pronto comprobó que el mundo seguía siendo un sitio peligroso para Rusia, pues la OTAN, en una decisión que desde Moscú consideró un incumplimiento de promesas hechas por Occidente sobre las que se pactó el final de la contienda bipolar, inició una expansión hacia el Este…”.

 

Esto comienza a cambiar al llegar al poder Vladimir Putin, tomando una política exterior más activa e incluso agresiva, y mostrando su interés por la evolución de las ex repúblicas soviéticas, en particular aquellas sensibles a su bien geopolítico mayor e histórico de Rusia, la profundidad estratégica, sumado a la identidad geográfica.

 

Es así, que en el 2008 se dio la movilización militar sobre Georgia y entre el 2013-2014, cuando Ucrania manifestó su deseo de integrarse a las estructuras de la U.E., incluso formar parte de la OTAN, la respuesta de Moscú fue, la anexión de Crimea, y apoyar financiera y logísticamente a los grupos ucranianos prorrusos.

 

Esto dejó claro que Rusia no iba a tolerar nuevos gestos o actos de intromisión geopolítica en las ex repúblicas soviéticas del oriente europeo, como ha sido la inclusión en las estructuras de la OTAN de Letonia, Estonia y Lituania, reduciendo sensiblemente la presencia y el potencial ruso en la cuenca del Mar Báltico, dejando aislado el territorio de Kaliningrado y sus base naval, que cuenta no sólo con el sistema de Misiles S-400 sino también con los Iskander M de capacidad nuclear, situación que puede activar conflictos que busquen una reivindicación geopolítica, por eso la posibilidad de se den otras “Crimeas”, no se puede descartar.

 

Valga señalar, que en el Siglo XIX, se acuñó la frase “…el conflicto entre el elefante y la ballena…” para describir el poderío terrestre del Imperio Ruso y el poderío naval del Imperio Británico, pero en la Rusia del presente, el tema naval se ha desarrollado en forma dínámica a través de una reorientación geopolítica en el Ártico, reforzando la presencia en el Mar Negro y el Mar Caspio y logrando materializar un viejo anhelo estratégico, una flota de mar permanente en el Mar Mediterráneo oriental a partir de obtener una base naval en el puerto sirio de Tartus, a lo que podemos agregar, la reformulación de una proyección estratégica oceánica a nivel global.

 

Teniendo en cuenta esta visión rusa, que más que actual es histórica, podemos analizar la crisis que se ha suscitado entre la U.E. y Rusia, esta vez en torno a la República de Bielorrusia.

 

A poco de desintegrarse la URSS, en abril de 1996 se dan los primeros pasos en la vinculación entre Minsk y Moscú con la conformación de la Comunidad Bielorrusia-Rusia, que se va cristalizar un año después con la creación de la unión entre ambos Estados, que se oficializa en enero del 2000, con el nombre de el Estado de la Unión, que materializa así la propuesta del pte. Alexander Lukashenko y los deseos de su igual ruso Vladimir Putin, para construir esa profundidad estratégica antes señalada.

 

Las relaciones de ambos Estados no ha sido siempre armónica, por ejemplo hubo posibilidades de detener la integración cuando Rusia encareció el precio del gas o la llamada “guerra de los lácteos”, y más allá de un repunte positivo que se dio entre el 2007 y 2010, a las discrepancias económicas, comenzaron a sentirse en el campo político y fundamentalmente en el seno de la sociedad bielorrusa, que según las últimas encuestas dieron los siguientes resultados, un 55% se manifiesta en contra de la Unión, un 20% a favor y un 24% se abstuvieron a responder, pero en general, los bielorrusos opinan que sólo se mantiene en pie el Estado de la Unión, por las dificultades económicas que sufren.

 

Pero no hay que confundirse, Bielorrusia, más allá de su actual presidente, es un país prorruso, su ubicación geográfica lo hace importante, es una primera muralla a la OTAN, al oeste con Polonia, Lituania y Letonia, al sur con Ucrania y la misma Rusia, además es miembros de la alianza rusa, Organización del Tratado de Seguridad Colectiva, lo mismo que Armenia y tres países más de Asia Central, y aquí hay una gran diferencia con lo sucedido con Ucrania, pues por este tratado, tropas militares rusas pueden ingresar en Bielorrusia, aún sin poseer bases, pero nos intención de Moscú intervenir ni ocupar territorio bielorruso, porque el Kremlin no necesariamente apoya a Lukashenko, y no mira con malos ojos un cambio en el gobierno, obvio, siempre y cuando no implique un giro hacia la U.E. y la OTAN., e incluso ese giro no esta en el discurso de la oposición a Lukashenko.

 

Realmente, Bielorrusia se encuentra en una situación de difícil equilibrio entre la U.E. y la Madre Rusia, por una crisis interna producto del desgaste y el autoritarismo de un presidente, que la mayoría del pueblo siente que no los representa, que fueron el pasado 9 de agosto con la expectativa de poner fin a 26 años de gobierno personalista, obviamente el resultado del acto eleccionario causó estupor e indignación, las acusaciones de fraude no sólo se dan en ámbito bielorruso sino también en el internacional, incluso desde Moscú, que adoptado una posición expectante y prudente, es más, a través un diálogo telefónico entre Valdimir Putin y Ángela Merkel, acordaron en que no debe haber intromisión exterior.

