Mir zaynen do

Hace 78 años, el 5 del mes de Iyar del 5708, 14 de mayo de 1948, el 1er. ministro David Ben Gurión leyó ante el Consejo Gubernamental, el Acta de Declaración de Independencia, cumpliendo con el milenario anhelo del Pueblo Judío, y con la Resolución 181 de la ONU, cuya Asamblea General, que el 29 de noviembre de 1947, había aprobado, por mayoría, la partición del Mandato Británico en Palestina, en un Estado Judío y un Estado Árabe.
Sin embargo, tras la retirada de los británicos el 15 de mayo, los ejércitos de Egipto, Transjordania, Siria, Líbano e Irak, junto a unidades de voluntarios de Arabia Saudita, Yemen y Libia, invadían el territorio asignado al recién renacido Estado Judío, dando lugar a la primera guerra israelí-árabe, en la que Israel, no sólo resistió la embestida árabe, sino que tras un año y algo más de siete meses, logró vencer a la coalición, e incluso ganó territorios, de los prefijados en la Resolución 181. Pero tras la firma del Armisticio de 1949, le siguieron los conflictos de 1956, por la Cuestión de Suez, en 1967, el de los Seis Días, en 1973, el de Yom Kipuur,1982 y en el 2006, la 1ª y 2ª guerras del Líbano, en el 2023 la guerra de Gaza, en junio del año 2025., con la de los Doce Días, y luego, desde el 28 de febrero ppdo., las dos etapas del conflicto con la República Islámica de Irán, a lo que debemos sumar la guerra contra el terrorismo palestino y los proxis de Teherán, que han cobrado la vida de más 20 mil soldados caídos y más de 5000 civiles muertos.
En el año 2020, el futuro de las relaciones entre el mundo árabe e Israel, se vieron positivamente afectadas, al producirse un cambio de paradigma, los países árabes que históricamente condicionaban el reconocimiento o la normalización con el Estado Judío, a la solución de la llamada “Cuestión Palestina”, se produce un giro copernicano, pues ya no era lo principal el tema de la resistencia palestina, sino el de fortalecer una alianza regional ante la visión hegemónica de la República Islámica de Irán, y ésto conducirá a la firma de los Acuerdos de Abraham, en septiembre del año mencionado, rubricados por Israel con Emiratos Árabes Unidos y Bahrein, a los que luego se sumaron Marruecos y Sudán, bajo el paragua de los EE.UU., los que tuvieron un impacto negativo en las organizaciones y grupos políticos y terroristas palestinos, y cuando la posibilidad cierta de la adhesión del Reino de Arabia Saudita, con la significancia que eso tendría en el Mundo Musulmán, el 7 de octubre del 2023, se produce con la irrupción de elementos de Hamas y de la Yihad Islámica en el territorio israelí, la peor matanza que ha sufrido el pueblo judío desde la Shoa, con más de 1.200 asesinados, entre ancianos, mujeres y niños, otros centenares de heridos y más de 200 rehenes, lo que dará lugar a la guerra de Gaza, que tras un poco más de 2 años y medio, se llegó a un frágil “alto al fuego”, y con un “plan de paz” de 20 puntos propuesto por el presidente Donald Trump, en septiembre de 2025, aplicable en etapas, pero donde la cuestión del desarme de la organización terrorista palestina Hamas, es de difícil ejecución.
Como se señaló, en el 2025 se dio el enfrentamiento directo entre Israel e Irán, la que se denominó la “guerra de los doce días”, que se inició el 13 de junio con la participación también de los EE.UU. y de los Hutíes del Yemen, un proxi del llamado “eje de la resistencia chiita”, y que tuvo como consecuencias, daños en infraestructuras iraníes, en particular la nuclear y la eliminación de varios líderes políticos, militares y científicos persas, pero también Israel sufrió daños en ciudades y en la refinería del puerto de Haifa, en síntesis, fue el prólogo al nuevo conflicto que estalló el 28 de febrero ppdo., el que a diferencia del anterior ha tenido efectos en la economía global, afectando particularmente el mercado energético, por el bloqueo iraní del estrecho de Ormuz y el contrabloqueo impuesto por los EE.UU, conflicto que se encuentra en un in pase, a raíz de las conversaciones entre Washington y Teherán, para encontrar un final al conflicto, el cual se complica con el que estalló en el sur del Líbano, entre Israel y la organización político terrorista libanesa Hezbollah, que a su vez complejiza un Acuerdo de paz entre Israel y el país de los Cedros.
Pero más allá, de estos últimos conflictos armados, a nivel global a partir de la respuesta militar de Israel al sangriento ataque del 7 de octubre del 2023, se incrementaron exponencialmente los actos de antisemitismo, disfrazados de antisionismo o antiisraelismo, que pregonan por la destrucción del Estado de Israel, sea a través de ONGs como, el movimiento BDS promocionando el boicot a los productos israelíes, o las Flotillas por Gaza, o el grupo Palestina Libre, que difunde un falas apartheid sobre el pueblo árabe, los que a su vez han cooptado a grupos contestatarios alineados con el “progresismo”, con la izquierda global, como los feministas, los defensores de la diversidad sexual o quienes protestan sectariamente contra la violencia racial, así también, es grave lo que sucede en los ámbitos universitarios y académicos, con fondos millonarios provenientes de países árabes, a través de donaciones que son utilizadas para abrir cátedras o financiar centros para la difusión del islamismo radical, o bien expandir una judeofobia tradicional, que repite discursos míticos y prejuiciosos, que se basan en teorías megalómanas y conspiranoides.
