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Una visión gatopardista de la actualidad africana

En febrero próximo, se cumplirá un año del encuentro entre el Secretario General de la ONU, Antonio Guterres y los principales líderes y representantes de los Estados africanos, en la 33ª cumbre de la Unión Africana, celebrada en la ciudad de Addis Abeba, Etiopía, oportunidad en que el mencionado funcionario lanzó la iniciativa de un África con paz y seguridad, expresado en la frase “Silenciar las Armas”, pero donde también se prevé erradicar la pobreza, un mejor y mayor estado de bienestar para los africanos, combatir las enfermedades endémicas y pandémicas, y la lucha por el cambio climático y la defensa del medio ambiente que armonice con un desarrollo económico sustentable y el respeto a los DD.HH.

La iniciativa presupone la articulación, eficaz y eficiente, de una estrategia conjunta entre la ONU y la Unión Africana, para ir cumpliendo las metas de pacificación en el continente, como lo han constituido por el caso, los acuerdos de paz para la República Centro Africana, el establecimiento de un gobierno civil de transición en Sudán que garantice la seguridad y el final de persecuciones y genocidios, pero un tema que no es para nada menor, es el del Terrorismo, en particular el de matriz yihadista, como lo representan por ejemplo, el Boko Haram, Al Shabab, el Daesh y Al Qaeda, que implica el esfuerzo conjunto de las Fuerzas de Paz de la ONU y de la Unión Africana, pero dichas operaciones significan un financiamiento sostenido, que en los hechos, carece del apoyo internacional, y esto posibilita que el terrorismo gane espacios, no sólo el africano, sino también fuera de África, en particular Europa.

En cuanto a lo que involucra la Condición Humana, donde podemos encerrar en dicha expresión, los estándares de vida de la población, el acceso a la educación y a la salud, en particular a las campañas para combatir y erradicar enfermedades endémicas y en la actualidad, al Covid 19, lo que implica una infraestructura dinámica de servicios sociales esenciales, también involucra la seguridad de acceso a una sana y buena alimentación, políticas que prevean la paulatina erradicación de la pobreza y de la exclusión, la realidad es que el progreso en estos sectores es lento y muy desigual de una Estado a otro o de una región con otra, lo que retrasa o hasta imposibilita el desarrollo económico sustentable.

Por otra parte no podemos olvidar, en lo que hace a una verdadera democratización de los estados, el respeto a las instituciones y la práctica de gobiernos eficaces y eficientes en sintonía con los objetivos propuestos, tanto por la ONU como por la Unión Africana, es indudable que se debe combatir una corrupción, en algunos países endémica, la reestructuración de los sistemas tributarios, el combate a la legitimación de activos de procedencia dudosa o más conocido como lavado de dinero y los flujos ilícitos de capitales, y que fundamentalmente, que los países africanos se beneficien de sus recursos y de esa manera lo puedan direccionar hacia la concreción de los objetivos propuestos en la Cumbre de hace un año.

Ahora bien, en las próximas semanas se va a lanzar un audaz, ambicioso e importante proyecto, un gran oleoducto que unirá las repúblicas de Tanzania y Uganda, que podríamos verlo como una mega obra que estaría direccionada en pos de ese desarrollo sustentable que señalé anteriormente, pero que encierra también algunos peligros no menores en lo que hace al cuidado medio ambiental y el cambio climático.

El proyecto, que se conoce como Oleoducto de África Oriental o EACOP, se extenderá a lo largo de 1.500 km., con un presupuesto estimado en u$s.4.000 millones, y que representa la mayor obra de flujo de petróleo en la historia del continente africano, pero que atravesará al menos 12 áreas o reservas naturales, habitad de especies animales, muchas de ellas en peligro de extinción, sin olvidar la posibilidad del impacto ecológico que podrían provocar fugas o derrames del crudo.

En este sentido, distintas organizaciones ambientalistas han alzado su protesta al proyecto, tanto africanas como a nivel global, y en un informe del Fondo Mundial para la Naturaleza o WWF, señala que el oleoducto en su trayecto pasará por 12 reservas naturales, entre ellas una de las mayores, el Parque Nacional Murchinson Falls, también cruzará unos 200 ríos, atravesará el lago Victoria, el más grande de África y llegará en el noroeste de Tanzania al mayor arrecife de coral del continente, sin olvidar a las miles de granjas agrícolas y el riesgo que representa a la fauna y a la flora autóctona.

Ante la inminente puesta en marcha de este mega proyecto, el investigador Benny First de la Universidad Hebrea de Jerusalén ha manifestado que si la construcción de oleoductos en cualquier parte del mundo implican un riesgo medio ambiental, en la región del África Oriental adquiere una importancia mayor por la sensibilidad ecológica del lugar, que de hecho ya registra cambios climáticos en su fase de construcción.

El citado investigador, entre los casos testigos de desastre ecológico, señala los acontecidos en Israel y en Canadá, en el primer caso hace alusión al ocurrido en el 2014, en el oleoducto que une Eilat y Ashkelon, donde se produjo una explosión cerca de la reserva de Evrona y se derramaron unos 5.000 mts. cúbicos de crudo que fluyeron hacia la reserva, ocasionando daños que en algunos casos han sido irreversibles para ciervos, aves acuáticas y flora, como las acacias, en cuanto a Canadá, este país cuenta con numerosos eventos similares que afectaron y afectan al medio ambiente en los últimos cincuenta años, el último de estos, ocurrió en julio del año 2020, cuando se derramaron el equivalente a unos 1.200 barriles de crudo, con el consiguiente impacto ecológico y también con la evacuación de numerosas personas por la contaminación de las tierras y las napas subterráneas, y estos casos testigos señalados por el nombrado investigador de la Universidad Hebrea de Jerusalén, ocurrieron en el contexto de dos países donde las instituciones democráticas y el estado derecho son ejemplo a nivel mundial.

