Estados Unidos y las lecciones del imperio ateniense
Según The New York Times, trascendió que Irán estaría por aceptar un memorando de entendimiento con Estados Unidos, que detendría los combates en todos los frentes – incluyendo el Líbano – la reapertura del Estrecho de Ormuz, fin del bloqueo estadounidense y la liberación de US$ 25.000 millones de dólares en activos iraníes congelados, mientras que la cuestión nuclear se negociaría en un plazo de 30 o 60 días. El mismo presidente Donald Trump anunció que hay posibilidades de un acuerdo. El objetivo de derrocar el régimen de los ayatolás y azuzar a las minorías nacionales contra el gobierno iraní, han quedado en la nada misma. Los halcones se han consolidado en el poder en Irán.
Por el Dr. Jorge Alejandro Suárez Saponaro
Especial para LA POLIS desde Buenos Aires.
La llegada a la segunda presidencia de Donald Trump, vino de la mano de un cuestionamiento al orden internacional, instaurado por los mismos Estados Unidos post 1945, con la carta de San Francisco, origen de las Naciones Unidas. Ello fue manifestado abiertamente con las palabras del subjefe de gabinete del presidente Trump para asuntos políticos y asesor de seguridad nacional, Stephen Miller, expuso su visión de un mundo y de su gobierno: “Vivimos en un mundo donde se puede hablar mucho sobre cortesía internacional y demás, pero vivimos en un mundo, en el mundo real… que se rige por la fuerza, por el poder. Estas son las leyes férreas del mundo desde el principio de los tiempos. Somos una superpotencia y, bajo la presidencia de Trump, nos comportaremos como tal.” El caso venezolano, donde vulnerando el derecho internacional, el presidente Nicolás Maduro fue capturado y enviado en calidad detenido a Estados Unidos como la no renovación del tratado START de limitación y control de armamento nuclear, son ejemplos de lo expresado.

La política exterior de Trump se caracteriza por una red de influencias heterogéneas, donde encontramos corrientes conservadoras, intereses empresarios del sector del Silicon Valley, nacionalistas, observándose que la política interior condiciona en más de una ocasión la política exterior, que no oculta cierto sesgo autoritario. Ello no impide que existan pugnas entre las corrientes que adhieren los diferentes grupos que buscan influir en la política exterior estadounidense: el excepcionalismo; aislacionismo; y seguridad nacional. En el caso del primero, considera que Estados Unidos es una excepción en materia política, donde hay una suerte de superioridad moral y por ende no debe estar condicionado por reglas del derecho internacional, que afecten el destino manifiesto del país. El aislacionismo, se vincula con la no injerencia especialmente con los conflictos europeos e impedir que estos incidan en la política de Estados Unidos. En cuanto a la corriente de seguridad nacional, iniciada por Franklin D. Roosevelt (1933-1945), y luego continuada por el Gobierno de Harry S. Truman (1945-1953), con impulso de los liberales internacionalistas, interpretaron la defensa nacional como como la protección de los intereses estadounidenses más allá de las fronteras nacionales.
En la presidencia Trump observamos como una radicalización de posturas, donde está presente el factor ideológico en el marco de la “Nueva Derecha”. Así surgen posturas no exentas de controversias, incluso contradictorias. La confrontación con China con la denominada guerra “arancelaria”, una aparente estrategia de apaciguamiento con Rusia; el manifestar la idea de dividir el mundo en áreas de influencia. Los aliados son objetos de acciones cuestionables, con la suba de aranceles a la India (un actor sobre el cual Washington buscaba alejarlo de los BRICS), cuestionar la presencia de bases estadounidenses en Corea del Sur y Japón; abandono de tratados y convenciones multilaterales e imponer negociaciones bilaterales. La nueva política exterior también se tradujo en la reducción a programas humanitarios y lucha contra el cambio climático. La escalada con Pekín, chocó con los intereses de numerosas empresas estadounidenses con fuertes intereses en la economía china. Esto el régimen de Xi lo sabe bien y lo explota a su favor, buscando como punto débil las contradicciones dentro de la administración Trump.

El concepto de la “paz por medio de la fuerza” se tradujo en medidas simbólicas como el cambio del nombre del Departamento de Defensa a Departamento de Guerra y anuncios grandilocuentes en materia aeroespacial, un nuevo “escudo” de defensa contra amenazas aéreas y balísticas, empleo de la Inteligencia Artificial y una nueva Estrategia de Seguridad Nacional, donde identifica una serie de amenazas en el hemisferio occidental: la migración, las drogas y la delincuencia, y China. El problema del narcotráfico y el crimen transnacional, es visto como un riego equiparable al terrorismo, argumento para lanzar acciones militares de manera unilateral, relativizando la soberanía de los países afectados. Una suerte de neoimperialismo, como hemos visto en Venezuela y en la crisis con Cuba.
