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Un grupo de investigadores argentinos viajará a Egipto para revelar los secretos de una misteriosa tumba

Amenmose fue un noble egipcio que vivió durante los reinados de Hathsepsut y Tutmosis III, entre 1479 y 1458 antes de Cristo. Era cantero: se dedicó al oficio y al arte de labrar la piedra, siendo el organizador de la construcción de los monumentos de la época. Al morir, fue enterrado en la necrópolis del dios egipcio de la creación, Amón. Su tumba se encuentra a 700 kilómetros al sur de El Cairo, en la orilla occidental tebana.

Hasta allí viajará el mes que viene un grupo de investigadores argentinos para profundizar sus conocimientos en la antigua cultura faraónica. Irán a investigar el estado actual de la tumba, a detectar los daños del monumento y a, posiblemente, realizar tareas de conservación.

La iniciativa tiene nombre: Proyecto Amenmose. Y se comenzó a concebir a principios de este año. En enero de 2019, una comitiva de seis investigadoras de las universidades de La Plata, Buenos Aires y Quilmes viajó a la ciudad de Luxor y visitó sitios arqueológicos. El objetivo fue investigar tumbas. “Habíamos seleccionado varias pero ninguna estaba disponible”, recuerda Andrea Zingarelli, directora del proyecto, egiptóloga y docente de la Facultad de Humanidades.

La alternativa llegó desde una oficina dependiente del Ministerio de Antigüedades de Egipto, donde le indicaron otra opción: la tumba tebana 318.

La tumba de Amenmose (TT 318 es el número asignado) se ubica en el Valle de los Nobles en la colina de Sheikh Abd el-Qurna, en Luxor. Está entre numerosas capillas funerarias distribuidas de manera irregular a lo largo de las colinas occidentales de la antigua Tebas, espacios donde fueron sepultados reyes, reinas y nobles. El lugar constituye una de las mayores fuentes de información de la sociedad egipcia antigua.

El acceso a esta tumba no está permitido sin previa autorización. Tampoco es sencillo: las puertas están bloqueadas por algunas rocas y bloques macizos. Para llegar se debe pasar primero por otra tumba rupestre y desde allí caminar a través de un pequeño pasadizo.

En su interior contiene relieves pictóricos y escritos que datan de más de 3500 años de antigüedad. “Tenemos solo algunas cosas sueltas: una foto de ese pasaje tomada en 1939, dos fotos en color de una misión japonesa en 1960, y unos dibujos que hicieron viajeros en el siglo XIX, que copiaron jeroglíficos con distintas escenas. Son ocho paredes en total y tenemos registros de solo dos”, dice Zingarelli en diálogo con Infobae.

No hay mucha más información. Lo demás es un misterio. “Las tumbas, por lo general, tienen dos salas en forma de ‘T’ y adelante un patio. El patio de esta tumba no está localizado”, precisa Zingarelli. Y cuenta que también desconocen la ubicación del pozo funerario, donde se encuentra el sarcófago, y la existencia de posibles conexiones internas con otras cámaras.

En este contexto, las especialistas elaboraron el proyecto con el fin de desarrollar líneas de investigación interdisciplinarias entre la egiptología, la historia y la arqueología. Una vez lista, la propuesta fue presentada a las autoridades gubernamentales del país africano en marzo pasado, junto con pasaportes, currículums y demás información de cada uno de los científicos. “La aprobaron en abril y nos dieron los permisos de trabajo en agosto”.

Iniciaron también tratativas para poder ingresar a la tumba, lo cual abre la posibilidad de fotografiar las pinturas, estudiar los relieves en las paredes, documentar ese material, hacer un relevamiento del estado y proyectar trabajos de restauración. Contribuir a la conservación del monumento es otra de las metas.

En total, son 13 arqueólogas, historiadores y conservadores del Instituto de Investigaciones en Humanidades y Ciencias Sociales de la Universidad de La Plata, de la Universidad de Buenos Aires, la Universidad Nacional de Córdoba y la Universidade Federal do Triângulo Mineiro (UFTM) de Brasil.

A Zingarelli la acompañarán Silvana Yomaha, Leila Salem, María Belén Castro, María Sarmiento, María de los Ángeles Suárez, Eva Calomino, Miriam Hara, Liliana Manzi, Yésica Leguizamón, Silvana Fantechi, Pablo Rosell y Fabio de Moraes Lima. Partirán el 12 de enero y regresarán el 27 de febrero.

El proyecto es autogestionado. Cada uno debe solventar la mayor parte del viaje, que incluye pasajes, los trabajos a realizar y el equipamiento faltante. Como no contaron con financiación externa, iniciaron en la plataforma Ideame una campaña para recolectar donaciones bajo el control de la Asociación Civil Amenmose Egipto que ellas mismas crearon.

Fuente: Infobae

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