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Serge y Beate Klarsfeld: Cazadores de nazis

Un amor a primera vista unió en el metro de París, en 1960, las vidas de Serge y Beate Klarsfeld, que desde ese entonces llevan a cabo tres actividades: amarse, discutir y seguir el rastro de los peores criminales nazis huidos u ocultos tras la II Guerra Mundial. Llevaron al banquillo a verdugos como Klaus Barbie, Kurt Lischka y Herbert Hagen. La única espina que tienen clavada es que se les haya escapado Alois Brunner.

Nada predestinaba a esa hija de un soldado de la Wehrmacht y al hijo de un judío rumano muerto en Auschwitz a convertirse en los “cazadores de nazis” que todos conocemos. Pero es casi seguro que Klaus Barbie, El carnicero de Lyon, se pasó el resto de su vida maldiciendo contra aquel inútil miembro de las SS que no supo mirar tras el falso fondo de un armario en el piso de Niza donde se ocultaban el pequeño Serge Klarsfeld, su hermana Georgette y su madre, Raïssa. El padre de familia, Arno Klarsfeld, judío y miembro de la Resistencia, que había instalado la trampa salvavidas, acababa de ser detenido por la escuadrilla que lideraba el siniestro Alois Brunner aquel 30 de septiembre de 1943. La de Niza fue una de las peores redadas antijudías de la historia. Arno Klarsfeld terminaría siendo deportado y posteriormente asesinado en Auschwitz. Y el pequeño Serge acabaría convirtiéndose años después, junto con su esposa, Beate, en uno de los mayores cazanazis de la historia.

Además de facilitar en 1987 la detención y el enjuiciamiento de Klaus Barbie, jefe de la Gestapo en la ciudad francesa de Lyon, asesino del resistente Jean Moulin y responsable de la deportación y el exterminio de 44 niños en la localidad de Izieu, también tuvieron un papel central en los procesos de célebres colaboradores con el nazismo, como René Bousquet, Paul Touvier, Jean Leguay y Maurice Papon. Igual importancia histórica tuvo su inagotable trabajo de investigación para devolver su identidad a decenas de miles de judíos desaparecidos en los campos de la muerte.

La década en que desarrollaron con más intensidad de su acción fue la de 1968 a 1978. En 1967 Alemania Occidental escogió como canciller a un ex propagandista hitleriano, Kurt Kiesinger (1904-1988). Beate no lo soportó y en un acto le dio una bofetada.

Sus campañas de indignación recibieron al principio poco eco. Por eso decidieron que, para obtener resultados sus acciones debían ser más o menos espectaculares.

Hoy, cuando la cacería de nazis parece concluida sienten, que poco a poco, consiguieron construir una memoria de la Shoah y que su trabajo permitió que la opinión pública tomara conciencia del papel del gobierno colaboracionista de Vichy (1940-1944) en la “solución final” en Francia.

Entre sus éxitos cuentan con la detección de Klaus Barbie. Lo encontraron en Bolivia en 1971, bajo el nombre de Klaus Altmann y era un próspero hombre de negocios protegido, sucesivamente, por las dictaduras de Barrientos, que lo nombró administrador de la Transmarítima Boliviana y asesor de los servicios secretos bolivianos; Banzer y García Meza. Durante años, Barbie se creyó a salvo de todo peligro. Pero Serge y Beate Klarsfeld lograron, tras un tortuoso proceso de documentación, búsqueda, acoso y derribo de más de 15 años —incluyendo varios viajes de Beate a La Paz con pasaporte falso, disfrazada y con durísimos encontronazos con las autoridades del país:

Finalmente en 1983 el Gobierno boliviano extraditó a Francia al antiguo jefe de la Gestapo de Lyon.

No lo habrían conseguido sin la colaboración del periodista de la televisión pública francesa Ladislas de Hoyos, que logró entrevistar a Barbie en La Paz. En el transcurso de la charla, De Hoyos mostró a Klaus Barbie una foto de Jean Moulin, cabeza visible de la Resistencia Francesa frente a la ocupación nazi, a quien Barbie había torturado hasta la muerte. El carnicero de Lyon cogió la fotografía y dijo que no conocía a aquel personaje. Pero dejó sus huellas dactilares en la imagen. Fue su perdición.

Pese a todos los obstáculos y todas las amenazas —los Klarsfeld escaparon a dos atentados, uno con coche bomba, el 9 de julio de 1979; y otro con un paquete explosivo, ambos auto adjudicados por la organización criminal Odessa.

Barbie fue juzgado en Lyon en 1987 y condenado a cadena perpetua. Era el principio del fin para el temible Sturmführer, el verdugo de los 44 niños judíos de la colonia de vacaciones de Izieu, a quienes en 1944, como jefe de la Gestapo en Lyon, un cargo terrorífico desde el cual no tenía que pedir permiso a nadie de arriba para las fechorías que cometía; por lo cual él y solo él dio la orden de detener y de deportar a los niños judíos de la residencia de la colonia, a los que envió al campo de concentración de Drancy para, pocos días después, ser gaseados en Auschwitz, en lo que supuso uno de los episodios más siniestros del genocidio perpetrado por el III Reich.

Por ello, a Klaus Barbie, la idea de que aquel niño, su futuro cazador, estaba escondido en aquel armario de Niza y que no fue detectado por los hombres de Brunner, debió perseguirlo hasta su muerte por leucemia, en 1991 en la cárcel de Lyon.

 

Dr. Mario Burman en exclusiva para Radio Jai

Reproducción autorizada citando la fuente con el siguiente enlace Radio Jai

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