Y esto, está reflejado en las siguientes cifras, en los EE.UU. en el 2022 se produjeron aproximadamente 3.200 incidentes y en el año ppdo. llegó a 7.700, en los mismos períodos, en Francia pasó de 436 a 1.600, en el Reino Unido de 1.600 a 4.100, en Alemania de 2.600 a 3.600, en Brasil de 432 a 1774 y en nuestro país, Argentina de 427 a 598.
Ahora bien, lo que es aún más graves, es rol de organismos internacionales y/o algunos de sus funcionarios, es el caso de una ineficaz e inoperante ONU, comenzando por su Secretario General, el portugués Antonio Guterres, quien tuvo interacciones tempranas con líderes de la OLP, o la italiana Francesca Albanese, relatora de la ONU, de notoria postura antiisraelí, sin olvidar órganos de la misma organización como la UNESCO, que ha tenido históricamente una relación conflictiva con Israel, a punto tal que en el 2019, motivó el retiro del Estado Judío de ese órgano, y ni hablar del caso de la UNRWA, la agencia para refugiados palestinos, que brindó cobertura a terroristas de Hamas y facilitó espacios en Gaza como depósitos de armas, municiones y explosivos para esa organización, o la parcialidad de las resoluciones de la Corte Penal Internacional en contra del 1er. ministro Netnyahu y otros líderes israelíes, en fin, una verdadera “hipocresía institucionalizada”, sin olvidar algunos jefes de Estados, como el español Pedro Sánchez o el brasileño Lula Da Silva, por nombrar algunos.
Pero pese a todo esto, aquel pequeño Estado que hace 78 años, cuando se refundó con apenas 806 mil habitantes, hoy cuenta con más de 10,2 millones habitantes, de los cuales un 73% son judíos, 21% son árabes y un 6% cristianos, lo que demuestra la falacia del “apartheid”, a los hechos me remito, el 15 de mayo de 1948, la población árabe en el territorio designado por la Resolución 181 a Israel era de 150 mil personas, en la actualidad es de algo más de 2 millones, es decir, creció un 300%, y en una Knesset o Parlamento unicameral, de 120 escaños, la población israelí-árabe está representada por los partidos políticos Ra´am o Lista Árabe Unida y la alianza Hadash-Ta´al o Frente Democrático y Movimiento Árabe para el Cambio, dejando reflejada la participación del voto árabe, y el porqué Israel es el único país democrático en el Oriente Medio, una región caracterizada por las monarquías tribales, los regímenes autoritarios y la teocracia iraní.
Sin embargo, el Israel de hoy más allá de las crisis y los conflictos geopolíticos, se enfrenta a recurrentes crisis políticas, en parte por el sistema de gobierno, un parlamentarismo pluripartidista, con un 1er. ministro que tiene el verdadero rol ejecutivo, y en el que el presidente es la figura simbólica de Jefe de Estado, y para conformar gobierno, el 1er. ministro debe contar con al menos 61 escaños que lo avalen, lo que ha dado lugar a coaliciones de partidos, muchas veces de perfil coercitivo, como lo es en la actualidad con los partidos ultra-nacionalista y ultra-religiosos, con visiones cuasi-teocráticas, sumado a los intentos de avanzar sobre la independencia del Poder Judicial, u oponiéndose al reclutamiento a las FDI de los estudiantes de las Yeshivot, todo lo cual nos lleva a reflexionar, ¿es hora que Israel se dé una Constitución?, ¿qué se cambie el sistema de conformación de gobierno?, en lo personal creo que si ambos interrogantes.
Pero más allá de las crisis, los conflictos y el aumento del antisemitismo a nivel global, en estos 78 años de existencia del Estado de Israel, no sólo ha crecido demográficamente, ha alcanzado un PBI per cápita de U$S 55.350, sobre un PBI total de U$S 539.900 millones, que ha desarrollado de forma intensiva los sectores agrícola e industrial, en capacidades tecnológicas, como ser en gestión hídrica y tecnología digital, con una excelente infraestructura turística, en particular dirigida a sitios de importancia religiosa, para los tres credos abrahamicos y los de relevancia histórica y arqueológica, con ocho universidades públicas e institutos de ciencia y tecnología como el Instituto Weizman o el Technion, y con centros de investigación y atención médica de punta, prueba de todo esto son, los 13 Premios Nobel obtenidos, en campos como en química, en economía, medicina, literatura y dos a la Paz, Menahem Beguin en 1978 y Yitzhak Rabin-Shimon Peres en 1994.
Finalizando la columna de hoy, en el día Yom HaatZmaut, Día de la Independencia, además de entonar el Hatikva y lo que representa, me viene a la memoria la frase de Henry Kissinger, “la seguridad y la existencia del Estado de Israel, es un deber moral de todos los países libres”, y también algo que leí recientemente, “los Judíos tenemos dos días de recuerdo, Yom Hazikaron, que nos recuerda el costo de tener el Estado de Israel, y Yom Hashoa, que nos recuerda el costo de no tenerlo”, pero voy a elegir para terminar, el título de la columna de hoy, que representa la resistencia, la supervivencia y la resiliencia, y es el estribillo del Himno de los Partisanos, “Zog nit keyn mol”, escrito en 1943 por Hirsh Glick en el gueto de Vilna, en yiddish, y dice “Mir zaynen do”, “Estamos aquí”.
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