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Los diputados comunitarios del nuevo Congreso Chileno

De una senadora y tres diputados en la legislatura anterior, hemos pasado a dos diputados en la legislatura actual. Así se puede resumir la presencia de políticos de origen judío en el Poder Legislativo. En las próximas líneas, la mirada de los diputados Gabriel Silber y Tomás Hirsch.

Precisamente el diputado Gabriel Silber comentó a La Palabra Israelita las implicancias de este nuevo Congreso.

“Más que frente a un cambio de Gobierno, estamos frente a un ciclo político nuevo. Por años vivimos la lógica del binominal, con dos grandes sectores, y hoy tenemos un nuevo Congreso más diverso y plural. Creo que pese a las dificultades que trae para muchos, al final del día se reconcilia la política con la sociedad. Probablemente enfrentemos dos complejidades nuevas: por una parte, saber cómo va a funcionar una Cámara de Diputados con un aumento de parlamentarios (155 en vez de 120), con la incorporación de actores nuevos, que muchas veces estaban en la periferia del poder, y esa marginalidad generaba descontento y descrédito a la política y, por la otra, el hecho de que el Gobierno estará en minoría, lo que, en principio, será un incentivo a la búsqueda de acuerdos. Esto, en todo caso, quedará sobre el Ejecutivo la principal responsabilidad y, es de esperar, que tengamos también un Parlamento receptivo a grandes acuerdos a favor del desarrollo de nuestro país. De esa tarea nadie se puede restar”.

-¿Cuáles son sus expectativas y prioridades legislativas?

-Dos cosas. Primero, velar porque los avances, especialmente en un gran conjunto de avances sociales, no tengan retrocesos, ni de forma ni de fondo; más bien en la idea de ampliarlos. Así como ayer condenamos la lógica de la retroexcavadora, tampoco debemos pensar al nuevo Gobierno partiendo desde cero. En segundo lugar, estar disponibles para generar acuerdos que robustezcan nuestra institucionalidad en, a lo menos tres órdenes de materias: uno, avances en todas aquellas materias que se orienten a una mayor equidad, sobre todo para acercar las brechas de oportunidades y recompensas entre los diferentes sectores de la sociedad; segundo, avanzar muy sostenidamente en proyectos que procuren mayor equidad entre los territorios, no solo desde el punto de vista regional, sino sobre todo en los territorios locales, permitiendo el asentamiento de población en las comunas más carenciadas y descongestionando, pues somos un país demasiado centralizado. Y, en tercer lugar, abordar con decisión política la necesaria e ineludible reforma a la Constitución, que asegure que “la casa de todos” tenga, no solo legitimidad democrática, sino también sea percibida como la base estable de una institucionalidad que nos compromete a todos.

“Otros temas en los cuales debiéramos avanzar a acuerdos sustantivos tienen que ver con aquellos que dicen relación con la protección a la niñez y adolescencia vulnerable; el enfrentamiento a la inseguridad ciudadana; avance en la gratuidad en la educación superior; mejoramiento al sistema de pensiones; mínimos de salud garantizados; combate al narcotráfico, etc”.

-¿Y en los temas de interés comunitario?

-En lo comunitario, desde el Congreso ya estamos articulando nuestro grupo de amistad chileno israelí y debemos agradecer desde ya la gran cantidad de diputados que de manera transversal se han sumado a nuestro grupo. No obstante, lamento la agresividad y el tono muchas veces, difamatorio y artero con que nuestros pares del grupo chileno palestino funcionan. Es una lástima que en vez de tender puentes o buscar acercar las orillas, que es la lógica de la política, más bien se persiga instalar el odio y la división en nuestro país con una mirada sesgada de la realidad de Medio Oriente. Aquí observo, para desgracia de nuestra Comunidad, una radicalización que año a año va en aumento, tiñendo finalmente bajo el falso eslogan del antisionismo el nuevo antisemitismo de estos tiempos.

No podemos mirar para el techo frente a esta realidad, que muchas veces buscamos invisibilizar. Esta es una tarea de todos, no solo de dirigentes o de quienes estamos en política. Aquí nos jugamos buena parte de nuestro futuro comunitario.

-¿Qué viabilidad se ve para un avance en la Ley contra la incitación a la violencia?

