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Las guerras de los que se sienten intocables


Hace más de un año, los analistas internacionales comenzaron a describir las confrontaciones económicas entre China y Estados Unidos como una nueva “guerra fría”. Pero en 2021, el gobierno de Estados Unidos cambió, Putin se ha hecho nombrar Presidente hasta 2036, China crece y crece más allá de la pandemia, y el término quedó corto. O no hay una guerra fría o hay varias y no son frías.
En agosto del año pasado, analistas israelíes se mostraron preocupados cuando escribieron: “El reciente acercamiento entre chinos e iraníes, difundido por la prensa de Teherán y que forma parte de una declaración de intenciones iniciada durante una visita del presidente chino Xi Jinping en 2016, es un acuerdo que está lejos de implementarse pero que enciende una alerta a nivel geopolítico.”
El acuerdo no estaba nada lejos. Se firmó hace cinco días en Teherán.
Desde el viaje de Xi Jinping en 2016 se mantuvieron conversaciones secretas entre los países. Irán estudiaba lo que podía ser una dependencia económica y estratégica, mientras que China se cuidaba por posibles sanciones del Estados Unidos de Trump. Pero en setiembre del 2020 New York Times informó que el mes anterior, se había redactado el borrador de un acuerdo aprobado por el presidente iraní Hassan Rouhani. Según el borrador filtrado en Teherán, se trataba de un “acuerdo de asociación estratégica integral” de 25 años de duración. Durante ese período China invertiría alrededor de 400 mil millones de dólares en aproximadamente 100 proyectos de infraestructura en Irán, principalmente en la industria del petróleo y el gas cuyos cimientos envejecen y se desmoronan debido a la falta de mantenimiento; así como en ferrocarriles, puertos y aviación. A cambio China, el mayor importador de energía a nivel mundial, recibiría de Irán un suministro regular de petróleo a un precio muy bajo y en cantidades de millones de barriles diarios.
Además, se establecía ya en el texto una contraprestación estratégica. Con la renovación de diversos puertos, y especialmente a través del establecimiento de zonas de libre comercio tanto en el Estrecho de Ormuz como en el mar Caspio, China iba a lograr una presencia en la región que le permitiría realizar tareas de inteligencia y otras actividades vinculadas a su área de seguridad. Se trataría de una amenaza contra la hegemonía estadounidense en el Golfo Pérsico, y ganaría un mercado cautivo de 85 millones de iraníes que precisarían de sus productos tecnológicos.
A nivel militar, y eso marcó las alertas de Israel, el entonces borrador ya dejaba establecido cooperación tecnológica y militar: China establecería su sistema de tecnología 5G en Irán, mientras que Irán obtendría acceso a la red de satélites GPS chinos llamada “Beidou”. Además de capacitaciones conjuntas para las marinas de los dos países, y una cooperación china hacia Irán en materia de defensa cibernética.
A nivel político, también se entraría en un terreno de mucha preocupación para Israel y Estados Unidos ya que la alianza convertiría a China e Irán en aliados internacionales, un aspecto importante ya que los chinos cuentan con poder de veto como miembro permanente del Consejo de Seguridad de la ONU.
Si bien el ex Presidente de Irán Mahmoud Ahmadinejad y otros políticos iraníes hablaron mal del borrador del acuerdo y muy mal de China por su comportamiento por la pandemia, el canciller Zarif y el presidente Hassan Rouhani lo apoyaron fuertemente y se sabe que ya en junio del 2020, el texto fue aprobado por el líder supremo Ali Jamenei.
En Israel se consideró enseguida el contexto de un acuerdo de este tipo, y se pensó que la fuerte relación económica con China podría no concretarlo, y que si se hiciera efectivo, esa relación bilateral podría ayudar a que China impidiera que Irán se convirtiera en un país con armas nucleares. Un pensamiento apresurado e ingenuo.
En política no existen amistades sino intereses comunes circunstanciales. Por eso, un año y poco después de comenzada la pandemia, con un planeta sumergido en una profunda y larga crisis económica y social, con otra Administración en la Casa Blanca, con cada país intentando sobrevivir encerrado en su cascarón y con amplio desprecio por la cooperación internacional como lo demuestra a modo de ejemplo la forma en que el 90% del mundo todavía no accedió a las vacunas, China e Irán firmaron el borrador del año pasado y lo convirtieron en un hecho formal y en desarrollo.
Estados Unidos e Israel miran desde esta semana el ingreso físico de China al Medio Oriente y el inicio de una cooperación militar que llevará a maniobras conjuntas, investigación conjunta para creación de nuevo armamento, y compartir con Irán todo lo que se haga a nivel de trabajos de inteligencia para (dice el Acuerdo)”luchar juntos contra el terrorismo, el tráfico de armas y personas y contra el crimen”.
El Ministro de RREE chino Wang Yi declaró hace cinco días que su país consideraba que las sanciones de Estados Unidos contra Irán son inmorales y violan el Derecho Internacional. A pesar de ese lenguaje tan rotundo, y de todo lo que se ha filtrado de este acuerdo desde el año pasado, ni China ni Irán confirmaron, además de sonreír a los fotógrafos, nada que no fuera “amplia cooperación mutua” y “una gran alianza estratégica”, términos que dichos por Irán son bombas prontas a estallar. Admitieron que van a cooperar en la lucha contra el terrorismo, lo cual es realmente alucinante, y confirmaron lo previsible: el compromiso de China de enviar sus vacunas contra el coronavirus de inmediato.
Expertos israelíes piensan que no todo lo que se ha firmado a 25 años es de implementación segura e inmediata. Sostienen que China busca alianzas a todo nivel e intenta mantener equilibrios mientras avanza. En ese sentido han citado que antes de ir a Teherán, el Canciller chino firmó acuerdos de entendimiento con Arabia Saudita y Emiratos, a quienes ya vende hoy en día armas. Pero, de nuevo, no se puede ser ingenuo. Aunque haya un fuerte vínculo económico entre China e Israel, eso es todo. No hay otro tipo de acuerdo. No hay venta de armas ni “cooperación estratégica”.
Dejar por escrito en un documento que Irán y China van a luchar contra el terrorismo, excede la capacidad de comprensión de cualquier experto en política internacional y deja en otro plano los intercambios económicos y tecnológicos.
¿A qué terrorismo se refieren?¿A Hamas? ¿A Hezbollah? ¿Al Estado Islámico?. Porque si es lo que cualquier analista supone, y supone bien, parece que de un lado se apoyará al otro para seguir el genocidio contra los iugures (que se ve mucho no le preocupan a Irán aunque sean musulmanes) y desde el otro lado, se apoyará todo lo que patrocina Irán, desde Hamas al horror en Siria. Las votaciones de China en la ONU, al menos, demuestran que en ese terreno, no hay mucho que explicar de este Acuerdo. Apenas esperar que hacen Hamas e Hezbollah con más apoyo del que ya tienen.

*Eduardo Kohn (Montevideo, 1949) es Doctor de Relaciones Internacionales y. Director de Latinoamérica en B´Nai B´rith.

Reproducción autorizada por Radio Jai citando la fuente.

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