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El estallido de los cristales perdura

La Noche de los Cristales Rotos, que en realidad fueron tres noches y abarcaron ciudades de Austria y Alemania, puede entrar en el término de cataclismo. ¿Por qué? Porque los cataclismos no son estallidos repentinos, sino eventos trágicos que tienen período de gestación y luego, consecuencias no sólo graves sino generalmente irreversibles.

Si es por movimientos de odio antijudío en territorios germánicos podemos decir que la Noche de los Cristales terminó con 1900 años de historia judía en esa zona del mundo. Pero no vamos a ir tan atrás. Sí tengamos presente el círculo de activismo antisemita de Wagner a mediados de 1800; las reiteradas acusaciones de crímenes rituales en varias zonas alemanas a fines del siglo 19 con las consiguientes persecuciones. Y por supuesto, la campaña de culpabilidad contra los judíos por la derrota en la primera guerra mundial. La hacen Hitler, sus secuaces, sus cómplices, las hordas que él sigue primero y después lo siguen a él. Tenían un arsenal antiguo y diseñado para actuar bajo sus consignas: lemas, motivaciones, panfletos, calumnias contra los judíos.

Llegar a la Noche de los Cristales fue un proceso anunciado y ejecutado tal como se proclamó desde el principio. Los nazis iban viendo cómo el proceso de destrucción de los judíos se iba desarrollando, y a medida que el silencio de los cobardes y el apoyo de las mayorías los acompañaba, iban avanzando. Prometen salvar el honor de la Alemania derrotada por la traición judía, y los apoyan y aplauden; prometen salvar a Alemania y al mundo del comunismo y de los judíos y los aplauden y apoyan; prometen liberar el país del del tratado de Versailles del cual culpan también a los judíos y los apoyan y aplauden, y después de tanto respaldo y aprobación prometen borrar de Alemania y de la faz de la tierra a los culpables de todas las desgracias y miserias, lo que denominan “raza judía”, y al no encontrar escollos, proceden y perpetran.

Al llegar al poder, boicot contra todo lo judío, luego prohibiciones de todo tipo, mes tras mes hasta despojarlos de todo y hasta de poder sentarse en un banco de una plaza. Hacen Olimpíadas y la infamia es bendecida por las potencias. Después de casi 6 años de dictadura, después de casi 6 años de apertura de campos de concentración donde terminaron todos los opositores al nazismo, al régimen le faltaba probar una reacción mundial a un ataque de fuerza contra los judíos.

Y así llega noviembre de 1938. Ya sabemos que el ataque de un joven judío a un diplomático alemán en París fue la excusa imprescindible para desatar “la furia popular”, tan popular que fue organizada con todos los detalles. Asesinatos, miles de judíos transportados a Dachau, incendio de centenares de sinagogas, incendios y saqueos de comercios, castigo económico de cifra sideral a las comunidades judías como si ellas fueran culpables de ser víctimas. El escenario fue perfecto para los nazis porque el silencio fue abrumador. Las llamas que devoraron las sinagogas hicieron ruido, pero las voces en algún rincón de la tierra que clamaran, aunque sea por decoro contra la barbarie, se auto censuraron, y muchas de ellas, celebraron. El odio antisemita no era sólo patrimonio de Alemania y Austria. La Shoá después demostraría con creces cuantos verdugos voluntarios de Hitler poblaban Europa y cuántos Estados Unidos y América Latina.

Después de casi 6 años de despiadada vejación nazi muchos judíos muy arraigados a la Alemania en que había nacido más de una generación, a pesar de todo, habían conservado la esperanza de que en cualquier momento se produciría un milagro, que se derrumbaría el régimen nazi; y que los sufrimientos de estos años quedarían atrás. Más allá de su religiosidad, gran parte sentía a su sinagoga como centro de su continuidad. La masiva destrucción de sus sinagogas en Alemania y Austria fue el derrumbe de los restos de las ilusiones que podían quedar. Y para los nazis fue una señal esperada. Nadie movería un dedo por los judíos. La Noche de los Cristales fue el preludio de la Shoá. Ni el pueblo alemán, ni los pueblos del mundo podían pretender desconocimiento y falta de información.

La prensa de todo el mundo de entonces informó. El 9 de noviembre de 1938 se les abrieron las puertas a los nazis para perpetrar la mayor masacre de la historia y demostrar que cuando el hombre se convierte en lobo, no hay límites para la bestialidad.

Hoy no estamos haciendo sólo memoria del pasado como ejercicio de recuerdos insoportables. Sería un error y un horror hacer algo así. Hoy seguimos viendo las llamas no sólo de las sinagogas destruidas hace 84 años, sino también el humo de las cámaras de gas que llegaron poco después. Y seguimos viendo llamas, porque hay quienes las encienden.

Desde Irán prometiendo barrer al Estado judío del planeta y decirlo desde esos generosos podios internacionales donde lo escuchan como escuchaban a Hitler. Y como entonces, algunos aplauden porque no pueden evitar comulgar con el odio. También están encendidas las llamas de los ucranianos hombres, mujeres, niños, asesinados, vejados. Y no lo decimos nosotros. Está escrito en un extensísimo informe de una Comisión que designó Naciones Unidas, que se atrevió a denunciar y que luego ha visto como el informe quedó en un escritorio, y hoy, ahora, los ucranianos siguen siendo masacrados y el organismo internacional que ordenó la investigación, se calla. Como calló la Liga de Naciones y se rindió ante Hitler.

Y las llamas seguirán ardiendo. Mañana comienza el festival anual de resoluciones sin valor, pero hechas con odio sincero para que en Naciones Unidas se condene al Estado judío de Israel 20 veces de aquí a fin de año por todos los males del Medio Oriente y algunos del mundo. No les importa que hoy son muchos los países árabes que tienen relaciones con Israel y no se unen más a las ordalías diplomáticas. No les importa aplaudir al terrorismo protegido por tanta incitación contra Israel, tanto que, en 10 meses de 2022, Hamas y Jihad Islámica han perpetrado 2.200 atentados contra ciudadanos israelíes. Los nazis quemaron edificios, luego libros y después seres humanos. Los bárbaros de hoy, mientras ven la incapacidad de los débiles y la complicidad de quienes los siguen, están dispuestos a quemar todo. Señor, señora, abra la venta, y mire. Así no lo toman de sorpresa y quizás entiende que ni el silencio ni la indiferencia jamás fueron refugio de nadie.

Eduardo Kohn

Reproducción autorizada citando la fuente con el siguiente enlace Radio Jai

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