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La auténtica razón por la que los árabes de Israel no quieren vivir en “Palestina”

Los ciudadanos árabes de Israel, aproximadamente dos millones, se han alzado contra el plan de paz del presidente Trump para Oriente Medio, que propone incluir varias de sus comunidades en un futuro Estado palestino. Desde que se desveló, miles de árabes israelíes se han manifestado para expresar su repudio hacia la idea de que se les ponga bajo soberanía de un Estado palestino.

La Paz para la Prosperidad de Trump propone unos intercambios de territorio que afectarían a zonas habitadas y a zonas no habitadas. Y aboga por que el denominado Triángulo israelí, que agrupa a varias comunidades árabes “que muy mayoritariamente se consideran palestinas, forme parte del Estado de Palestina”. El plan recuerda que estaba previsto que esas comunidades “quedaran bajo control jordano en las negociaciones para el establecimiento de las líneas de armisticio de 1949, pero finalmente fueron retenidas por Israel por motivos militares que desde entonces han perdido fuerza”.

¿Por qué los 250.000 árabes israelíes que viven en el Triángulo se oponen tan contundentemente a la idea de formar parte de un Estado palestino?

La razón principal es que saben que el Estado palestino será cualquiera cosa menos democrático. Numerosos ciudadanos árabes de Israel ven de manera cotidiana se violan los derechos humanos de los palestinos que viven bajo la férula de la Administración Palestina (AP) en la Margen Occidental y de la de Hamás en Gaza.

En Israel, sus ciudadanos árabes participan en las elecciones generales y tienen sus propios representantes en la Knéset. En la Margen y la Franja, los palestinos llevan privados de elecciones imparciales y libres desde enero de 2006.

La permanente lucha de poder entre la AP y Hamás ha privado a los palestinos del derecho a elegir nuevos miembros para su Parlamento, el Consejo Legislativo Palestino. Además, a los palestinos se les ha negado el derecho a votar un nuevo presidente desde enero de 2005, cuando Mahmoud Abbas fue elegido para un mandato de cuatro años. El mes pasado, Abbas entró en su 16º año presidencial.

En vista de la querella entre la AP y Hamás, las perspectivas de que se celebren elecciones legislativas o presidenciales siguen siendo nulas.

Mientras los palestinos llevan sin Parlamento funcional desde 2007, luego de que Hamás se hiciera violentamente con el control de Gaza tras expulsar del territorio a la AP de Abbas, los ciudadanos árabes de Israel ha seguido participando en las elecciones para la Knéset, donde actualmente hay 14 diputados árabes.

Por otro lado, a los ciudadanos árabes de Israel les preocupa profundamente vivir en un Estado palestino que reprima las libertades públicas, empezando por la de expresión, así como a los medios de comunicación.

Apenas hay día en que los ciudadanos árabes de Israel no oigan hablar de las duras condiciones que padecen los palestinos gobernados por la AP o por Hamás, que ponen en la mira cotidianamente a periodistas, activistas políticos o por los derechos humanos y estudiantes universitarios.

Eso es lo que temen los ciudadanos árabes de Israel.

Un reciente informe del Comité de Familiares de Presos Políticos, radicado en la Margen Occidental, reveló que las fuerzas de seguridad de la AP han detenido a decenas de universitarios en los últimos meses por razones políticas. El documento da cuenta de al menos 619 abusos contra universitarios en los últimos dos años.

Mientras, los árabes que son ciudadanos de Israel son libres para celebrar protestas en los campus sin temor a ser detenidos o interrogados. La semana pasada, sin ir más lejos, estudiantes de la Universidad de Tel Aviv se manifestaron contra el plan de Trump coreando: “¡Palestina es árabe, desde el río [Jordán] hasta el mar [Mediterráneo]”. En cambio, los universitarios palestinos que viven en las áreas palestinas de la Margen Occidental o en Gaza no pueden más que envidiar a los estudiantes árabes israelíes, que son libres de celebrar actividades políticas en los campus. En otro informe reciente se reveló que varios estudiantes palestinos detenidos habían sido brutalmente torturados. La mayoría de los arrestos se produjeron en la Universidad de An Nayah, en Nablus (Margen Occidental).

