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Los compañeros del profesor decapitado por un terrorista: “Ha dado argumentos a los islamistas”

“Terribles noticias”. Así concluye, a las 23.29 horas del viernes 16 de octubre, una semana de intercambio de correos electrónicos entre compañeros de la escuela secundaria Bois d’Aulne en Conflans Sainte Honorine, con el profesor de historia y geografía Samuel Paty como centro de conversación. El mismo que tras su muerte protagonizó un homenaje desgarrador y solemne en la Sorbona y que pronto tendrá una calle en París gozó en vida de un apoyo parcial, incierto, avergonzado.

El profesor Samuel Paty fue decapitado a las cinco de la tarde de ese viernes, cerca de la escuela, por el terrorista islamista checheno Abdoullakh Anzorov, de 18 años, tras una campaña de odio que, según se desprende de los correos electrónicos, había dejado al profesor primero asombrado, después mortificado y finalmente preocupado.

Paty tenía miedo, y en las palabras intercambiadas con sus compañeros -dos de los cuales lo atacan abiertamente- está escrito el dramático debate que vive Francia estos días sobre la defensa del laicismo y el riesgo de una sumisión más o menos consciente a la soberbia del islamismo radical.

El martes 6 de octubre, Samuel Paty imparte una clase de “educación moral y cívica” sobre la libertad de expresión y muestra dos caricaturas de Mahoma en el aula. Atento, como siempre, a las distintas sensibilidades de los alumnos, deja un tiempo para salir a quienes prefieren no ver las ilustraciones.

La campaña de odio comienza de inmediato.

El jueves 8 de octubre revela Le Monde, la directora, F. (elegida por los profesores cada año, según la costumbre francesa), escribe a Paty: “La situación se ha acelerado y ha empeorado a lo largo del día de hoy. Una persona ha amenazado con llevar a musulmanes a la escuela y llamar a la prensa”.

“No apoyo a nuestro compañero”

Mientras tanto, el Ministerio envía un inspector y se organizan reuniones con los padres para dar explicaciones. Samuel Paty responde: “Señora F., tal vez me falten algunos elementos. (…) ¡Lo absurdo de la situación toca lo cómico!”. Luego lamenta la dimensión que han tomado los hechos: “Es realmente descorazonador sobre todo porque la protesta proviene de una familia cuya hija no asistió a mi clase y a la que no conozco… Todo esto se está convirtiendo en un bulo muy dañino… ¡No hubo ninguna reacción negativa cuando di mi clase!”.

Pero fuera de la escuela continúan las protestas, el islamista Brahim Chnina, padre de esa alumna, llama a hacer pagar al profesor en Facebokk, con nombre y apellidos.

El tono de los correos electrónicos de Paty vira de la incredulidad al dolor. “El año que viene me centraré en la libre circulación o, tal vez en la censura de Internet en China”. Y después: “No volveré a hablar de estas cosas”. Samuel Paty no es un provocador, ni un líder en la defensa del laicismo amenazado: sólo ha dado una clase prevista en el programa de su asignatura al hablar de valores en los que ciertamente cree, claro, los de la República.

La directora lo defiende en los emails que ahora han visto la luz: “El señor Paty reconoció que había sido torpe pero no quería discriminar a nadie. Ha tenido una semana difícil y es importante que pueda contar con cada uno de nosotros”.

Durante el fin de semana, algunos padres escriben a Paty para expresarle su solidaridad, pero dos colegas se disocian. “No apoyo a nuestro compañero y quiero decirlo”, escribe un profesor con solera, “me niego a ser cómplice del silencio de una situación que altera el vínculo de confianza con las familias y pone en peligro a toda la comunidad escolar”. Otro maestro es aún más duro: “Nuestro compañero ha dado argumentos a los islamistas y ha trabajado contra el laicismo dándole una apariencia de intolerancia”.

Por DF/RJ
Con información de El Mundo.

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