Soñadores de Israel
Cinco jóvenes que imaginaron lo imposible… y terminaron cambiando el mundo
“Toda gran innovación comienza exactamente igual: con alguien que se atreve a hacer una pregunta que los demás consideran imposible.”
Cuando pensamos en un inventor, solemos imaginar a un científico de cabellos blancos encerrado durante años en un laboratorio. Sin embargo, la realidad suele ser muy distinta. Muchos de los inventos que hoy utilizamos nacieron de jóvenes que apenas habían terminado la universidad, que trabajaban en un pequeño garaje, en una oficina improvisada o frente a una computadora prestada. No tenían fortunas, ni grandes empresas, ni laboratorios gigantescos.
Tenían algo mucho más valioso: una idea y la obstinación de no abandonarla.
Israel es uno de los mejores ejemplos de esa realidad. Con una superficie menor que muchas provincias del mundo y con una población relativamente pequeña, ha conseguido convertirse en una de las mayores potencias tecnológicas del planeta. No porque posea abundantes recursos naturales, sino porque descubrió hace mucho tiempo que el conocimiento es la riqueza que nunca se agota.
Desde las aulas del Technion de Haifa, la Universidad Hebrea de Jerusalén, la Universidad de Tel Aviv o el Instituto Weizmann, miles de jóvenes aprenden cada año que el fracaso no es una derrota, sino el primer paso hacia un descubrimiento.
Allí se enseña a preguntar, a discutir, a experimentar y a volver a empezar.
Esa forma de pensar, profundamente arraigada en la tradición judía del estudio y del debate, ha dado origen a empresas que hoy utilizan millones de personas sin saber siquiera que esas ideas nacieron en Israel.
Las cinco historias que siguen no hablan solamente de tecnología. Hablan de personas comunes que decidieron no conformarse con el mundo tal como era.
Son historias de perseverancia, creatividad , esperanza y sobre todo de información que demuestran que una sola idea puede mejorar la vida de millones de seres humanos.
CUANDO UNA GOTA DE AGUA CAMBIO LA AGRICULTURA DEL PLANETA
En los primeros años del Estado de Israel, el agua era un bien precioso. Cada litro debía aprovecharse al máximo. Mientras muchos expertos afirmaban que el desierto jamás podría alimentar a una población creciente, un ingeniero llamado Simcha Blass observó un detalle que casi nadie había advertido.
Nacido en Polonia en 1897 y radicado luego en la entonces Palestina bajo el Mandato Británico, Blass dedicó su vida a resolver problemas hidráulicos. Un día quedó fascinado al ver un árbol que crecía con extraordinaria fuerza en un terreno árido gracias a una pequeña pérdida de agua subterránea. Comprendió entonces que las plantas no necesitaban grandes cantidades de agua de una sola vez; necesitaban recibirla lentamente y exactamente donde estaban sus raíces.
Aquella observación, tan sencilla como brillante, dio origen a una idea revolucionaria.
A comienzos de la década de 1960, junto con el kibutz Hatzerim , fundó Netafim, empresa que desarrolló el moderno sistema de riego por goteo. Muchos agricultores pensaban que era una locura.
¿Cómo podía una simple gota reemplazar los tradicionales sistemas de inundación?
Los resultados hablaron por sí solos.
Los cultivos crecían mejor, el consumo de agua disminuía drásticamente y la productividad aumentaba de manera extraordinaria.
Décadas después, los sistemas de Netafim riegan millones de hectáreas en más de un centenar de países. Desde viñedos en Francia hasta plantaciones en la India, desde campos en América Latina hasta explotaciones agrícolas en África, la idea de Simcha Blass permitió producir más alimentos utilizando menos agua.
Todo comenzó observando un árbol.
LA PEQUEÑA CAPSULA QUE PERMITIO MIRAR DONDE NADIE PODIA LLEGAR
Durante muchos años, los médicos enfrentaban un enorme desafío. Había zonas del intestino prácticamente imposibles de explorar sin procedimientos largos, incómodos y, en ocasiones, riesgosos. Un ingeniero israelí llamado Gavriel Iddan,
nacido en 1949, graduado en ingeniería electrónica y con una larga experiencia en el desarrollo de sistemas ópticos, comenzó a preguntarse si la tecnología utilizada en cámaras miniaturizadas podía servir también para salvar vidas.
La idea parecía salida de una novela de ciencia ficción.
¿Y si una persona pudiera tragarse una cámara? Muchos pensaron que era imposible. Iddan no abandonó su sueño.
Después de años de investigación fundó Given Imaging , empresa que desarrolló la PillCam, una cápsula del tamaño aproximado de una vitamina que contiene una cámara, una fuente de luz, baterías y un sistema de transmisión inalámbrica.
El paciente simplemente la ingiere.
Mientras avanza naturalmente por el aparato digestivo, la cápsula toma decenas de miles de imágenes que permiten detectar hemorragias, tumores, inflamaciones y otras enfermedades que antes podían pasar inadvertidas.
La medicina cambió para siempre.
Millones de pacientes en hospitales de todo el mundo se han beneficiado de este invento nacido en Israel.
Lo extraordinario es que todo comenzó con una pregunta aparentemente imposible.
¿Cómo mirar donde nadie podía mirar?
