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Goebbels tenía razón: la ilusión de verdad explica por qué una mentira repetida nos acaba pareciendo verdad

*Por Esther Miguel Trula

La famosa técnica propagandística de Goebbels, que repetir una mentira mil veces la convertirá en verdad, estaba basada en hechos científicos. Así lo sostienen una serie de estudios iniciados en los años 70 y refrendados desde entonces por distintos ensayos (de reducidos grupos de participantes pero estudiados con variadas metodologías).

Dicho en una frase, la familiaridad puede sobreponerse a nuestra racionalidad, lo que implica varios conflictos, como que las noticias antibulos pueden ayudar a propagar su apoyo, que lo que es en apariencia más sencillo y falso puede convencernos mejor que lo cierto y complejo y que, como dirían otros poetas del siglo XXI, todo lo que rima es verdadero.

La ilusión de verdad. O el efecto de validación o de reiteración, como se le conoce. La exposición a aseveraciones falsas se va convirtiendo en cierta en nuestra mente a medida que aumenta la cantidad de veces que las oímos o leemos incluso si el mensajero nos indica que se trata de una afirmación falsa. El grupo más vulnerable a este tipo de engaños es la gente mayor, por encima de los 50 años, pero parece no haber diferencias en la inclinación a creer estas informaciones según tu propia ideología ni si a la información que te cuelan es política, científica o de otro tipo.

Es una cuestión del efecto de exposición, uno de los fenómenos más estudiados por la sociología y el márketing. Su “remedio” también ha sido analizado: en 2013 se hizo un estudio sobre la disfluencia, es decir, sobre si añadir dificultad al acceso de la información evitaba el efecto de esa fluidez que nos conlleva a creer algo. Se demostró que si le pone a alguien en una tipografía incómoda la pregunta “¿Cuántos animales de cada clase llevó Moisés en su arca?” la gente era más propicia a decir que ninguno (no fue Moisés, fue Noé) que si estaba en Futura.

La fluidez del procesamiento. Todo esto va ligado a lo rápido que procesamos unos hechos. Como sabemos, nuestra mente tiende a interpretar los hechos según información previa y la información que recuperamos de la memoria, aunque sea mentira, es “más fluida o familiar que algo que se aprende por primera vez”.

Esto implica que es más fácil que nos cuelen una idea si está elaborada con hechos falsos aunque sepamos que lo son. Por ejemplo, que “con estos sencillos trucos” desbloquearás parte de ese 90% del cerebro que no usas. Esto quiere decir que, aunque el sujeto ya sepa que eso de que usamos el 10% de nuestra mente es una leyenda popular, es más fácil que caiga en este cebo.

También, que es más fácil que valoremos como cierta una explicación que no nos haga pensar mucho dependiendo de nuestro sesgo (aunque sea mentira) que una que requiera una complejidad argumental. Por poner dos ejemplos, que los inmigrantes son uno de los principales agujeros económicos de nuestro país o que las mujeres cobran menos que un hombre a igualdad de trabajo.

Además de esto, otros estudios de los años 80 demostraron que la información que deriva de la experiencia reciente tiende a ser vista como “más fluida y familiar” que la nueva experiencia. Daremos más peso siempre a lo viejo. Esto va tangencialmente unido a otro fenómeno social: que los políticos que gobernaron durante nuestra adolescencia tienen una crucial importancia en nuestra visión política: según estudios estadounidenses, los jóvenes que crecen bajo administraciones republicanas tienden a inclinarse por esta opción para el resto de su vida y viceversa.

¿Podremos estar jamás seguros? Si todo lo que se cuenta previamente en este artículo encaja sobre tus prejuicios o te resulta ya familiar… ¿Estás adquiriendo información certera o estás creyendo?

Fuente: Magnet.

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