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“En Israel ricos y pobres tienen el mismo sistema de salud”

Con más de 30 años de carrera en el sector médico, el cardiólogo y experto en gestión de sistemas de salud Zeev Rotstein asumió en 2016 un enorme desafío: la dirección general de Hadassah Medical Organization (HMO).

Creada en 1934, Hadassah posee actualmente dos hospitales universitarios y se ha convertido en una de las más prestigiosas instituciones del sector de la salud israelí. La experiencia de Rotstein y de Hadassah ha sido puesta a disposición de la Argentina, donde han asesorado desde 2003 a la provincia de Tucumán en sus políticas públicas para atender la gravísima problemática de la malnutrición y la desnutrición infantil.

-De acuerdo con el índice elaborado por Bloomberg, Israel es actualmente el noveno país más saludable del mundo. ¿Cuáles son los factores que explican este resultado?

-Si tomamos dos países, EE.UU. e Israel, y comparamos sus sistemas públicos de salud y sus indicadores como la mortalidad infantil y la longevidad, veremos que Israel logra un desempeño relativamente mejor que EE.UU. Si analizamos hasta qué punto es accesible el sistema de salud, descubriremos que en Israel el sistema es muy accesible, ya que todas las personas están cubiertas y tienen acceso a una determinada canasta de servicios médicos determinada por ley que incluye desde transplantes hasta medicación crónica y hospitalización. Esa canasta de servicios médicos se actualiza periódicamente, como máximo cada dos años, por un comité profesional sin presencia de políticos. Y a diferencia de EE. UU., que está gastando 19 % de su PBI en salud pública, Israel está gastando 7,8 % de su PBI en salud. El sistema de salud israelí es equitativo, práctico y muy claro, y en él los ricos y los pobres tienen acceso a los mismos servicios.

-En 1995 Israel sancionó una reforma que introdujo el Seguro Nacional de Salud. ¿Qué cambios se hicieron?

-Nosotros comenzamos, como Argentina, con un sistema bismarckiano: había una serie de fondos que aseguraban a distintos tipos de trabajadores y les brindaban servicios de salud, que estaban a cargo de organizaciones sin fines de lucro. En 1995, luego de cerca de diez comisiones que analizaron las posibles reformas al sistema, se entregó una serie de recomendaciones y una de ellas fue aceptada, la reforma del seguro de salud. El objetivo fue transitar hacia un sistema similar al del Reino Unido, donde existe un sistema financiado por el gobierno y con cobertura universal. Luego de la reforma de 1995, los israelíes pagamos nuestros impuestos al gobierno y es el gobierno el que asigna los recursos a seis fondos de servicios de salud en base a una cápita que toma en consideración la edad y otros factores. Estos seis fondos son responsables por ley de brindar los servicios y compiten entre ellos. No es un modelo puro, sino un sistema híbrido que ha demostrado funcionar muy bien.

-En su trabajo profesional, primero en el Sheba Medical Center y actualmente como director general de Hadassah, ¿qué importancia asigna a la investigación médica?

-Yo dediqué la mayor parte de mi vida profesional al Sheba Medical Center, donde me inicié como residente y llegué a desempeñarme como director general. Allí contábamos con una institución académica afiliada, la Universidad de Tel Aviv, por lo cual parte de nuestro trabajo estaba dedicado a la investigación. Actualmente, en Hadassah, nuestro hospital es un hospital universitario; nuestra institución tiene cinco centros académicos de excelencia y hoy más del 50 % de la investigación médica que se desarrolla en Israel es responsabilidad de Hadassah. Nuestros médicos e investigadores trabajan tanto en investigación como en educación y realizan simultáneamente su trabajo clínico. Es un modelo muy exitoso, que no recibe financiamiento del gobierno sino que depende de donaciones. Afortunadamente, dentro y fuera de Israel, tenemos muchas personas que aportan dinero para investigación, desarrollo, tecnología e infraestructura.

-¿Cuáles diría que son las claves para dar respuestas a los pacientes y a la sociedad?

-Desde mi punto de vista, un centro académico debe estar profundamente involucrado en la investigación por distintas razones. En primer lugar, debe contar con una masa crítica que le permita pensar nuevos desarrollos y eso solo podemos hacerlo en conjunto, uniendo en un solo lugar el trabajo de los investigadores en ciencia básica y los investigadores clínicos, para lograr la sinergia necesaria. En segundo lugar, quienes están involucrados en el trabajo de investigación tienen mejor capacidad de comprensión que el resto de los médicos. En tercer término, la combinación entre investigación y atención clínica es fundamental porque lo que primero aparece es el problema clínico y luego se debe encarar la investigación para resolverlo. Por otra parte, cuando uno es investigador y a su vez transmite sus conocimientos desde la docencia, los estudiantes se involucran y buscan profundizar sus conocimientos sobre enfermedades críticas. Y así como conseguimos en el pasado dar respuesta al SIDA, hoy estamos logrando más y mejores respuestas frente al cáncer.

-¿Estamos en condiciones de avanzar, desde el conocimiento médico y la investigación, en la lucha contra el cáncer?

-En el pasado el cáncer era una sentencia de muerte. Ni siquiera mencionábamos la palabra “cáncer” a los pacientes porque, con solo oírla, ellos perdían las esperanzas. Hoy contamos con centros de investigación y estamos transformando el cáncer de una enfermedad terminal en una enfermedad crónica. Un ejemplo concreto es el cáncer de mama: mi madre murió en 1982, menos de cuatro años después de que se le diagnosticara un cáncer de mama. Ha habido una verdadera revolución en la investigación. Hoy sabemos, en primer lugar, que no lidiamos con un solo tipo de cáncer de mama, sino con distintas tipologías. Si se logra dar con la medicación adecuada para el tipo de cáncer, se frena su desarrollo y se convierte en una enfermedad crónica. El nivel de conocimiento del mecanismo de los diferentes tipos de cáncer nos está acercando a la solución total del problema. Muchos tipos de cáncer en la actualidad han dejado de ser mortales y podemos conseguir que los pacientes logren curarse o seguir viviendo con la enfermedad en forma crónica.