El documento recepta, la imposibilidad de Estados Unidos de dominar todos los teatros al mismo tiempo, optando por una estrategia más selectiva. Esta se basa en la geografía, el poder y la base industrial. En este panorama se inserta una diplomacia transaccional, donde las partes alcanzan acuerdos más allá de las reglas del derecho internacional, especialmente al apelar en más de un caso a la coerción. Esto deriva de la experiencia de Trump en el mundo empresario, señalado por un académico estadounidense, Stephen Holmes: “Antiguos socios describen una práctica recurrente: negociar con agresividad y, una vez entregado el servicio, reabrir la negociación, forzando a la otra parte a aceptar menos o a enfrentarse a litigios costosos. Los especialistas en derecho contractual denominan esta práctica “vender la buena voluntad”: extraer valor consumiendo capital reputacional en lugar de preservarlo.” (ver. https://www.politicaexterior.com/trump-y-el-desmantelamiento-del-control-nuclear/). Receta que estaría aplicando en la crisis con Irán.
La política exterior de Estados Unidos también se ha visto lesionada con la pérdida de confianza con sus aliados tradicionales, especialmente los estados europeos que integran la OTAN. El modelo de hacer negocios de Trump señalado anteriormente, también se traslada a los aliados occidentales de Washington. El académico Holmes citados anteriormente, nos dice: La misma lógica se percibe en su enfoque hacia las alianzas. Su reiterada afirmación de que los aliados europeos deben “pagar” por la protección estadounidense, unida a sus insinuaciones de que Rusia debería poder “hacer lo que le dé la gana” con los miembros de la OTAN que no cumplan, se asemeja más a la extorsión que a la diplomacia tradicional de reparto de cargas (…) No puede garantizar el cumplimiento de su palabra. Mientras se exige a los aliados europeos que aumenten el gasto en defensa para asegurar la protección de Estados Unidos, se siembran dudas sobre el compromiso estadounidense con la garantía de defensa mutua de la OTAN.Este tipo de traición puede resultar rentable en condiciones muy específicas. Funciona mejor en interacciones puntuales, cuando las contrapartes no prevén repetir transacciones y la información sobre comportamientos pasados no circula con facilidad. El modelo de negocio geográficamente disperso de Trump –un hotel en un mercado, un casino en otro, un acuerdo de licencia en un tercero– encaja perfectamente en ese contexto.” La diplomacia no admite este tipo de comportamientos. Las relaciones entre los Estados, demanda una trayectoria, que generan una reputación o medidas de confianza. El abandonar acuerdos, implica ser juzgado no solo por la contraparte, sino por el resto de la comunidad internacional.
Ante la indiferencia de Washington hacia la continuidad institucional, especialmente de la arquitectura de seguridad creada posterior a 1945, otros Estados, adoptan una actitud cortoplacista y por ende se incrementa la incertidumbre, la desconfianza y afectan la moderación, abriendo las puertas para la inestabilidad y el conflicto. La diplomacia transaccional de Trump, no toma en cuenta los compromisos pasados y sus resultados se miden por las consecuencias en el futuro inmediato, no por la durabilidad del acuerdo. La pérdida de credibilidad de Washington, derivó posiblemente por razones de política interna y económicas (cuestionamientos a la hegemonía del dólar) en una estrategia exterior más agresiva, incrementando los riesgos de escalada.

La “paz por medio de la fuerza” de los atenienses.
Atenas luego de las guerras Médicas, se convirtió en una potencia de primer orden en el mundo helénico. En el 426 a.C. los líderes atenienses en el marco de su campaña expansionista en el Egeo, impusieron a Melos la condición de integrarse a la Liga de Delos. Atenas en ese momento libraba la guerra de Peloponeso contra Esparta. Los melios se opusieron a las exigencias atenienses, padeciendo el saqueo de su campiña. La presión ateniense se incrementó y exigieron a Melos aliarse frente a Esparta o serían destruidos. El pequeño estado helénico se opuso ante la presión de Atentas, siendo invadidos por unos 3.400 efectivos, que incluían tropas a caballo. Previo al asedio, los generales atenienses enviaron emisarios a Melos para rendir la ciudad y aceptar el pago de tributos, como también de incorporarse a la Liga de Delos. Esto fue rechazado de plano y como contrapartida ofrecen un tratado de neutralidad frente a la guerra con los espartanos. La tenaz resistencia de los melios cesó luego de un año. Los atenienses ejecutaron a todos los varones en edad militar. Las mujeres y niños fueron vendidos como esclavos. En su reemplazo trajeron colonos de otras partes de Grecia. Esto dio origen a los célebres Diálogos de Melos del historiador ateniense Tucídides, objeto de estudio en el campo de las relaciones internacionales. En un mundo anárquico, carente de una autoridad central o de reglas de juego aceptadas por los miembros de la comunidad internacional, la lección parece ser que la fuerza prevalece sobre la justicia. En el Diálogo queda reflejado en la observación de que los fuertes hacen lo que pueden y los débiles sufren lo que deben, considerada tradicionalmente como el punto de partida del realismo político.