Los estudiantes que viven en la Gaza de Hamás, donde prácticamente todo el mundo es árabe y carece de nacionalidad israelí, no lo tienen mejor. Las fuerzas de seguridad de Hamás irrumpen con frecuencia en los campus y detienen a estudiantes y profesores por su activismo político. Uno de los campus más asediados es el de la Universidad Al Azhar. El pasado noviembre, las fuerzas de seguridad de Hamás irrumpieron en la Universidad Palestina, en el norte de la Franja, y detuvieron a varios estudiantes que estaban preparando una manifestación política.

Mientras en Israel los ciudadanos árabes son libres de criticar al Gobierno y a los líderes políticos, los palestinos de la Margen y de Gaza que se pronuncian contra la AP o contra Hamás pueden acabar entre rejas. Un ejemplo: el profesor Abdel Satar Qasem, notorio crítico de Abás, fue acusado en 2016 de insultar al líder de la AP y estuvo varios días detenido, El periodista Majdulín Hasuneh fue igualmente acusado de insultar a Abás en Facebook.

En Gaza, Hamás ha detenido a centenares de opositores políticos en los últimos años. Ni los cómicos se libran de la represión hamasista de la libertad de expresión. Recientemente, las fuerzas de seguridad gazatíes arrestaron al humorista Adel Mashuji luego de que publicara un vídeo en las redes sociales en el que bromaba a cuenta de la crisis eléctrica que padece la Franja.

Cómo extrañarse, pues, de que los ciudadanos árabes de Israel estén preocupados ante la perspectiva de vivir en un Estado palestino controlado por la AP y Hamás. Saben que, una vez se conviertan en ciudadanos de un Estado palestino, correrán la misma suerte que los palestinos que viven bajo la férula de la AP y de Hamás. Hay líderes de la comunidad árabe israelí que incluso están afirmando que vivir en un Estado palestino sería “una pesadilla que no ha de materializarse”.

Los árabes de Israel están lanzando a la comunidad internacional el mensaje de que prefieren seguir viviendo en Israel y no bajo una dictadura árabe. Una encuesta elaborada por The Israel Democracy Institute en 2017 reveló que el 66% de los árabes israelíes veía la situación general israelí como “buena” o “muy buena”. Según otro sondeo, llevado a cabo por el profesor Sami Samuha, de la Universidad de Haifa, el 68% de los ciudadanos árabes de Israel prefieren vivir en Israel antes que en otros países. Samuha afirmó que entre los ciudadanos árabes de Israel “hay un reconocimiento de lo conveniente, libre y estable que es el Estado de Israel”.

“En Israel hay un montón de beneficios y un estilo de vida moderno, así como estabilidad económica y política. No puedes comparar la vida de los árabes [en Israel] con la de los árabes en Palestina, el Líbano o Egipto. Y luego está también el hecho de que en Israel no hay preocupación ante una toma islamista del poder.”

Lo que necesitan los ciudadanos árabes de Israel ahora es elegir líderes que promuevan la coexistencia entre árabes y judíos en Israel y no incurran en dichos y hechos antiisraelíes.

Algunos líderes de los ciudadanos árabes de Israel, particularmente algunos diputados de la Knéset, vienen actuando contra los intereses de sus representados. Prácticamente parece que sean representantes de la AP y de Hamás y no de los árabes israelíes que les votaron en la esperanza de que trabajarían para resolver los problemas que padecen sus comunidades, como el desempleo.

Los ciudadanos árabes de Israel necesitan auténticos líderes que les representen como es debido en la Knéset y que, en vez de destruirlos, tiendan puentes con los judíos. Ojalá las manifestaciones en las comunidades árabes israelíes contra su transferencia a un Estado palestino sirvan de advertencia a los líderes árabes israelíes: estad con vuestra gente o quitaos de en medio.

Fuente: Gatestone

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