El neo-islamismo y la reaccionaria derechización de la izquierda
De la Ilustración al dogma: La gran traición ideológica
En la geografía política contemporánea se produce un fenómeno paradójico y alarmante: el desplazamiento de ciertos sectores de la izquierda radical hacia posiciones profundamente reaccionarias. Bajo la premisa de una retórica antiimperialista y antioccidental, movimientos que históricamente se definieron por el laicismo, la libertad de pensamiento y la defensa de los derechos individuales han terminado abrazando táctica e ideológicamente al islamismo político.
Esta convergencia no es una mera alianza coyuntural, sino una claudicación conceptual. Al sustituir la lucha de clases y los valores republicanos por el victimismo identitario, la izquierda ha abierto la puerta a un neo-islamismo legitimado desde sus propias tribunas. En ese proceso, banderas históricas como el feminismo, los derechos de las minorías y la libertad de expresión son relegadas o abiertamente sacrificadas para no fracturar un frente común contra la democracia liberal.
El punto ciego de la militancia y la anulación del pensamiento crítico
Mientras las cúpulas partidarias y los comités centrales comprenden con lucidez el giro estratégico y calculo de esta alianza, una gran parte de la militancia permanece ajena a la jugada. Acostumbradas a la obediencia orgánica y a la disciplina de partido, estas bases aceptan el rumbo sin cuestionarlo.
La paulatina eliminación del debate interno y la anulación deliberada del pensamiento crítico han generado un espejismo ideológico: miles de militantes continúan creyendo genuinamente que marchan en defensa de los derechos humanos universales, cuando en realidad están sirviendo de comparsa a regímenes y movimientos teocráticos que encarnan la negación absoluta de esos mismos derechos.
Antisionismo, lenguaje del despojo y el renacer del antisemitismo
El catalizador más evidente de esta mutación es la instrumentalización del conflicto en Oriente Medio. Bajo la etiqueta del “antisionismo radical”, la vieja judeofobia reaparece disfrazada de progresismo a través de una cuidada manipulación del lenguaje.
El uso de consignas maximalistas como «desde el río hasta el mar» no constituye un mero lema pacifista, sino que implica explícitamente el aniquilamiento y la erradicación del Estado de Israel. De la misma forma, referirse a Israel despectivamente como “el ente” —negando su condición jurídica e histórica de Estado soberano— busca despojarlo de toda legitimidad internacional.
Se imponen así dobles raseros sistemáticos: mientras se demoniza al único Estado judío exigiéndole estándares que jamás se aplican a teocracias o dictaduras vecinas, se justifican o disculpan los actos de agrupaciones extremistas. La sustitución del término “judío” por “sionista” u “entidad” opera como un salvoconducto lingüístico para reproducir los milenarios mitos del dominio, la conspiración y la crueldad.
La paradoja de los extremos
La historia demuestra que cuando las libertades fundamentales se subordinan a un dogma antioccidental, la frontera entre la extrema izquierda y el conservadurismo más rancio se desdibuja por completo. Al validar estructuras teocráticas, regímenes autoritarios y narrativas liberticidas, la izquierda actual no está haciendo revolución: está ejecutando su propia derechización hacia el oscurantismo.
Por Diego Sciretta 26 de julio de 2026 para Radio Jai
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