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Porqué la República Islámica de Irán es responsable del atentado a la sede de la AMIA en Buenos Aires, Argentina

En las próximas líneas intentaré desarrollar el “Porqué” de lo señalado en el título del presente artículo, que guarda relación con los precedentes del 26 de junio, “Las actividades criminales del Hezbollah…” y del 2 de julio pasado, “Mashhad, el serpentario iraní” (N. del E: usted podrá remitirse a ellas en el pie de esta nota).

Tras la reunión en la ciudad de Mashhad, Irán, cuando se decidió el ataque a la sede de asociación judía en Buenos Aires, en base a los informes de Mohsen Rabbani, se iniciaron semanas después actividades en el campo diplomático.

Es así, que en octubre de 1993 se solicitaron visas para viajar a la Argentina para funcionarios del gobierno de Teherán, como ser el caso de Ali Janati, subsecretario del ministerio de Cultura, quién no por mera casualidad tenía un cargo jerárquico en las filas de la Guardia Revolucionaria, sin embargo, el viaje de Janati no se realizó por estar fichado como terrorista por los servicios de inteligencia occidentales.

Por el contario, Ahmad Alamohada, funcionario del ministerio de Relaciones Exteriores, si viajó y arribó a Buenos Aires en la segunda semana del mes de junio de 1994, con una visa expedida por la embajada argentina en Holanda por el término de 30 días, pero significativamente a los cuatro días dejó la ciudad porteña con rumbo a Madrid, España, en donde Irán tiene una oficina del ministerio de Seguridad e Inteligencia, que es la que se ocupa de coordinar las operaciones en Latinoamérica.

El caso de Alamohada es un ejemplo entre otros del significativo movimiento de funcionarios y agentes iraníes hacia Buenos Aires días previos al 18 de julio de 1994.

Otro ejemplo de este accionar, es el viaje un mes antes del atentado, el 18 de junio, del 1er. Secretario de la embajada iraní en Montevideo, tras lo cual lo hizo el embajador, algo que coincidentemente ya había hecho antes del ataque a la embajada de Israel en Buenos Aires, en marzo de 1992, pero esta vez lo realizó en compañía de cinco funcionarios más, aunque todos lo hicieron por un corto lapso.

Otro caso es de un grupo de “agentes diplomáticos” iraníes que llegaron el fin de semana anterior al atentado y partieron dos días antes que se llevara a cabo el mismo.

Un detalle no menor, de por si llamativo, es que la mayoría de los funcionarios y agentes diplomáticos de Irán que arribaron a la Argentina, entre junio y julio de 1994, lo hicieron con pasaportes emitidos en abril y y mayo de ese año, tal como lo revela la numeración continua, y sin embargo, muchos de ellos ya tenían pasaportes, pese a la nueva asignación de destino.

Como podemos apreciar, fue inusual el movimiento de las “visitas diplomáticas” iraníes en el período previo al atentado de 1994, pero lo más llamativo esta en la salida de la mayoría de estos pocos días antes y poco después de acaecido el ataque, tal el caso de los embajadores de Irán en Chile, Uruguay y Hadi Soleymanpour titular de la representación diplomática iraní en Argentina, todos regresaron a Teherán semanas previas.

Las acciones encubiertas de agentes y funcionarios diplomáticos no es algo privativo de Irán, e involucran empresas, instituciones y organizaciones que son utilizadas como fachadas, no sólo para tareas de inteligencia sino también para la administración de bienes y recursos.

En este sentido, recordemos que en los artículos anteriores y también en el presente, se señaló a quién una vez que se le otorgara el status diplomático de Agregado Cultural de la embajada iraní en Buenos Aires, Mohsen Rabbani, quién tras lo acordado en la reunión de Mashhad, fue designado como el principal responsable logístico en Argentina para el ataque a la AMIA.

En este rol, Rabbani abrió en diciembre de 1993, una cuenta en el Deutsch Bank, pese a tener ya abiertas una en el Banco Sudameris desde 1989 y otra en el Banco Tornquist desde marzo de 1992. En el caso de la primera de las cuentas, Deutsch Bank, se registraron transferencias internacionales por aproximadamente 150 mil dólares, enviados desde el Bank Mille de Irán a través de la Unión de la Banca Suiza.

Algo que es para señalar con respecto a la entidad bancaria iraní, años después, en el 2007 el gobierno de los EE.UU. determinó que a través del Bank Mille se financiaba la compra de material necesario para el desarrollo de los programas nucleares y misilístico iraní, como así también para proporcionar aporte económico para las actividades de operativos y elementos de la Fuerza Al Quds.

Volviendo a Mohsen Rabbani, previo a llevarse a cabo el atentado a la AMIA, retiró las dos terceras partes del dinero de sus cuentas y algo más de 45 mil dólares en los dos meses siguientes de perpetrado el ataque y también recibió remesas de dinero desde Irán en su cuenta del Banco Tornquist.

Pero no nos quedemos en Rabbani, en cuanto a arquitectura logística, otro personaje que también esta relacionado con el nombrado es, Hussein Parsa, quién reemplazó a otro agente de la inteligencia iraní, Seyed Jamal Youssefi, en la empresa GTC o Corporación de Comercio, una pantalla para administrar recursos y generar ingresos, y fue Parsa quién meses antes de julio de 1994, rentó un departamento cuyo contrato fue firmado en la sede diplomática iraní en Buenos Aires. Si bien nunca fue probado, es posible que ese inmueble haya sido utilizado como “cueva” para los agentes operativos que tomaron parte en el atentado. Si bien se mantuvo cerrado o con escaso movimiento de personas, desde ese lugar se hicieron llamadas hasta el día anterior al ataque a la AMIA al ministerio de la Reconstrucción en Irán, tras lo cual no hubo más movimientos ni actividades en aquel departamento y Parsa abandonó definitivamente la Argentina dos meses después del 18 julio.

Por su parte, Rabbani llamó desde su celular a la empresa GTC y en realidad era el mismo Rabbani quién determinaba quienes podían trabajar en esa pseudo empresa comercial, y en relación a ésta, quizás la prueba más notoria de que GTC era una pantalla del accionar de la inteligencia iraní, es que no presentó declaraciones impositivas y tuvo una casi nula actividad comercial hasta su cese en septiembre de 1995.

Mohsen Rabbani, sin lugar a dudas fue el principal responsable de la logística para perpetrar el atentado, tanto antes como después del mismo retiró de sus respectivas cuentas bancarias más de 280 mil dólares.

Finalmente, para demostrar la responsabilidad criminal y su rol de estado patrocinador del terrorismo de la República Islámica de Irán, esta plasmada en el registro de las llamadas entre sus operativos y enlaces diplomáticos, que muestran una triangulación entre la embajada iraní en Buenos Aires y la oficina 240 de coordinación de los ministerios de Relaciones Exteriores y el de Seguridad e Inteligencia con sede en Teherán a través de un conmutador militar iraní, un procedimiento que se implementó el 15 de marzo de 1992 y cesó el 6 de julio de 1994.

Como en algunas películas, “cualquier relación con realidad…” aquí no es simple coincidencia, es la responsabilidad criminal del régimen de Teherán, algo que al parecer el gobierno de Cristina de Fernández no tuvo en cuenta cuando se decidió acordar el infame -e incostitucional- Memorando de Acuerdo con Irán.

Levy ben David

Reproducción autorizada citando la fuente con el siguiente enlace Radio Jai

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