La caída de Melos, alimentó las ambiciones de Atentas, proyectándose sobre un actor de mayor peso, Siracusa, poderosa ciudad estado griega en Sicilia (415.C.). El general Nicias advirtió a los estrategas atenienses, que debería evitarse, preservando los recursos para hacer frente a la gran potencia rival de los atenienses: Esparta. Alcibíades, general ateniense, fue un entusiasta de la empresa, un halcón en términos modernos. Estados rivales a Siracusa requirieron el apoyo de Atenas, destacándose Segesta que ofreció financiar la flota de guerra ateniense. Siracusa logró golpear la flota ateniense generando importantes daños. Se desató un debate en el seno de la asamblea ateniense. En un primer momento la estrategia estaba centrada en emplear fuerzas terrestres de los aliados sicilianos de Atentas y sitiar Siracusa, mientras que Atenas imponía un bloqueo naval. En caso de derrota, esta era asumible en términos humanos y materiales. Alcibíades subestimó la capacidad de Siracusa, mientras que Nicias exageró el poder militar de dicho estado, para disuadir a la Asamblea de enviar una expedición, por los costos. Los estrategas atenienses subieron la apuesta y decidieron movilizar todos los recursos disponibles para conquistar Siracusa, en otras palabras, buscaron escalar el conflicto, en vez de buscar una salida política. Más de un centenar de trirremes y miles de soldados de infantería fueron movilizados para la expedición a Sicilia.
La expedición comenzó con una crisis política, donde rivales de Alcibíades lo acusaron de sacrilegio. Detenido y enviado Atenas para ser juzgado, luego de haber desembarcado en Italia, logró escapar a Esparta, el rival de los atenienses. La pérdida del factor tiempo por parte de Nicias, que quedó al frente de las fuerzas de Atenas en Italia, dado que buscó apoyos en Sicilia para lidiar contra los siracusanos. La campaña comenzó con problemas, a pesar de los avances, hubo un alto costo para los atenienses unido a los errores de Nicias en la apreciación de la situación. Cuando la situación era muy comprometida para Siracusa, Esparta envió una fuerza de auxilio. En una comunicación enviada por el general ateniense a la asamblea, planteó dos escenarios: la retirada ordenada o asumir el riesgo de continuar la guerra demandando importantes recursos. En Atenas, por razones políticas, optaron por continuar la guerra, adoptando una medida fatal, atacar los dominios espartanos, para distraer recursos y comprometer el apoyo a Siracusa. En el 413 a.C. fuerzas espartanas arrasaron con los cultivos de Atenas y esta se vio obligada a retener sus fuerzas de caballería para hacer frente al ataque de Esparta, aferrando elementos que podrían ser enviados a Nicias atrapado en el sitio de Siracusa. La victoria terrestre de los espartanos contra las fuerzas que sitiaban Siracusa. Esto instó a estados neutrales apoyar la causa de Siracusa. Los atenienses apostaron a sostener una mayor presión sobre Siracusa, dado que informes de inteligencia hablaban de la escasez de dinero para financiar la guerra y pagar a los aliados. Los errores de estrategia, terminaron en tragedia y en derrota. La campaña de Sicilia agotó los recursos de Atenas, un alto precio que se tradujo en la derrota al final de la Guerra del Peloponeso en 404 a.C.

El célebre historiador griego, Tucídides expresa un tema con plena vigencia: un estado con ambición y poderoso, confunde su fuerza militar con el derecho a imponer su voluntad a otros, perdiendo de vista el principio de moderación – generando consensos para que su liderazgo sea aceptado – y por lo tanto provoca su propia caída. Desde la perspectiva del citado historiador, no tiene tanto valor político, sino más bien filosófico. Los antiguos pensadores griegos hablaban de “pleonexia” o codicia o el deseo de más, que para Tucídides, esta ambición ilimitada de poder cada vez mayor, llevó Atenas al extremo de la extralimitación estratégica y finalmente, desembocó en su ruina. La fuerza podrá imponerse a la justicia con frecuencia, pero la soberbia siempre trae la perdición.
El imperio ateniente de nuestros tiempos.
