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Kliksberg en tiempos de Pandemia: Desigualdades indignantes

El Papa Francisco, la ONU, y el Foro de Davos, han denunciado las grandes desigualdades actuales. Son las principales creadoras de pobreza, congelan la movilidad social, destruyen la cohesión social, incentivan la corrupción y la criminalidad, e impiden un desarrollo sostenido.

Vienen creciendo aceleradamente. El 1% más rico es poseedor de patrimonios que superan el 50% del Producto Bruto Mundial. Tiene por consiguiente más que el 99% restante. En la pandemia, el patrimonio del 1% más rico creció a altas tasas. Por el otro lado gran parte de los estratos medios y medios bajos se empobrecieron. Ha habido cifras récords de cierres y quiebras en los sectores en que tradicionalmente operan como las pequeñas y medianas empresas comerciales, industriales y de servicios. El estrato de menores ingresos, asalariados en empleos inestables, e informales, están experimentación tasas de desocupación sin parangón. Se multiplicaron los que no pueden pagar los alquileres de sus modestas viviendas.

Algunos de los problemas mayores de la humanidad están directamente incididos por las extendidas desigualdades.

Entre ellos los que se mencionan a continuación.

Los determinantes sociales de la salud

Según la Organización Mundial de la Salud, el 80% de las causas de las enfermedades están ligadas a déficits sociales previos. Ellos generan problemas de salud. Hacer salud preventiva significa atacar estos problemas. Ir a las determinantes sociales de la salud. Los trayectos de salud de las personas serán muy diferentes según esos determinantes.

Entre los mismo están: la mala situación socioeconómica, el hacinamiento, la baja escolaridad, la carencia de agua potable, y de instalaciones sanitarias. Así entre otros muchos ejemplos el embarazo adolescente totalmente desaconsejado es abrumadoramente mayor en las adolescentes que no han completado la escuela secundaria, que en las que si lo han hecho. En una región de muy elevada desigualdad como América Latina donde en el 20% más pobre, solo un tercio termina el secundario, las cifras de embarazo adolescente son mucho más altas que en los estratos que lo finalizan. En general las brechas en determinantes sociales llevan a diferencias agudas en años de vida. Ello puede verse con facilidad geográficamente. En Monterrey la ciudad más rica de México, la esperanza de vida de los municipios más prósperos, es mucho mayor que la de municipios vecinos pobres. En Buenos Aires, basta pasar en las estaciones de metro, de algunas ubicadas en el norte rico de la ciudad, a otras en el sur pobre, para encontrarse con niveles de esperanza de vida significativamente menores.

La vulnerabilidad frente a la pandemia

Hay países que han resistido mucho mejor el embate de la pandemia. Las cifras de infecciones y víctimas en Nueva Zelandia, Noruega, Finlandia, Dinamarca, Uruguay y Costa Rica son bajas, y se hallan a gran distancia de las de USA, India, y Brasil.

Fuera de la mayor eficiencia de las políticas epidemiológicas aplicadas, hay un rasgo común en los países exitosos, su bajo coeficiente Gini de desigualdad. Economías como las nórdicas, tienen un Gini de 0.25 frente al 0.42 de USA, o el 0.50 en ascenso de Brasil.

Las bajas desigualdades son “saludables”. Llevan a buenos desempeños en los determinantes sociales de la salud. Son países que reúnen las precondiciones favorables para frenar la pandemia. Si además se aplican vigorosas políticas que siguen las recomendaciones de la ciencia, y se hace participar plenamente a la población, se llega a casos virtuosos como el de Nueva Zelandia que ha tenido solo 25 muertes en la pandemia, y liberada del virus esta actualmente haciendo una vida normal. Su Primera Ministra Jacinta Arend que lleva adelante con gran vigor las políticas proigualdad, fue reelegida, en octubre 2020 por un segundo periodo con la mayor votación de la historia del país. Uruguay y Costa Rica los dos países con mejor equidad de la muy desigual América Latina, tienen también marcas muy bajas de infección y victimas, frente a otros países de la región de mucho mayor potencial económico pero con alta desigualdad, como los muy afectados Brasil y Perú.

Cambio climático

El cambio climático tiene impactos profundamente desiguales. Está golpeando en primer lugar a los más humildes. Los millones de campesinos pobres dependen totalmente de la tierra. Viven de ella. Su deterioro destruye sus modestas economías. Los pobres están en general en los lugares más afectados por los huracanes, las inundaciones, y las sequías. Las frágiles viviendas de los marginales urbanos son arrasadas por los desastres.

Las migraciones masivas sin precedentes que caracterizan a nuestro tiempo, de pobres desesperados cuyo hábitat es ya inhabitable, están totalmente ligadas a desigualdades estructurales, como entre otras su condena al minifundio y su imposibilidad de acceder a extensiones de tierra que permitan subir su productividad, su falta de tecnología, su manipulación por los intermediarios. A las mismas se suman los efectos cada vez mas destructivos del cambio climático, y se pronunciada vulnerabilidad frente a ellos.

Vivimos en un mundo muy desigual donde las inequidades están siendo agravadas por la pandemia y el cambio climático. Sin embargo, hay países que las han derrotado, como los ya mencionados y otros, con políticas universales de educación y salud de buena calidad y gratuitas, tierra para todos, apoyo tecnológico y de financiamiento para los campesinos, y las pymes, cooperativismo, fuerte protección social e igualdad de oportunidades. Muestran que la desigualdad es enfrentable.

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