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Hamás no se desarma: se prepara para la próxima guerra

Radio Jai-Hamás no se desarma: se prepara para la próxima guerra

*Por Rubén Kaplan

Mientras buena parte de la comunidad internacional continúa aferrándose a la esperanza de que un nuevo acuerdo de alto el fuego desemboque en la desmilitarización de Hamás, los hechos vuelven a demostrar que esa expectativa carece de sustento. Lejos de prepararse para abandonar las armas, el grupo terrorista parece usufructuar cada período de calma para reorganizarse, reclutar combatientes y reconstruir sus capacidades militares.

No se trata de una conducta novedosa. Desde su creación, Hamás ha considerado las treguas (hudna, en la tradición islámica) como pausas tácticas destinadas a recuperar fuerzas antes de reanudar la confrontación. Nunca como una renuncia definitiva a la denominada “resistencia”. Quienes interpretaron la segunda fase del acuerdo de alto el fuego como el preludio del desarme del grupo ignoraron la propia doctrina que inspira a la organización.

Los acontecimientos registrados durante las últimas semanas confirman esa estrategia.
Según informes de inteligencia militar de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI), Hamás se encuentra inmerso en un proceso de rearme, reclutamiento de nuevos combatientes y reactivación de su fuerza de élite Nukhba. Paralelamente, utiliza los ingresos obtenidos mediante la apropiación de ayuda humanitaria, el contrabando y diversas redes financieras vinculadas a Irán para reconstruir sus capacidades militares y producir armamento de fabricación local.

Al mismo tiempo, numerosos habitantes de la Franja de Gaza sostienen que la organización terrorista está recuperando gradualmente su control administrativo y de seguridad sobre el territorio, reinstalando mecanismos de vigilancia y coerción sobre la población.
Resulta particularmente revelador observar dos fenómenos aparentemente contradictorios ocurridos casi simultáneamente en Gaza.

En los últimos días comenzaron a difundirse videos de manifestaciones protagonizadas por gazatíes que responsabilizan a Hamás por la devastación sufrida durante la guerra. La respuesta del grupo fue inmediata: el desplazamiento de sus propios combatientes para dispersar las protestas y reafirmar su autoridad sobre la población.
Paralelamente circularon imágenes de concentraciones de civiles donde se clamaba por repetir un nuevo 7 de octubre. Más allá de que estas manifestaciones hayan sido promovidas o alentadas por la propia organización, constituyen una poderosa herramienta propagandística destinada a reafirmar que el objetivo estratégico permanece inalterable.
Esa orientación quedó aún más clara con las recientes declaraciones formuladas por Musa Akkari, uno de los principales dirigentes de Hamás radicado en Turquía.
Lejos de expresar arrepentimiento por la masacre perpetrada el 7 de octubre de 2023, Akkari reivindicó aquella ofensiva como el acontecimiento que “agrietó el muro israelí” y sostuvo que ahora ese muro “debe ser destruido”. Asimismo, elogió al presidente turco Recep Tayyip Erdoğan por haber “destruido la propaganda sionista” respecto de aquellos ataques y afirmó que Hamás está dispuesto a que todos sus integrantes sean mártires con tal de alcanzar sus objetivos.
Estas declaraciones poseen un enorme valor político porque provienen del propio liderazgo de la organización y desmienten el argumento de quienes sostienen que Hamás estaría evolucionando hacia posiciones más pragmáticas. Muy por el contrario, confirman que el ataque del 7 de octubre continúa siendo presentado como un modelo estratégico digno de repetirse.

Mientras tanto, las negociaciones permanecen estancadas.
Israel mantiene como condición innegociable el desarme completo de Hamás como requisito indispensable para cualquier escenario de estabilización duradera. Sin embargo, el liderazgo de la organización rechaza categóricamente entregar sus armas, generando una creciente tensión entre las exigencias israelíes y los esfuerzos diplomáticos de distintos actores internacionales.
La comunidad internacional vuelve así a enfrentarse al mismo dilema que precedió al 7 de octubre de 2023. Ignorar las señales o reducirlas a simples declaraciones propagandísticas puede tener consecuencias imprevisibles. Cuando una organización proclama públicamente su voluntad de repetir una masacre y, simultáneamente, se rearma, recluta nuevos combatientes, reconstruye su infraestructura militar y restablece el control sobre el territorio que domina, sus palabras dejan de ser mera retórica para convertirse en una auténtica declaración de intenciones.
Quienes interpretan las treguas exclusivamente desde una lógica diplomática pasan por alto que Hamás responde a una lógica ideológica y militar completamente diferente. Para la organización, el tiempo constituye un recurso estratégico. Cada alto el fuego representa una oportunidad para reconstruir túneles, reclutar nuevos combatientes, reorganizar sus estructuras de mando, restablecer su control interno y preparar la siguiente etapa del conflicto.

La historia reciente demuestra que subestimar esa estrategia ha tenido consecuencias devastadoras. El ataque del 7 de octubre de 2023 fue la prueba más contundente de ello.
Hoy las señales vuelven a acumularse. El rearme, el reclutamiento, la reactivación de las fuerzas Nukhba, la recuperación del control sobre Gaza y las propias declaraciones de sus dirigentes indican que Hamás no considera concluida la guerra. La organización está utilizando la hudna exactamente como lo hizo en el pasado: no para construir la paz, sino para preparar la próxima guerra.
Los indicios están nuevamente sobre la mesa. Quien decida ignorarlos no podrá alegar, una vez más, que no fueron advertidos.

 

Rubén Kaplan
Periodista y escritor

Reproducción autorizada citando la fuente con el siguiente enlace Radio Jai

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