Odiar es más fácil que entenderte a ti mismo
El antisemitismo es el lenguaje cambiante de una crisis social. Esta es la perspectiva propuesta por Marc Reisinger, psiquiatra y antropólogo francés, en una reflexión dedicada al regreso del odio antijudío tras el 7 de octubre, según informó Tribune Juive. Su punto de partida es una teoría desarrollada por René Girard: la del chivo expiatorio, según la cual en momentos de fuerte tensión colectiva las sociedades tienden a concentrar sus miedos y contradicciones en una víctima reconocible. El mecanismo tiene una función precisa: simplificar la complejidad, ofreciendo un único responsable donde hay múltiples causas.
Para Reisinger, esta dinámica ayuda a comprender la persistencia del antisemitismo, capaz de cruzar diferentes épocas precisamente porque no depende solo de su contenido explícito, sino de su estructura: fueron las narrativas las que cambiaron, no la necesidad de identificar un objetivo. A lo largo de la historia europea, se ha acusado a los judíos de fallos opuestos e incompatibles: de ser a la vez demasiado pobres y demasiado ricos, revolucionarios y conservadores, ajenos y ubicuos. Según el autor, hoy parte de este mecanismo se manifiesta a través del antisionismo radical que, superando la crítica a las decisiones de un gobierno o a las políticas de un Estado, llega a cuestionar la propia legitimidad de Israel, transformándolo en el símbolo de toda injusticia contemporánea.
La transición del judío como individuo al Estado judío como figura colectiva representaría, en su análisis, una nueva forma de una dinámica antigua, una cuestión que forma parte de una historia más amplia, marcada por la relación no resuelta de Europa con su responsabilidad tras el Holocausto. La fase de silencio y represión tras el genocidio nazi fue reemplazada por un largo proceso de memoria y elaboración, y Reisinger sostiene que desde los años 60 parte de la hostilidad antijudía ha encontrado nuevas formas de expresión, a menudo entrelazadas con el conflicto de Oriente Medio y con algunas interpretaciones radicales del anticolonialismo. El 7 de octubre habría hecho más evidente una fractura ya presente y la dificultad de mantener el juicio sobre las acciones de un gobierno distinto de la deslegitimación de una identidad colectiva.
En su razonamiento, el autor también introduce el tema de la crisis cultural de Occidente, recordando el pensamiento del antropólogo Eric Gans: una sociedad que pierde la fe en sus instituciones y en su historia puede convertirse en el principal acusado, buscando fuera de sí misma figuras a través de las cuales expresar su incomodidad. Es en este espacio donde el prejuicio puede volver a circular, adquiriendo un nuevo vocabulario, capaz de presentarse como análisis político o juicio moral. La reflexión de Reisinger plantea una pregunta: ¿con qué frecuencia, en sociedades atravesadas por crisis profundas, la búsqueda de la simple culpa acaba reemplazando el esfuerzo de comprender una realidad compleja?
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