-Así como fue una gran pelea y un avance, en que la comunidad fue protagonista, que la administración Bachelet ingresara el proyecto a trámite, debemos trabajar fuerte también para que el gobierno de Piñera trámite y en consecuencia traduzca en ley el proyecto de LIV. A esta responsabilidad comunitaria, nadie se puede restar. Porque al final del día también es una contribución de nuestra comunidad al país. Ese ha sido siempre el sello de la Comunidad Judía en Chile: ¡aportar y sumar!

“Como suele afirmarse, la violencia social solo se sabe donde empieza, pero nunca donde termina, y en nuestro caso tenemos importantes brotes de intolerancia y discriminación hacia nuestras minorías, por ejemplo a propósito de la ola migratoria que estamos viviendo, que como sociedad estamos llamados a frenar y alertar.

La discriminación, como lo demuestra nuestra historia, es el caldo de cultivo para el fanatismo y la intolerancia.

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Chile debe estar a la vanguardia en esta materia si es que genuinamente queremos ser, como reza nuestro himno, el asilo contra la opresión.

Ha sido una larga espera la de los humanistas para volver al Parlamento, después que en 1992 falleciera la diputada Laura Rodríguez. Hoy, producto de la reforma al sistema binominal, de la creación el Frente Amplio y del desarrollo institucional del partido, los humanistas han vuelto al Congreso con tres diputados, uno de ellos el ex alumno del Instituto Hebreo, Tomás Hirsch Goldschmidt.

-Tomás, ¿qué ha pasado con el humanismo este largo tiempo de espera?

-Ha seguido vivito y coleando. Hemos estado muy activos, participando de la vida política, vinculados a movimientos sociales, en temas de educación, salud, etc. Hace más de un año, ganamos el Colegio de profesores con Mario Aguilar, tenemos concejales muy activos, hay un trabajo muy intenso en las federaciones universitarias, pero por cierto estábamos ausente de un lugar muy importante como es el parlamento, pero eso fue, insisto, producto de una legislación profundamente antidemocrática.

-¿Cuáles son los ejes programáticos del humanismo?

-Entre los principios que nos guían destacaría al ser humano como valor central. Esto parece obvio, pero no lo es. Para algunos lo más importante es la patria, Dios, al Estado y sobre todo el dinero, que se ha convertido en un verdadero Dios, y los bancos son las catedrales.

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Y al poner al hombre como valor central, automáticamente estamos definiendo una sociedad de derechos humanos, de derechos sociales, salud, educación, vivienda, trabajo, medio ambiente, pensiones justas, etc. Esos son los temas centrales, pero en forma paralela el humanismo tiene una metodología muy clara de oponernos a la violencia. O sea, no a la violencia física, económica, racial, sexual, generacional. Al ponernos al servicio del ser humano, definimos la vía de la no violencia como eje central.

-Usted fue candidato a la Presidencia… Si hoy fuera el Presidente, ¿cuáles habrían sido las medidas de su primer día en La Moneda?

-Es una pregunta que me han hecho muchas veces, y la verdad es que no nos alcanzaría con el primer día. Yo intentaría impulsar una asamblea constituyente, ese mismo día tomaría medidas para recuperar el cobre como una riqueza que pertenece a todos los chilenos, trabajaría para que el agua volviera a ser un bien público y que Chile no siguiera siendo el único país del mundo donde este elemento está en manos de los privados, por supuesto que en la tarde iniciaría el trabajo para terminar con las AFP, que son un excelente mecanismo para hacer crecer a los grupos económicos pero no tienen ninguna validez como sistema de seguridad social.

-¿Hay posibilidades de dialogar con el nuevo Gobierno para avanzar en temas de interés común?

-Claramente nos ubicamos en la oposición al gobierno de derecha y pensamos que llegará con un cariz de conservadurismo importante, pero somos una oposición que no pretendemos negar la sal y el agua. Claramente estaremos muy activos a nivel legislativo presentando proyectos de ley que sean buenos, pero seguiremos trabajando codo a codo en terreno con los movimientos sociales, no solo para representarlos, sino para trabajar junto a ellos.

-¿Cuál será el foco de trabajo en su distrito?