TRES AMIGOS , UN MAPA Y LA IDEA QUE REVOLUCIONO EL TRANSITO MUNDIAL
Quedarse atrapado en un embotellamiento parecía un problema sin solución.
Hasta que tres israelíes decidieron cambiar las reglas del juego.
El programador Ehud Shabtai, apasionado por la cartografía digital, comenzó a desarrollar un proyecto colaborativo para compartir información sobre el tránsito. Poco después se unieron Uri Levine, ingeniero y emprendedor formado en la Universidad Hebrea de Jerusalén y Amir Shinar, experto en administración y desarrollo empresarial. Ninguno imaginaba que aquella idea terminaría utilizándose en casi todos los continentes.
Así nació Waze.
Su genialidad no consistía solamente en mostrar un mapa. Consistía en transformar a cada conductor en un colaborador. Si alguien encontraba un accidente, una calle cerrada o una congestión, la información llegaba inmediatamente al resto de los usuarios. Por primera vez, millones de personas comenzaron a ayudarse mutuamente sin conocerse.
En 2013, Google adquirió Waze por más de mil millones de dólares.
Pero quizá el mayor éxito de sus fundadores no fue económico
Fue demostrar que la inteligencia colectiva puede resolver problemas cotidianos mucho mejor que cualquier sistema aislado.
Hoy, cada vez que un conductor evita un embotellamiento gracias a Waze, está utilizando una idea nacida en Israel.
El PROFESOR QUE ENSEÑO A LOS AUTOMOVILES A MIRAR
Cuando Amnon Shashua estudiaba Matemática y Ciencias de la Computación en la Universidad Hebrea de Jerusalén, muchos de sus compañeros soñaban con convertirse en profesores universitarios.
Él soñaba con algo diferente. Quería que las máquinas aprendieran a ver.
La idea parecía desmesurada.
Sin embargo, junto con el empresario Ziv Aviram, fundó en 1999 la empresa Mobileye.
Su objetivo era desarrollar sistemas capaces de reconocer peatones, automóviles, bicicletas, señales de tránsito y riesgos de colisión utilizando cámaras e inteligencia artificial. Durante años trabajaron sin hacer demasiado ruido. Poco a poco, las principales compañías automotrices comenzaron a interesarse por aquella tecnología.
Hoy millones de vehículos incorporan sistemas desarrollados por Mobileye.
Alertan cuando un automóvil abandona involuntariamente su carril.
Detectan peatones. Reconocen señales. Advierten riesgos antes que el propio conductor.
En 2017, Intel adquirió Mobileye por más de quince mil millones de dólares, una de las operaciones tecnológicas más importantes de la historia israelí.
Pero el verdadero valor de aquella empresa no se mide únicamente en dinero.
Se mide en accidentes evitados. En familias que llegaron sanas y salvas a sus hogares.
El JOVEN QUE COMPRENDIO QUE EL MAYOR PELIGRO DEL SIGLO XXI SERIA INVISIBLE
A comienzos de la década de 1990, Internet apenas comenzaba a expandirse.
Muy pocas personas imaginaban los peligros que acompañarían aquella revolución.
Un joven programador israelí llamado Gil Shwed, nacido en Jerusalén en 1968, había servido en la prestigiosa Unidad 8200 de inteligencia tecnológica y luego estudió Ciencias de la Computación en la Universidad Hebrea de Jerusalén.
Mientras el mundo celebraba las enormes posibilidades de Internet, él veía otro escenario.
Si todos los sistemas iban a conectarse, también podrían ser atacados.
Con apenas veinticinco años fundó Check Point Software Technologies.
Su equipo desarrolló uno de los primeros firewalls modernos capaces de proteger redes informáticas frente a accesos no autorizados. Muchos creían que la seguridad digital sería un asunto secundario.
La historia demostró exactamente lo contrario. Hoy bancos, hospitales, aeropuertos, gobiernos, universidades y empresas de todo el planeta utilizan soluciones de ciberseguridad inspiradas en desarrollos pioneros como los de Check Point.
Gil Shwed no inventó un aparato que pudiera verse. Inventó tranquilidad. Una protección silenciosa que trabaja cada segundo para defender la información de millones de personas.
El VERDADERO INVENTO DE ISRAEL
Las cinco historias que acabas de leer tienen algo en común. No comenzaron con enormes inversiones ni con edificios impresionantes. Comenzaron con personas curiosas que se negaron a aceptar que un problema no tuviera solución.
Un ingeniero observó un árbol.
Otro imaginó una cámara diminuta.
Tres amigos quisieron acabar con los embotellamientos.
Un profesor soñó con que los automóviles pudieran ver.
Un joven comprendió que el futuro también necesitaría defensores invisibles.
Todos compartían la misma convicción: el conocimiento puede mejorar el mundo
Quizá ese sea el mayor legado de Israel. No solo crear empresas exitosas ni desarrollar tecnologías admiradas internacionalmente. Su mayor aporte consiste en demostrar que la imaginación, el estudio, la perseverancia y el deseo de ayudar a los demás pueden transformar una simple idea en un beneficio para toda la humanidad.
Porque detrás de cada invento hay un sueño.
Y detrás de cada sueño hay una persona que decidió no rendirse.
Tal vez, entre los jóvenes y no tan jóvenes que hoy leen estas páginas, se encuentre el próximo soñador capaz de cambiar el mundo.
Marta Arinoviche Schenker para Radio Jai
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