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Yehudá Macabbi

El 21 de noviembre del 164 a.e.c. Yehudá Macabbi (Judas Macabeo) reconsagró el Templo de Jerusalem.

Yehudá fue el líder de la Revuelta de los Macabeos en el siglo II a.e.C. contra la dominación siria helenística de los seléucidas. Sus hazañas son mencionadas en los Libros de los Macabeos contenidos en la Torá y habitualmente es considerado, junto a sus hermanos, uno de los mayores héroes de la historia judía.

Era el tercer hijo del sacerdote Matitiahu (Matatías) que, con su familia, fue el centro y alma de la revuelta patriótica y religiosa de los judíos contra los reyes seléucidas de Siria.

Se han hecho varias conjeturas acerca del origen del nombre «Macabeo», que sigue siendo de etimología discutida. El nombre podría derivar de la voz siria maqqaba, en referencia a sus proezas militares contra los seléucidas, para defender la religión de Israel.

Veamos algo de su personalidad.

La historia de la civilización la cuentan las personas que a lo largo del tiempo, gracias a su proceder, sus ideas, sus innovaciones o su ingenio; han ocasionado que el mundo, de un modo u otro, progrese.

Ya sea inspirando a otros o tomando parte de la acción. Yehudá Macabeo es uno de esos seres humanos cuya vida merece nuestra atención por el grado de influencia que tuvo en la historia.

Conocer las luces y las sombras de las personas relevantes como Yehudá Macabeo, personas que hacen girar y evolucionar al mundo, es una cosa esencial para que podamos valorar no sólo su vida, sino la de todos aquellos y aquellas que fueron inspiradas él, aquellos sobre quienes, de de una forma u otra, influyó y, ciertamente, conocer y descifrar cómo fue vivir en la época y la sociedad en la que vivió.

Las biografías y las vidas de personas que como él atraen nuestra curiosidad, tienen que ayudarnos en todo momento como referencia y reflexión para proponer un marco y un contexto a otra sociedad y otra época de la historia que no son las nuestras.

Intentar entender la biografía de Yehudá Macabeo, el motivo por qué vivió como lo hizo y actuó del modo en que lo hizo durante su vida, es algo que nos impulsará por un lado a conocer mejor el alma del ser humano, y por el otro, la forma en que avanza, de forma inexorable, la historia. Fue el tercero de los hijos del sacerdote Matitiahu. Por su audacia y valentía, recibió el sobrenombre de Macabeo ‘martillo’. Muerto su padre continuó con el movimiento nacionalista de fidelidad a las tradiciones judías. Chocó con los ocupantes seléucidas, ayudados por los samaritanos y dirigidos por Apolonio, el conquistador de Jerusalén, a quienes derrotó.

Poco después venció también a Serón, general del ejército de Siria. Ante estos hechos, Antíoco IV Epífanes confió los asuntos palestinos a su virrey Lisias, a la sazón en Antioquía, quien envió un fuerte ejército (unos 20.000 hombres), mandado por Nicanor y Gorgias, contra el insurrecto Macabeo en el año 165 a.C. Cerca de Emaús tuvo lugar el enfrentamiento, del cual salió victorioso Judas. Al año siguiente volvieron a enfrentarse sirios y judíos nacionalistas; el macabeo venció nuevamente al virrey Lisias, y logró de esta forma el control sobre toda Judea, incluso sobre Jerusalén, si bien toleró aquí una guarnición seleúcida. A continuación, se establecieron contactos diplomáticos con vistas a la paz, en los cuales se inmiscuyeron también los romanos, deseosos por aquellas fechas de extender su influencia por Oriente.

A la muerte del rey Antíoco IV, Judas Macabeo continuó realizando expediciones antihelenistas fuera de Judea, de las cuales salió victorioso (destrucción de Hebrón, toma de Azoto); logró incluso sitiar a los seléucidas de Jerusalén, quienes pidieron ayuda a Antíoco V Eupátor, el hijo de Antíoco IV Epífanes, entonces menor de edad. Las tropas sirias, enviadas por Lisias (que se había autonombrado regente), derrotaron a Judas Macabeo en Bet-Zacarías, a unos 18 km al sur de Jerusalén.

