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Entre los escombros de Radio Jai

Algunos pensarán correctamente, que esta comparación es indeseable y exagerada. Tienen razón. No tuvimos muertes directas por el mismo.

Hace exactamente un mes, cuando estábamos aún disfrutando de un enorme festejo por 25 años de una tenaz y esforzada labor periodística, en pro de la identidad y dignidad judía, recordando que Radio Jai fue el primer medio electrónico judío del continente, de transmisión 24/365, que nació, entre otros, como una respuesta al atentado contra la embajada de Israel en 1992, un par de inescrupulosos e irresponsables dirigentes de la Amia, llenos de una egolátrica y desproporcionada ambición de poder, orientados por un senil y medieval rabino, preparaban un artero y traicionero atentado contra nuestra emisora. Sí, este ataque vino desde el lugar más impensable:la propia familia.

No fue Hesbolah, no fue Irán, no fue ninguno de los D´elia, Biondini, Timerman o antisemitas criollos a los cuales hemos denunciado constantemente, fue desde “la institución madre”, la Amia.

Sigmund Freud dijo:”Cuando lo terrible viene de lo conocido se transforma en siniestro” y por eso se hace tan difícil la digestión y elaboración. Otros enseñaron que lo que destruye un necio ni diez sabios lo pueden reparar.

El atentado se vino preparando por años de manera siniestra “por dirigentes y profesionales” que se esconden entre las bambalinas del anonimato institucional y encontró hace un mes a quienes en su ceguera y estupidez estuvieron dispuestos a ejecutarlo.La visión “política” de su ejecutor material, en épocas de fugacidad fue:en unos días todo se olvida y pasaremos al próximo tema de agenda o escándalo Nacional.Como en los atentados, los cobárdes autores se ocultan con maniobras diversas buscando impunidad, no le responden a propios, ni menos a extraños.

¿Por qué hablar de atentado? Las características de un atentado es intentar destruir al otro, o por lo menos producir el mayor daño posible, acallar voces, producir terror.

Cuando ese jueves 20 de diciembre, mientras despedíamos a una de las artistas que habíamos traído para el festejo y nos avisaban que se encontraban en la puerta del edificio de la radio oficiales de justicia con una orden de desalojo, policías federales y de la ciudad, camiones y peones, no lo podíamos creer. Intentamos parar a los “terroristas” pero resultó en vano. Al igual que con los otros, una vez que definieron el atentado, no hay quien los detenga.

¿Y cómo funciona la mente humana frente a un atentado? Primero se pone una coraza para hacer frente a una violencia inédita y sorpresiva, busca sobrevivir de alguna manera (pusimos y logramos la señal de emergencia), el estado de shock que dura varios días (7 por lo menos como en la shivá) te lleva al pensamiento mágico, la negación, se trata de una pesadilla de la cual ya vas a despertar y nada de lo que estás soñando será cierto. Luego viene la toma de conciencia: han intentado matarnos; el enojo, las preguntas del porqué, quienes son los autores, no podríamos haber evitado el atentado y tanto más.

Aparece esa solidaridad tan humana de aquellos que con las mejores intenciones te brindan su palabra de solidaridad. Ustedes podrán salir adelante, han sido fuertes durante 25 años, la experiencia los ayudará. “Ha sido un acto de barbarie, son tan importantes para la comunidad”, “yo los escucho, extraño” y toda una enorme muestra de amor. “Saldrán fortalecidos”, “Será Para bien”.

La realidad es que ha pasado sólo un mes (Shloshim) y fuimos hace unos días a ver entre los escombros del depósito judicial lo que había quedado de nuestras pertenecías. Miles de horas de trabajo y dedicación que habían sido arrasadas por un huracán que se llevó todo en 12 horas y 11 camiones.

Equipos, mobiliario, fotos, títulos, distinciones, miles de cd y discos, bibliotecas enteras, decenas de proyectos artísticos e ilusiones. Mucho de lo invertido centavo por centavo, con enorme esfuerzo, destruido por esta bomba y mucho más, el desgarro del corazón por este injusto atentado.

Ha pasado sólo un mes, aún no logramos sobreponernos del golpe asestado. Nuestra tradición nos habla de un año para lograr cicatrizar y superar en parte una perdida. Hay familias de trabajadores de la radio angustiadas, oyentes que extrañan nuestra voz, e incertidumbre sobre nuestro futuro.

Reconstruir de los escombros luego de 25 años de mucha tarea, de este aberrante atentado, ejecutado por propios, se transforma en un engorroso trabajo que trataremos de impulsar.

Como en todo atentado, ya no seremos los mismos, y la onda expansiva quién sabe hasta dónde puede llegar.

Miguel Steuermann,director general.

Reproducción autorizada citando la fuente con el siguiente enlace Radio Jai

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