La Administración Trump en esta segunda presidencia, se asemeja a los atenienses, al romper reglas de juego e imponer las suyas de manera unilateral. La Operación Furia Épica recuerda de alguna manera el accionar de Atenas frente a Melos – con las amenazas de destrucción – y Siracusa. Los atenienses buscaron imponerse sin un mínimo de consenso. Su política los alejó de sus aliados y aquellos que tenían una postura neutral, terminaron optando por el bando contrario.
La presión de Estados Unidos por buscar adhesiones a los Acuerdos de Abraham, generan resistencias. Arabia Saudita impone como condición al derecho al pueblo palestino a tener su propio estado. El acuerdo defensa mutua con Pakistán, pone en evidencia que Riad no confía plenamente en el paraguas de seguridad brindado por Washington. La idea del ascenso de una suerte de Eje Suní, puede ser resultado de las alianzas cambiantes resultado de la guerra librada por Israel y Estados Unidos contra Irán. Pakistán y Turquía han estrechado lazos, también se observa un escenario de confluencia creciente entre Ankara y El Cairo en Somalia, en abierto desafío a los intereses israelíes en Somalilandia. Kuwait está buscando incorporarse al acuerdo de defensa saudita paquistaní. El pasado 19 de mayo de 2026, el jefe del ejército de dicho emirato, general Khaled Al Shuraian, se reunión con el brigadier Naveed Abbas del ejército paquistaní, para impulsar una agenda de cooperación en materia militar, es prueba de buscar nuevos aliados y reducir la dependencia de seguridad de Washington. La creciente hostilidad entre Riad y Abu Dabi, genera dudas sobre la posibilidad que los pedidos de Trump sobre normalización de vínculos con Israel se hagan realidad.

Los estrategas estadounidenses, como Alcibíades, subestimaron la capacidad del oponente. La Siracusa del siglo XXI, Irán, logró resistir. Los estados árabes, reaccionaron de manera limitada ante los ataques iraníes a sus territorios. Los aliados europeos de la OTAN, desplazaron ciertos medios navales, pero no se mantuvieron al margen ante los llamados de Washington abrir el Estrecho de Ormuz por la fuerza. La guerra de narrativas dejó atrás la durísima represión impuesta por el régimen iraní contra las manifestaciones opositoras con un saldo de millares de víctimas, incluso hábilmente Teherán comenzó a mostrar una imagen “edulcorada”. Los halcones lograron consolidarse en el poder y el objetivo de derrocar al gobierno iraní, como era impulsado por el primer ministro israelí Benjamín Netanyahu, tuvo un efecto contrario. La sociedad iraní se movilizó al considerar que estaba frente a una lucha existencial, especialmente ante las amenazas de Trump de destrucción completa del país.
El bloqueo del Estrecho de Ormuz, derivó en una crisis de precios del petróleo, como de otros productos como los fertilizantes. Estados Unidos busca generar un beneficio, al obligar a muchos a proveerse de fuentes de energía controladas por Washington y por ende también impactar sobre China. Washington busca mantener como sea la hegemonía del dólar, pero en un contexto sumamente inestable. Al parecer las cosas no salieron del todo bien, dado el tono de Trump en su visita al líder chino Xi Jinping en mayo de 2026.
La cuestión del Ormuz, se asemeja de alguna manera a la crisis de Suez de 1956. Estados Unidos pareciera seguir los pasos del Reino Unido. El intento de aquel momento de derrocar el régimen nasserista en Egipto fracasó, la ventaja militar, no fue suficiente para contener la derrota estratégica. Londres dejó de ser un poder de proyección global, la libra esterlina fue reemplazada definitivamente por el dólar de Estados Unidos. A pesar de mantener su influencia como centro mundial del sector financiero, Gran Bretaña, dejó de ser un actor político de peso y perdió credibilidad. En poco tiempo el imperio colonial se desmoronó. Washington no logró disuadir a Irán para la reapertura del Estrecho de Ormuz, sus bases en los países del Golfo Pérsico, tampoco impidieron los ataques iraníes y las negociaciones se llevan a cabo con mediación de Pakistán, un actor estrechamente vinculado a Pekín.
Karl Marx advirtió que los métodos utilizados por la clase dominante para superar sus crisis acaban allanando el camino «para crisis más extensas y destructivas» y disminuyen “los medios para prevenir las crisis”. Trump, a nuestro entender sigue dicho camino, al realizar una apuesta desesperada para mantener el poder de dólar estadounidense a nivel global, acerca la posibilidad de situaciones realmente delicadas, donde el fantasma de guerras de mayor magnitud, constituyen un riesgo cierto.
Fuente: La Polis
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