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Isaac Bashevis Singer

 

Desde joven Isaac Bashevis Singer daba el 17 de julio de 1904 como su fecha de nacimiento, en el Reino de Polonia, que en esa época formaba parte del Imperio Ruso. Sin embargo, la fecha real sería el 21 de noviembre de 1902. La diferencia tenía relación, posiblemente, con la intención de evitar el servicio militar. Era hijo y nieto de rabinos y hermano de los novelistas Israel Yehoshua Singer y Esther Kreitman. Creció en el barrio judío de Varsovia, donde se hablaba yiddish, siempre sometido al riesgo de un pogrom. También pasó varios años en Biłgoraj, un pueblo lleno de tradición judía, donde su abuelo materno fue rabino. Recibió una educación tradicional judía y estudió textos bíblicos en hebreo y arameo. Todos en su familia contaban historias y el mismo de joven empezó a inventar sus propias historias.

En 1908 la familia se trasladó a Varsovia, a la calle Krochmalna, donde trabó amistad con una chica simple, llamada Shosha, que despertó su ternura, al mismo tiempo que leía mucho, estudiaba lenguas y el Talmud. Cuando estalló la Primera Guerra Mundial su familia volvió al pueblo materno.

En 1920 entró al Seminario Rabínico de Tachkemoni, pero pronto regresó a Bilgoray, donde siguió dando clases de hebreo. En 1923 se trasladó a Varsovia, donde trabajó como corrector de pruebas para la revista Literarische Bleter, publicada por su hermano Israel. A su regreso, tradujo al yiddish obras de Knut Hamsun, Gabriele D’Annunzio (la novela El placer, en 1929), la danesa Karin Michaelis, Stefan Zweig, Thomas Mann y Erich María Remarque.

En 1929 su padre, que se había trasladado a Stary Dzików, muere e Isaac ayuda a su hermano en la investigación histórica de la novela Yoshe Kalb. En esos años tiene una relación con Runia Shapira, de la que nació su hijo Israel. En 1932 su hermano se instaló en Nueva York.

De 1933 a 1935 Isaac es codirector de la revista Globus, donde publicó cuentos y la novela serializada Satán en Goray, escrita en el estilo medieval de las crónicas yiddish. La historia comienza a partir de los acontecimientos del siglo XVII relacionadas con el falso mesías Sabbatai Zevi y ofrece una imagen de la fiebre mesiánica que se extendió entre los judíos en esos años. En un trabajo posterior, El esclavo (1962), vuelve al siglo XVII, con una historia de amor entre un hombre judío y una mujer cristiana, cuya relación es atormentada por sus diferentes tradiciones.

De entre su obra, además de las obras señaladas, se destacan títulos como Los herederos, El mago de Lublin, La destrucción de Kreshev y Enemigos, una historia de amor

En 1935 Singer se unió al personal del Jewish Daily Forward como corresponsal extranjero. Para escapar de la amenaza antisemita que representaba la invasión nazi emigró a los Estados Unidos, se separó de su esposa, que se convirtió en comunista; y de su hijo, que irá a Moscú y más tarde a Palestina. Después de un difícil viaje a través de Alemania y con una estancia en París, finalmente Singer se estableció en Nueva York, donde trabajó para el Jewish Daily Forward con diferentes seudónimos. Publicó, por entregas durante 5 meses,

la novela Der Zindiker Meskiekh, (El Mesías Pecador), con un tema es similar a Satán en Goray, esta vez contando la historia del sucesor de Sabbatai Zevi en el siglo XVIII.

Bashevis fue un acérrimo defensor del vegetarianismo, lo que hizo notar en varios de sus libros. En el año 1973, recibió el Nacional Book Award y en 1978 el Premio Nobel de Literatura

Sr discurso al recibir este último galardón puso de manifiesto su espiritualidad, cuando dijo que “Ningún avance tecnológico es capaz de mitigar la desilusión del hombre moderno”; pero sobre este discurso volveremos más adelante.

Desde la próspera Polonia judía que destruyó la Segunda Guerra Mundial, hasta los bulliciosos barrios de exiliados de Nueva York y Miami; toda la literatura de Isaac Bashevis Singer destaca por la nostalgia,

Una nostalgia que se dio por partida doble en Isaac Bashevis Singer, pues fue un nómada cultural cuya única patria estable y a la que se mantuvo siempre fiel fue su lengua, el yiddish, a la que prestó tan buen servicio que terminó convirtiéndose en el único representante del Premio Nobel de Literatura que escribió en un idioma sin patria.

“La gente me pregunta a menudo por qué escribo en una lengua moribunda, y quiero explicarlo en pocas palabras”, aseguró en 1978 su discurso de aceptación del Premio Nobel, que comenzó en yiddish y terminó en inglés. “Creo en la resurrección. Estoy seguro de que millones de cadáveres que hablan yiddish se levantarán de sus tumbas un día y su primera pregunta será: “¿Hay algún nuevo libro en yiddish para leer?”. Para ellos el yiddish no estará muerto”. En otro momento del discurso afirmó, más solemne: “el yiddish es el idioma de la diáspora, sin tierra, sin límites, que no depende de ningún gobierno. Es una lengua donde no existen palabras que definan a las armas o a las estrategias de guerra. Fue una lengua fortalecida por los judíos de los guetos y ellos son el verdadero pueblo del libro. El gueto no fue solo el refugio de una minoría perseguida, sino un gran intento de paz, autodisciplina y humanismo. En yiddish se pueden hallar expresiones que reflejen el placer, el amor a la vida, las esperanzas mesiánicas, la tolerancia, y una profunda valoración de la singularidad humana. En yiddish hay humor y valoración de cada día de la vida, de cada pequeño éxito, de cada encuentro de amor, y sabe sobreponerse a las fuerzas de la destrucción”.

Isaac Bashevis Singer falleció el 24 de julio de 1991

Reproducción autorizada citando la fuente con el siguiente enlace Radio Jai

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