 

Bielorrusia está en una crísis, que puede derivar en una transición si Lukashenko renuncia, tal como se lo pidió públicamente la Premio Nóbel de Literatura, Svetiana Alexievich, o de querer retener su poder e intensificar la represión contra los manifestantes, deja abierta la puerta a una guerra civil,  una alternativa que no desea Rusia, que ve como solución a la crisis, una transición consensuada que no debe alterar las relaciones exteriores ni la posición geoestratégica de Bielorrusia.

 

Y retomando la veta literaria, muchos posiblemente no sabrán el apodo que el pueblo bielorruso le ha puesto, hace tiempo, a Lukashenko, le dicen “Cucaracha Bigotuda”, y esto me recuerda a un cuento infantil ruso de Kornei Chukovski, que relata como la cucaracha es devorada por un gorrión, y que en su momento se tomo el relato como una sátira contra Joseph Stalin y su dictadura, entonces la pregunta es, ¿ quién será el gorrión?, el propio pueblo bielorruso o la Madre Rusia?, porque finalizando la columna de hoy, no hay que olvidar, que esa visión geopolítica de Moscú que señale y describí al inicio y que me tomé el atrevimiento de denominar Neo-sovietismo, significa que su espacio de influencia hacia el Oeste debe consolidarse y en lo posible recuperar espacios perdidos, porque en definitiva y fiel a su propia historia, Rusia es la Matrioshka, la muñeca mayor.

 

2ª. Parte: ¿ cuál es la suerte de los opositores a Putin?

 

En estas últimas horas, el estado de salud y el posible ataque con sustancia tóxica sufrido por el líder opositor ruso Alexie Navalny, ha ocupado los principales portales de los medios de comunicación internacionales, pero lo que ahora ha sucedido con este dirigente y político crítico a su gobierno, no es nuevo, ni para él ni para otros que no han sobrevivido, como en los siguientes casos:

 

  • Serguei Yushenkov, diputado opositor del ex partido Liberal Ruso, asesinado a tiros en Moscú en abril del 2003
  • Natalia Estemirova, activista de DD.HH. asesinada a tiros en la región del norte del Caucaso, en el 2006
  • Anna Politkovskaya, periodista que denunció por violación de los DD.HH. por parte de las fuerzas rusas en el conflicto chechenio, fue asesinada en su depto. en Moscú, en el 2006
  • Alexander Litvinenko, ex agente de la KGB, quién tras desertar habría colaborado con la OTAN asesorando en cuestiones de seguridad de los sistemas rusos, fue envenenado con Polonio 210, elemento radioactivo, murió en Londres en el 2006.
  • Anna Barburova y Serguei Markelov, la primera periodista compañera de Politkovskaya y el segundo, el abogado de la familia Politkovskaya, ambos fueron asesinados a tiros en el mismo hecho, ocurrido en Moscú, en enero del 2009
  • Serguei Magnitski, abogado opositor, muere en prisión, posiblemente como consecuencia de torturas, Moscú, 2009
  • Boris Berezovski, multimillonario, hallado muerto en su mansión de Ascot, Inglaterra, en marzo 2013, y en el 2014 la justicia británica no pudo determinar si el hecho se debió a un suicidio o un homicidio

 

A esta trágica lista, se puede agregar, la de aquellos que han tenido mejor suerte y han sobrevivido a los ataques recibidos:

 

  • Serguei Skriptal, ex agente de la Inteligencia Militar rusa y su hija, fueron envenenados con la sustancia tóxica de uso militar, Novichok, en marzo del 2008, ataque que tuvo lugar en Salisbury, Inglaterra, el lugar que residían tras la deserción de Skriptal, ambos sobrevivieron
  • Alexei Navalny, abogado y opositor anticorrupción, nacido en la región de Moscú, el 4 de junio de 1976, casado con dos hijos, quién ya sobrevivió a otros ataques, como ser, en el 2017 fue agredido en dos ocasiones con la tinta Zelyonka, que es un antiséptico de color verde brillante que causa irritación, dolor y hasta quemaduras, tal como le sucedió a Navalny en el segundo ataque, sufriendo quemaduras en su ojo derecho. Luego en el 2019, estando cumpliendo una pena de 30 días de prisión, fue hospitalizado por sufrir envenenamiento con un agente tóxico no determinado, tras ser dado de alta, terminó de cumplir el arresto, y finalmente, el actual ataque, aparentemente por envenenamiento, que le ocasionó un estado de coma y debió ser asistido respiratoriamente en un hospital de Moscú y trasladado para su atención y seguridad a una clínica en Berlín, Alemania.

 

En cuanto a las consecuencias que tuvo que enfrentar Lavalny por iniciarse en la política en el 2008, como denunciante en su blog de casos de corrupción que involucraban a algunas importantes empresas controladas por el Estado, podemos reseñar,

 

  • 2011 cumple 15 días de prisión por participar en la primera protesta poselectoral contra el gobierno
  • 2013 es condenado por Malversación de Fondos a 5 años de prisión, pero luego la sentencia fue revocada por el Tribunal Supremo de Rusia, como efecto de la presión ejercida por el fallo del Tribunal Europeo de DD.HH. que denunciara falta de imparcialidad en aquel juicio
  • 2017 fue sometido a un segundo juicio y nuevamente condenado a 5 años de prisión, pero en suspenso, y
  • 2018 fue detenido brevemente por manifestaciones opositoras al régimen de Vladimir Putin.

 

Finalizando la columna de hoy, ironicamente se me viene a la mente el título de un film de la saga de 007, “ A Rusia con Amor

 

Por el profesor Luis Fuensalida

Reproducción autorizada por Radio Jai citando la fuente.

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