-Mi distrito es un fiel reflejo del Chile de hoy, donde conviven los sectores con mayor poder adquisitivo, los más acaudalados, donde vive el poder económico, político y militar, y además vive un numero grande de familias con enormes carencias, en salud, vivienda, etc. Un distrito donde hay preocupación por la delincuencia que afecta a los vecinos en los mall y en sus casas, y además preocupación por la seguridad en torno al drama de las drogas, pasta base, etc. Por ejemplo, en Peñalolén hay una falta enorme de espacios de esparcimiento y áreas verdes, igual que centros de atención de salud, lo que generan grandes esperas y colas virtuales. Por otro lado, en Lo Barnechea y Las Condes hay grandes vías de comunicación hacia el centro, pero en Peñalolén y La Reina hay situaciones viales muy complejas, producto del desarrollo que han tenido esas comunas, afectando el tiempo de traslado de los trabajadores. En definitiva, en nuestro distrito se reproduce una situación de diferencia entre unos pocos y las grandes mayorías. Pero no pretendo generar una dialéctica, sino complementar y converger en las potencialidades que tiene parte del distrito, para favorecer al conjunto.

-¿Y las oportunidades?

-Efectivamente, tenemos también grandes oportunidades. Somos el distrito cordillerano por excelencia y creo que debemos recuperar y aprovechar la cordillera para nuestros habitantes y para toda la ciudad. Eso significa producir un desarrollo para permitir el acceso, reforestar, trabajar los planos reguladores para preservar eses espacio, etc.

-O sea, nivelar hacia arriba…

-Claro, por ejemplo, en este distrito hay excelentes clínicas privadas y buenas universidades privadas. Y yo pretendo que ellos tengan algún porcentaje de su tiempo disponible para gente que no tiene los recursos para atenderse regularmente ahí. Serían planes específicos para dar acceso a los sectores más carenciados del distrito.

-¿Cuál es su relación con la cultura y la tradición judía?

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-Lo judío es una tradición de toda mi vida. Mis padres fueron inmigrantes judeoalemanes. Mi padre escapó de un campo de trabajos forzados en la frontera de Alemania con Holanda y alcanzó a subirse al último barco que traía refugiados desde Roterdam, el Copiapó, cuando se entregaron algunas visas. Mi mamá de muy chica se había ido a estudiar al conservatorio en lo que en aquella época era Palestina, y la trajeron muy pequeña a Chile. Fueron inicios muy difíciles, buena parte de mi familia pereció en los campos de concentración. Yo estuve mis doce años de colegio en el Instituto Hebreo, así que tengo una relación muy profunda, basada en un vínculo más familiar y tradicional que religioso. Bueno, en realidad, al igual que lo que uno ve en Israel, donde el 70% son más laicos que en cualquier parte. Además, de algún modo, todo esto lo veo muy vinculado con los principios originales del humanismo, que están muy cercanos a mi formación en la tradición judía”, explicó Hirsch.

-¿Qué le parece el rol que cumple la comunidad judía como aporte al desarrollo de Chile?

-Creo que es muy importante y ha sido un tremendo aporte. Hay que profundizarlo en todos los campos, porque los países se construyen desde el aporte de la diversidad. No son buenos los monopolios y la uniformidad, lo que nos trataron de imponer tantos años, de una sola mirada. Es bueno el aporte que pueda venir desde el Judaísmo, desde el Islam y de cualquier corriente filosófica. Todo esto contribuye a mejorar los países, y antes que nada y primero que todo somos todos chilenos y obviamente uno se siente llamado a contribuir.

-La comunidad judía ha promovido en el parlamento legislaciones contra la discriminación y contra la incitación al odio. ¿Qué opina de estos temas?

-Creo que son proyectos de ley fundamentales, que yo pretendo seguir apoyando. Los humanistas nos oponemos a toda forma de violencia y por cierto a la incitación a la violencia y el odio. La apología a la violencia genera luego violencia real, y por eso se requiere una legislación moderna, que no impida de ninguna manera el libre pensamiento, pero que impida todo lo que significa al odio hacia cualquier persona, grupo, etnia o religión. Ya hemos visto lo que han pasado pueblos originarios, minoría sexuales y minorías religiosas, por lo tanto creo que es central tener una buena legislación al respecto.

-¿Y para las minorías migrantes?

-Nosotros más que nadie debemos apoyar para que los inmigrantes sean acogidos con respeto y garantía a sus derechos. Somos un pueblo de inmigrantes, hemos conocido el exilio, sabemos lo que es ser acogidos o no ser acogidos. Por eso debemos ser tremendamente sensibles ante las dificultades y el sufrimiento de estas familias. Necesitamos una legislación modera, que no puede basarse en la sospecha, la desconfianza, o toques de discriminación que aparecen por acá y por allá.

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