La derrota de Trump en Irán
Tras cuatro meses de incesantes bombardeos, no se obtuvo ni el cambio de régimen deseado, ni una “rendición incondicional”, ni se eliminaron las reservas de uranio enriquecido en Irán. Lo único que se consiguió fue la promesa de reapertura del estrecho de Hormuz.
Por José Albarracín
El lunes pasado, el New York Times publicó una nota, firmada por su Comité Editorial, con un título impactante: “El Presidente Trump perdió esta guerra”. La guerra en cuestión es, por supuesto, la que iniciara a fines de febrero pasado, a instancias de Israel, contra Irán. El artículo dio la vuelta al mundo, y si bien lo que anunciaba -el acuerdo que pondría fin al conflicto- hizo recuperarse a las bolsas y bajar los precios del petróleo, el punto de inflexión que marca es una nueva caída en la hegemonía norteamericana.
Humillación.
El argumento de los editores del NYT era claro, aún antes de conocerse los términos del acuerdo que se firmara con la mediación de Pakistán: lo que EEUU ha obtenido de esta guerra no incluye ninguno de los objetivos que se propuso cuando la inició, y el país emerge de este conflicto “humillado”, y también “más débil, tanto en términos militares, como diplomáticos, como económicos”.
Tras cuatro meses de incesantes bombardeos, no se obtuvo ni el cambio de régimen deseado, ni una “rendición incondicional”, ni se eliminaron las reservas de uranio enriquecido en Irán. Lo único que se consiguió fue la promesa de reapertura del estrecho de Hormuz -crucial para el tráfico mundial de petróleo y derivados- pero, claro, eso es meramente volver al estado de cosas que existía antes de iniciarse la guerra. Ese bloqueo demostró ser el arma letal de Iran, que con esa simple movida provocó un desbarajuste tal en la economía mundial, que la presión sobre Trump fue insoportable. Y, pese a sus pedidos, ninguno de sus socios europeos movió un miserable barco para destapar el atolladero. Otro dato no menor, del que también tomaron nota en Teherán.
Ello, para no hablar de cómo harán para convencer a Israel de cesar la matanza de civiles libaneses: el acuerdo, en el cual no participó Tel Aviv, incluye expresamente el cese el fuego en el Líbano, obligación ésta que corre por cuenta de Washington asegurar.
Tráfico.
Muy distintas son las obligaciones que asume Irán. Sobre el tema central -el desbloqueo de Hormuz- no se obliga a un resultado garantizado, sino a comprometer en él “sus mejores esfuerzos”. Y aunque por sesenta días se garantiza el tráfico comercial gratuito por la zona, se reservan el derecho de dialogar “con el Sultanato de Omán para definir la futura administración y los servicios marítimos en el estrecho de Ormuz, en consulta con otros Estados ribereños del Golfo Pérsico”. Vale decir, prepárense para pagar el peaje.
El sólo hecho de que las cosas volvieran meramente a la situación de febrero pasado ya hubiera sido una derrota para EEUU. Pero Irán obtuvo mucho más que eso. Por la cláusula séptima, “Estados Unidos se compromete a poner fin a todo tipo de sanciones contra la República Islámica de Irán, incluidas las resoluciones del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, resoluciones de la Junta de Gobernadores del OIEA, todas las sanciones unilaterales estadounidenses, primarias y secundarias”.
Ya que estamos en épocas de aranceles (cláusula décima) se aseguran de que el Departamento del Tesoro “emitirá exenciones para la exportación de petróleo crudo iraní, productos derivados del petróleo y todos los servicios asociados”. Y como frutilla del postre (cláusula undécima) “Estados Unidos se compromete a poner a disposición los fondos y activos congelados o restringidos de la República Islámica de Irán una vez implementado este Memorando de Entendimiento”.
No hay cómo ocultar que Irán sale de esta guerra en una situación internacional mucho mejor que la que tenía en febrero pasado. Hasta en materia nuclear, no ha hecho más que “reafirmar” su compromiso de no fabricar bombas atómicas, declaración ésta que ya había formulado antes en forma reiterada.
Trump podrá cacarear todo lo que quiera sus amenazas de reanudar los ataques. Y es que, como bien sabe la gente de campo, las gallinas tienen la habilidad de correr incluso después de que les corten el cogote.
Fuente: La Arena
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