Esto me lleva a que los ejemplos dados por el Benny First, sirven para analizar el proyecto africano, pues si bien de acuerdo a los informes de obra, el calibre y grosor de los caños a instalar, al igual que la profundidad indicada está dentro de los estándares mundiales de seguridad, el interrogante es, si tanto el gobierno de Uganda como el de Tanzania podrán garantizar el cumplimiento de esos estándares, o si bien sus instituciones judiciales brindarán a posibles particulares damnificados u organizaciones ecologistas, instrumentos legales que protejan sus derechos, y una política anticorrupción eficaz y eficiente, habida cuenta que la corrupción tiene características endémicas en el continente africano.

Ahora bien, detrás de este proyecto EACOP están, Standard Bank que es la principal banca crediticia de África y la corporación japonesa Sumitomo Mitsui Banking Corporation, en el caso de la primera sus inversiones se harían a través de su filial en ugandesa Standbic y que junto a la corporación financiera nipona, estiman inversiones por u$s.2.500 millones y relativizan o directamente niegan los negativos impactos medioambientales, lo que ha llevado en los últimos días a que se produzcan manifestaciones y marchas de protesta en contra del proyecto y exigen que las inversiones se orienten hacia proyectos ecológicos que transformen la economía de esa región del África Oriental.

Pero el escenario que acabo de describir, en cuanto a impactos negativos medioambientales y ecológicos no es privativo de aquella región africana, pues en el África Occidental, más precisamente en la llamada África Subsahariana, la deforestación es creciente y alarmante, propiciando el avance del desierto, y es China el principal inversor e importador de madera africana, y que según el Instituto Internacional para el Medio Ambiente y el Desarrollo, estima que el 75% de la producción maderera africana se exporta al gigante asiático.

Cuando para el 2014, las inversiones en explotación forestal e importación chinas se fue agotando en el estado insular de Madagascar, los emprendimientos se mudaron a la costa occidental de África, iniciándose en Gambia, luego Benin para después expandirse en Costa de Marfil, Ghana y Nigeria, en este último país en el 2017 el ritmo de importación de madera alcanzó el pico de 5.000 troncos por día con destino a China, en particular las especies de Palo Rosa, Ébano y el Ocume, que son maderas muy apreciadas en el mercado chino e internacional.

Ahora, el objetivo de la IED en explotación e importación de RR.NN., es la Gran Cuenca del Congo que comprende a seis estados africanos, donde a las ya existentes e intensivas actividades mineras, con inversiones de empresas estadounidenses, europeas y chinas, en particular en la extracción del Coltan, un mineral muy importante en la tecnología de misiles, la aeroespacial y en celulares 5G, que ha sido incluido como Recurso Natural Estratégico por el Depto. de Estado de los EE.UU., se le suma la deforestación, como los casos de las repúblicas de Gabón y el Congo, que poseen el 60% de la reserva forestal de la Gran Cuenca, y en el caso de este último país, la empresa china Dejia Group, posee la administración de más de 1.5 millones de hectáreas, y que le ha posibilitado eludir el pago impositivo por entre u$s. 3 y 6.7 millones anualmente, algo sólo posible en un Estado con una corrupción endémica y con ausencia del estado de Derecho, que no es privativo del gobierno congoleño, sino que es está extendida en otros actores estatales africanos.

Por eso, cuando se habló en el ámbito de la última Cumbre de la Unión Africana, sobre los problemas que aquejan a los Estados miembros, desde la seguridad, el terrorismo, la salud, la educación, el medio ambiente y los ecosistemas, y el desarrollo económico sustentable, nada mejor que la frase, tomar las partes por el todo, pues todo esta interrelacionado, y si la corrupción, la ausencia o ineficiencia estatal, el atropello a los DD.HH. y la hipocresía institucionalizada de organismos internacionales, se mantiene, África seguirá inmersa en la pobreza, en la miseria, en el atraso, y como ejemplo de esa interconexión entre las problemáticas señaladas, el grupo terrorista islamista radical Boko Haram, en Nigeria, se beneficia económicamente para financiar su yihad, con la explotación y comercio ilegal de la madera, o el caso del grupo insurgente Movimiento de Fuerzas Democráticas Casamance, que opera en Senegal, que también se beneficia de este negocio ilícito, sin olvidar los grupos armados y mercenarios involucrados en el tráfico ilícito de los llamados Damiantes de Sangre.

Para ir finalizando mi columna de hoy, en la que he abordado un escenario que pocas veces está presente en los medios de comunicación o bastardeado en las agendas de los principales actores y organismos internacionales, me recuerda cuando en la universidad, en mi cátedra de Historia de las Relaciones Internacionales analizaba el Reparto de África, que se dio en el seno del Congreso de Berlín de 1885, con la participación de las potencias europeas y que encontró su fundamento y justificación de legitimidad, en los principios filosóficos y jurídicos de la Escuela Positivista, por lo tanto el panorama actual, al menos en el África Subsahariana, tiene una lectura gatopardista, es decir, hacer parecer que hay un cambio para que no cambie nada.

*Luis Fuensalida es especialista en asuntos internacionales. Fue Comisario Inspector y Jefe de Departamento Interpol de la Policía Federal Argentina.

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