Esta derrota no significó, sin embargo, el fin de la causa macabea, pues los problemas internos del estado seléucida (enfrentamiento entre Lisias y Filippo, el regente oficial) desviaron el interés por los asuntos palestinos. Tras ser asesinado Antíoco V, el trono fue ocupado por el instigador del crimen, un hijo de Seleuco IV, que se hizo rey con el nombre de Demetrio I Sóter.

Este personaje provocó nuevos levantamientos en Jerusalén al nombrar como pontífice a Alcimo, un filohelenista, protegido por el general sirio Báquides. Demetrio I, ante la gravedad de la situación, envió a Jerusalén a su general Nicanor, pero fue derrotado por Yehudá Macabeo, primero en Cafarsalama y luego en Adasa (160 a.C.). Tras la paz subsiguiente, Judas Macabeo encontró apoyo en Roma, pero muy pronto hubo de volver a enfrentarse contra Báquides, quien finalmente derrotó y dio muerte a Judas Macabeo en Elasa. Como nuevo jefe del movimiento nacionalista macabeo fue nombrado su hermano Jonatán.

Una de las hazañas de Yahudá Macabeo fue la purificación del templo de Jerusalem. La construcción del Segundo Templo fue completada por Zorobabel en 515 a. e.C., cuando Judea estaba bajo soberanía persa, durante el reinado de Darío I y seguidamente consagrado por el sumo sacerdote Josué.

Se convirtió en el edificio más importante de la ciudad de Jerusalén y de Judea, hasta el punto que algunos autores denominaron a esta última un “estado-templo”. Lugar de depósito de grandes tesoros, los reyes seleúcidas, a quienes Judea estaba sometida, intentaron saquearlo. Durante el reinado de Antíoco XI Epífanes fue profanado, convirtiéndose en un templo helenístico posiblemente consagrado al dios Zeus. Tras la revuelta macabea, fue purificado y vuelto a consagrar al culto de Di´s por Yahudá Macabeo en 165 a. e. C. A finales del siglo I a, C. fue ampliado y reconstruido por el rey Herodes, convirtiéndose en el punto focal del judaísmo. En la primera guerra judía, fue sitiado por los romanos y destruido por las legiones al mando de Tito en el año 70. Su principal vestigio es el Muro de las Lamentaciones, también conocido como Kotel o Muro Occidental. Después de una efímera restauración del culto judío durante la revuelta de Bar Kojba en el siglo II, el área fue ocupada por un vasto complejo de santuarios helénicos construidos por orden de Adriano, en la ciudad de Aelia Capitolina, que sustituyó a Jerusalén. Durante el imperio de Juliano, conocido como el Apóstata por los cristianos, hubo un intento fallido de reconstruir el Templo. En el siglo VII, finalmente y con la ciudad en manos de los musulmanes, se construyó en el área la Cúpula de la Roca y la mezquita Al-Aqsa. Dijimos que tras la revuelta macabea, el Templo fue purificado y vuelto a consagrar al culto de Di´s por Judas Macabeo en 165 a. e. C.

Este hecho dio lugar a la festividad de Janucá.

Los judíos comenzaron una revuelta en contra de esa amenaza a sus creencias y después de tres años, los Macabeos ganaron la batalla milagrosa e inesperadamente, ya que Antíoco contaba con miles de tropas bien armadas. Con la victoria, la comunidad judía logró echar de su tierra a sus opresores.

Al entrar los guerreros judíos al Templo Sagrado en Jerusalem lo encontraron en ruinas y profanado con ídolos falsos. Para ser reinaugurado, el 25 de Kislev, debían volver a prender el candelabro (janukiá), pero solo encontraron una pequeña vasija de aceite puro en todo el templo.

El milagro que presenciaron fue que el poco aceite que había, ardió por ocho días. El tiempo suficiente para producir un nuevo suministro de éste.

Es por esta razón, que desde ese acontecimiento, los judíos observan la festividad de Janucá en honor a la victoria histórica y el milagro del aceite.

Reproducción autorizada citando la fuente con el siguiente enlace Radio Jai

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