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Primo Levi y su literatura

Primo Levi nació en Turín, en el hogar judío de Cesare Levi y Ester Levi el 31 de julio de 1919. Obtuvo, en 1941, la Licenciatura en Química en la Universidad de su ciudad natal, pero no es su actividad como químico lo que motiva esta nota, sino su obra literaria, en la que se dedicó a dar testimonio sobre la Shoa, en particular sus relatos de los diez meses que estuvo prisionero en el campo de concentración de Monowice (Monowitz), subalterno del de Auschwitz.

En 1943, junto con algunos compañeros salió a la campiña para unirse a la resistencia antifascista italiana. Sin experiencia en tales lides, fue arrestado el 13 de diciembre de 1943 por la milicia fascista y se identificó como judío, por lo que fue entregado al ejército de ocupación alemán, ya que de haberlo hecho como partisano lo habrían fusilado inmediatamente. El 21 de febrero de 1944 fue deportado y en marzo llegó a Monowice (Monowitz), uno de los campos de concentración que formaban el complejo de Auschwitz, situado en la Polonia ocupada, donde pasó diez meses antes de que el lager fuera liberado por el Ejército Rojo. De los 650 judíos italianos de “la remesa”, fue uno de los veinte que sobrevivió al exterminio.

Regresado a Italia, a su tarea profesional como químico industrial en la empresa turinesa SIVA, sumó su actividad literaria y comenzó a escribir sobre sus experiencias en el campo. Cons su novela “Si ahora no, ¿cuándo?”, que cuenta la historia de una banda de partisanos judíos durante la Segunda Guerra Mundial, que erraron por Rusia y Polonia; ganó los premios Viareggio y Campiello, y lo hizo internacionalmente conocido.

Pero la cumbre de su obra es la excepcional trilogía sobre su experiencia en los campos de concentración: “Si esto es un hombre”, “La tregua” y “Los hundidos y los salvados”.

“Si esto es un hombre” relata sus días en Auschwitz, en un libro honesto y conmovedor, sin adjetivos ni golpes bajos, en el que cuenta detalladamente la vida y las sensaciones en el campo. El estilo del libro es y llano. No hay énfasis, subrayados ni adjetivación; pues el horror no los requiere para narrar lo que vivió. No hay odio en Levi, solo un gran interés por contar lo sucedido, transmitirlo; sin juzgar pero sin dejar de establecer claramente quien era cada cual: la víctima y el victimario.

El libro comienza con un poema.
(…) Considerad si es un hombre
Quien trabaja en el fango
Quien no conoce la paz
Quien lucha por la mitad de un pan
Quien muere por un sí o un no.
Considerad si es una mujer
Quien no tiene cabellos ni nombre
Ni fuerzas para recordarlo
Vacía la mirada y frío el regazo
Como una rama invernal
Pensad que esto ha sucedido (…)

También contó, en “La Tregua”, como nadie podría hacerlo, el comienzo del final del holocausto: “La primera patrulla rusa avistó el campo hacia el mediodía del 27 de enero de 1945. Charles y yo fuimos los primeros en avistarla, estábamos llevando a la fosa común el cadáver de Sómogyi, el primer muerto de nuestros compañeros de habitación. Volcamos la camilla sobre la nieve sucia, porque la fosa estaba llena ya y no había otra sepultura. Charles –prosigue su relato en La tregua– “se quitó el gorro, saludando a los vivos y los muertos”.

Comenzaba el final de los padecimientos en los campos de concentración y exterminio de los nazis con el terrible saldo de seis millones de judíos muertos. El más importante de sus últimos trabajos fue el que completó la trilogía sobre la Shoa “Los hundidos y los salvados”, un análisis del Holocausto en el que Levi explicó que, aunque no odiaba al pueblo alemán por lo que había pasado, no lo había perdonado.

Murió, el 11 de abril de 1987; al caer por el hueco de las escaleras de su edificio, desde el tercer piso en que vivía. Algunos sostienen que fue un suicidio, pero no dejó una nota aclarando que se quitaba la vida, mientras que otros sostienen que fue un accidente pues no era un método lógico para ser elegido por alguien que poseía una amplia formación en química. Sus amigos cercanos, los que hablaban habitualmente con él, no previeron en ningún momento tal desenlace; por lo cual todavía se desconoce si fue realmente un suicidio.

La inscripción que eligió para su lápida fue: 1919-1987. Primo Levi. 174517. El número tatuado en su antebrazo izquierdo

Reproducción autorizada por Radio Jai citando la fuente.

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