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Analogías para entender la educación: ¿Cualquier jabón es la mejor opción para cualquier cara?

Hay cuatro tipos básicos de piel sana de la cara: normal (bien equilibrada), seca (que produce menos sebo que la piel normal), grasa (con producción acrecentada de sebo) y mixta (que consta de una mezcla de tipos de piel según la zona de la cara). Cada una tiene cierto valor de PH. El tipo de piel se determina genéticamente. Cada piel tiene distintos tipos de sensibilidad, humedad, sequedad, textura, color. Agreguemos a ello las alergias, manchas y otras afecciones y tendremos un abanico de pieles cada una de las cuales estará mejor cuidada con el tipo de jabón y PH que calza con esas particularidades.

¿Sería inteligente asumir que un solo jabón es la mejor opción para todos los casos o hay que analizar cada contexto específico?

Imaginemos ahora un alumno que se porta mal en clase o que obtiene bajas notas en sus exámenes. ¿Podemos suponer que con una sola calificación del problema y una sola acción establecida en el reglamento resolvemos el problema? Sabemos que los motivos de la mala conducta o bajo desempeño pueden ser infinitos. SI queremos dar en el blanco, es decir, ayudar a corregir o revertir lo que anda mal, primero debemos saber cuál es el contexto en el que ocurre el problema, cuáles son los motivos de cada individuo, de qué modo le puede afectar una u otra acción externa y sólo entonces podremos proponer qué hacer con mayores probabilidades de un cambio sustantivo en la persona que está en falta.

¿Podemos tener una explicación única de por qué la gente no cumple la cuarentena o en qué contexto se contagia y asumir que con una acción gubernamental uniforme para todos se logrará modificar esas conductas o tasas de contagio? Evidentemente que no.

Las analogías aunque imperfectas sirven para ubicar el problema. ¿Por qué el sistema educativo escolar sigue asumiendo que todos los alumnos deben estudiar lo mismo, al mismo ritmo, de la misma manera, en el mismo tiempo, con los mismos enfoques y ser evaluados con los mismos métodos, cuando todos los alumnos son distintos y viven realidades y contextos distintos, proceden de familias distintas, acuden a colegios distintos, con distintos profesores y disponibilidad de recursos?

Si queremos que cada alumno logre el máximo provecho de su experiencia escolar, asumir y respetar las diferencias es fundamental. Eso supone una educación más personalizada, que parte de una autoridad ministerial que cree en esa diversidad de instituciones, profesores y alumnos y por lo tanto les da un amplio margen de autonomía para encontrar la mejor opción para cada caso. Pero eso choca con la tradición estandarizadora y homogeneizadora de un sistema educativo normado por un ministerio de educación que creyó en la igualdad (en el sentido de que todos los profesores enseñan igual y todos los alumnos aprenden igual), en lugar de construir una propuesta innovadora que crea en la diversidad, en la particularidad de cada individuo y del vínculo profesor-alumno, que es una concepción alternativa que puede abonar mucho más en favor de la equidad.

Todo padre o madre de familia que tiene más de un hijo sabe que no puede abordar por igual los quehaceres y conductas de cada uno de ellos, así sean mellizos, porque cada uno es distinto. ¿Por qué tendría que pensarse que un ministerio de educación con 10 millones de alumnos y 500 mil profesores tendrá éxito con una educación de calidad para todos asumiendo que todos los profesores, familias y alumnos son iguales?

*León Trahtemberg es Conferencista y consultor en Educación. Miembro del Consejo Nacional de Educación. Co-Promotor y Líder Pedagógico del colegio Áleph

Reproducción autorizada por Radio Jai citando la fuente.

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