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Baruj Spinoza

Por el prof. Yehuda Krell
El 21 de febrero de 1677 falleció Baruj Spinoza, uno de los filósofos más innovadores de su época y precursor de la crítica bíblica. Spinoza es considerado un pensador racionalista, que influyó de manera determinante en el pensamiento humano, es considerado la piedra angular de la filosofía moderna. Algunos lo llaman el Filósofo de los Filósofos, y fue considerado un prodigio.

Descendiente de judíos españoles emigrados a los Países Bajos, estudió hebreo, Biblia, Talmud, y filosofía religiosa. Cursó estudios de comercio y teología, Spinoza es autor de obras que trascienden los tiempos e impactan en nuestros días, como: ‘Breve tratado acerca de Dios, el hombre y su felicidad’, ‘De la reforma del entendimiento’, el polémico ‘Tratado teológico-político’, y en 1675 terminó su obra más importante, la ‘Ética demostrada según el orden geométrico’, iniciada catorce años antes de su muerte y publicada luego en 1677. También por esta época emprendió la redacción del ‘Tratado político’, que quedó inconcluso.

Su pensamiento es un examen secular-naturalista de la vida y la existencia. La filosofía de Baruj Spinoza parte de la identificación de Dios con la naturaleza (Deus sive natura), representa el mayor exponente moderno del panteísmo, cuyo significado radica en que la totalidad del universo es Dios. Según Spinoza, no existe un Dios fuera de esa totalidad, no existe una deidad trascendente ni un dios de mitzvá personal, el mundo es parte de la deidad infinita.

Spinoza fue el primero en tener una visión crítica histórica del Tanaj (Biblia). Consideraba que la Torá no era la palabra revelada por Dios, sino la obra inspirada de hombres religiosos, por lo tanto reflejan una concepción de vida de tiempos pasados de gran valor filosófico, pero como obra, pertenece a un tiempo histórico pasado que no tiene por qué aceptarse ni seguirse al pie de la letra.

En el terreno político, Spinoza sostenía, que todos los seres se guían por el principio de autoconservación, sobre el cual se edifica el Estado como una limitación consensuada de los derechos individuales. Consideraba que el Estado debía dedicarse a gobernar, asegurándoles a todos los hombres la libertad para vivir según sus creencias y deseos. Sin embargo, lo que el individuo busca en el Estado es su propia conservación, por lo que puede rebelarse contra él en caso de que no cumpla esta función.

Todas estas ideas hicieron que su vínculo con la comunidad judía de Amsterdam fuera imposible, aunque tampoco obtuvo las simpatías de los cristianos. Spinoza aparece en tiempos muy especiales de la judería sefardí en la Amsterdam del siglo XVII. Sus ideas y sus teorías colicionaban contra las ideas y doctrinas de líderes políticos y rabinos de la comunidad, quienes se mostraban particularmente cuidadosos en que ninguno de los miembros de la kehilá se alejara en lo más mínimo del cumplimiento de la Ley judía tradicional.

La norma comunitaria era ley para todos sus miembros, el que no lo entendía de esa manera corría el riesgo de ser considerado un hereje y se arriesgaba a que se le aplique el ‘jerem’, la excomulgación, el peor de los castigos. En esos tiempos la expulsión de los judíos de su comunidad significaba la muerte en vida.

En esta realidad, la irrupción de Baruj Spinoza adquirió una dimensión de enorme relevancia, había sido uno de los alumnos más destacados de Rabí Menashe ben Israel, recibió una educación ortodoxa, y era visto como el futuro Rav de la kehilá por su brillantez, conocimientos, erudición y cultura universal. Pero Spinoza, desde muy joven cuestionaba las enseñanzas de sus maestros y mostraba una actitud altamente crítica frente a ellos.

Sus replanteos eran incómodos y varias de las respuestas que recibía de sus mayores no le satisfacían, por lo que poco a poco se fue rebelando. Las discrepancias iban en aumento, paulatinamente se fue alejando de la vida sinagogal y del cumplimiento de la ley judía, haciéndolo público; este proceso se dio en paralelo con su acercamiento hacia un círculo de intelectuales de ideas libres por lo cual fue acusado de tener ideas heréticas y execrables.
La comunidad judía confirmó sus sospechas al conocer sus escritos y fue acusado de ‘hereje’. Varios personajes prominentes trataron de persuadirlo para que recapacite y modifique sus puntos de vista, inclusive se le ofreció dinero para que se arrepienta y abandone sus creencias y expresiones, a lo que no accedió de manera terminante.
Tal como se esperaba, el 27 de julio de 1656 le fue impuesto el ‘jerem’ y fue desterrado de la ciudad. En el decreto de excomunión se lo maldecía, se le deseaba todas las desgracias, y se ordenaba que nadie mantenga con él comunicación oral o escrita, que nadie le preste ningún favor ni lo auxilie, que nadie permanezca con él bajo el mismo techo, o lea nada escrito o transcrito por él.

Tras la dramática expulsión se retiró a un suburbio en las afueras de la ciudad y nunca quiso regresar. Para sobrevivir, se dedicó a pulir lentes para instrumentos ópticos. Frecuentó los círculos liberales, en 1673 el profesor de teología J. L. Fabritius, le ofreció una cátedra de filosofía en la universidad de Heidelberg, pero Spinoza no la aceptó, ya que a pesar de garantizale la libertad de filosofar, se le exigía no perturbar a la religión públicamente establecida.

Minado por la tuberculosis, murió cuando contaba solo 44 años. Sus amigos editaron ese mismo año, simultáneamente en latín y en neerlandés, todas las obras inéditas que encontraron, permitiendo que sus ideas sigan sacudiendo la filosofía moderna y posmoderna hasta el día de hoy. Con el paso del tiempo el judaísmo, el iluminismo, el sionismo y la humanidad reconocen su invalorable aporte al pensamiento judío y universal.

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