HADASSAH Y SU CONTRIBUCIÓN A LA PAZ

-Actualmente Hadassah está involucrado en una iniciativa denominda Heart for Peace, que permite atender a los niños palestinos con enfermedades cardíacas congénitas. ¿Cree que este tipo de programas permiten superar ciertos preconceptos que existen entre israelíes y palestinos?

-Esta iniciativa permite conseguir donaciones para tratar a los niños palestinos. Sin embargo, hoy nosotros estamos tratando también directamente con el gobierno palestino. Difícilmente consigamos cambiar la actitud de la mayoría de los palestinos, que nos seguirán viendo como ocupantes. En la Franja de Gaza, controlada por Hamas, en lugar de invertir en mejorar la economía, las condiciones de vida y crear puestos de trabajo, se ha continuado invirtiendo en el odio hacia Israel. Y lo digo con mucho dolor porque cuando yo era un joven cardiólogo solía ir a Gaza cada semana a atender pacientes palestinos. Mi jefe de aquel entonces abrió el primer hospital en Gaza y, bajo la ocupación israelí, la población de Gaza recibió de nosotros tratamiento gratuito. Cuando Israel abandonó la zona, se cortaron todos los lazos que existían y no quisieron que siguiéramos tratando a los pacientes con problemas cardíacos congénitos o con cáncer. Lamentablemente, en Gaza hoy todo el sistema de bienestar y de salud que se brinda a la población procede de las mezquitas y está conectado al radicalismo y al Islam fundamentalista, lo cual se transmite a los chicos desde edad temprana. En Jerusalén Oriental y Cisjordania, bajo la Autoridad Palestina, la situación es distinta. Yo creo que nosotros debemos ser proactivos y seguir tratando a los pacientes palestinos en forma incondicional y sin exigir nada a cambio. Tal vez, de esa forma, estemos sembrando una semilla para el futuro. Nosotros somos médicos y debemos ser leales a nuestra misión. Eso es lo que ha demostrado Hadassah en sus 100 años de vida.

-En 2005 Hadassah fue postulado para el Premio Nobel de la Paz. ¿Cree que en determinados sectores de la opinión pública internacional, particularmente en Europa, aún existen ciertos prejuicios con respecto a los israelíes?

-Le voy a dar un ejemplo. Hace un par de años recibimos en Hadassah la visita de la baronesa Nadine de Rohtschild. Ella se reunió conmigo y recorrió nuestra institución. Me preguntó si teníamos pacientes palestinos y le dije que sí. Junto con ella vino una joven periodista de Paris Match que estaba preparando un artículo para su revista. Le pedí que por favor me enviara una copia de su trabajo una vez publicado. Recorrimos con ellas las salas de atención y pudieron conversar con pacientes palestinos en forma libre y abierta, sin que nosotros las influenciáramos. Como no me llegó ningún material, al tiempo le escribí a la periodista para preguntarle qué había pasado con su artículo. Me dijo que se sentía muy incómoda con lo que me debía responder. El hecho fue que al volver a París su editor le había dicho que no era posible que médicos israelíes estuvieran tratando pacientes palestinos y que la información era falsa y, por lo tanto, no iba a ser publicada. Imagínese qué difícil sería para Hadassah recibir un Premio Nobel si el común de la gente nos sigue viendo a los israelíes únicamente a partir de la visión que le transmiten los medios. La imagen de Israel y de Hadassah que tiene un europeo promedio es mala. Yo creo que ese Premio Nobel sería merecido porque nuestra institución practica la paz a diario, contamos con médicos, enfermeras, técnicos y pacientes palestinos. Cuando abrimos las puertas del hospital, para nosotros todos son iguales y no hacemos distinciones.

Yo creo que nosotros debemos ser proactivos y seguir tratando a los pacientes palestinos en forma incondicional y sin exigir nada a cambio

-Usted tuvo oportunidad de tratar con distintos líderes políticos en su larga carrera como médico, incluidos exprimeros ministros y presidentes como Ariel Sharon y Shimon Peres. ¿Cree que hoy es posible retomar el espíritu de los Acuerdos de Oslo?

-En mi trayectoria tuve la oportunidad de tratar a Ben Gurion, Ariel Sharon, Shimon Peres… Y recuerdo que el primer líder con el que traté personalmente fue Moshé Dayan. Al tratar a distintos líderes políticos, he aprendido a conocer el lado humano de cada uno de ellos. Yendo a su pregunta, Oslo fue una muy buena iniciativa, pero gradualmente se fueron perdiendo los líderes que podrían haber hecho avanzar el proceso. Para lograr el éxito en este tipo de iniciativas, se necesitan líderes capaces de cambiar la mentalidad de la opinión pública y que no se limiten a agradar a todo el mundo. Un líder debe ser capaz de cambiar la situación en la que vive. Arafat, Rabin y Shimon Peres, con sus diferencias, fueron verdaderos líderes. En el Medio Oriente, especialmente en Israel y Palestina, hoy ya no hay líderes de ese tipo. Si volvemos a hablar de Hadassah, nosotros no somos una organización política y no respondemos a ningún partido. Nosotros tratamos a todo el mundo y estamos orientados por una misma visión. Más allá de nuestras opiniones políticas, todos sabemos que nuestra misión es ayudar a la gente; todos los pacientes tienen derecho a que los atendamos y les brindemos el mejor tratamiento posible.

Por Mariano Roca

Fuente: Infobae

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